La palabra


Desnudar la palabra escondida. Exprimirla.
Habitarla con devota convicción inmaterial
crujiente
maldecirla entre pensamientos flotantes,
beberla
consumirla alucinando cada respiro. Retenerla.
Caminarla con pies firmes y senderos lúcidos
magnolientes
retocerla con las sílabas más atrevidas,
caparla
beberla a sorbos atragantados.

Atacar la palabra difundida. Abandonarla.
Dejarla madurar con el viento
y
en el momento preciso de la flama
atragantarla con diamantes de sal
con misterio difundirla
suspirarla
esnifarla
complicarla
digerirla, magra, contenida.

Y entonces
liberarla.

Veneno


El veneno
del escorpión el veneno
veneno del escorpión
del escorpión el veneno

penetra
conjunta   amamanta
el veneno
del escorpión el veneno es

ataranta
mata    resquebraja
el veneno
induce convence
del escorpión el veneno

enferma   purifica
lo venero
añoro la dosis
del escorpión el veneno

Ven heno grácil, ven,
diáfano
veneno
del escorpión el veneno.


Escorpioneidad.


Abro los ojos
los recuerdos se difuminan,
álgido sentimiento,
caoba verde
hermosa imagen tu rostro entumecido
y los huecos brillando bajo la alcoba;

dos perdigones, de ojos materia nacida,
materia, color de un café interminable
dos perdigones
perdigones dos de los ojos naciendo,
materia
materia nacida para mis ojos.

Y el aroma de la pureza abraza la melancolía
y el aroma de la virtud abraza los ayeres inmaculados;
nada queda en el centro de la intención,
corporativa podrida
corporativa
sujetando la materia herida. La herida no sangra.
Sangran los canales de la avaricia.

¿Quién lo justifica?
¿El hambre lo realiza?
Las cuevas piden serpientes
y las serpientes cuevas habitan.

No más féminas sin condiciones.
No más marzos con lunas.
No más corporativa prostituta.
Solo escorpiones zurdos habitan
viven
conviven zurdos en su escorpioneidad,
deidad se vierten, se magnifican. Ella es.

Universo revive - renace
antaño colores irreales
antaño vida sublime
antaño
antaño
antaño.

Vida sostenida en antaños inmortales.
Historia.
Vida.
Antaño es ahora y ahora es vida.
Vida hecha para una larga
inmanente
completa
absoluta
entrega a la escorpioneidad.

Vida continúa.

Una noche para recordar.

Estábamos los tres en la habitación; ya eran pasadas las nueve de la noche y comenzaba a llover fuertecito. Cuando recién nos habíamos encontrado minutos antes en la librería, pensamos que la noche y sus secretos serían la compañía adecuada para el encuentro, incluso sabíamos que la complejidad de nuestras pesadumbres ni siquiera asomaría la cabeza para retumbarnos en los oídos lo que llevamos en los hombros.

Así que el primer acomplejado insistió en abrir la cabeza a los juegos de rol. Cada uno de los tres debía de elegir un personaje memorable, sin límites, de cualquier producción y que tuviera unas líneas de diálogo para expresarlas con la voz chillona de un personaje conocido por dos de los tres. Lo cual es en apariencia una desventaja para el tercero, quien al no conocerlo, debía esforzarse más en imaginar la escena; sin embargo logró hacerlo medianamente bien.

No había música en la habitación, solo humo de cigarro, una tetera en proceso de ebullición y un gato con pereza y gordo que rondaba de un sitio a otro. El tercer acomplejado tuvo hambre y sacó pasta del refrigerador, pero solo el primer acomplejado quiso uno poco.

Bastante claro queda que el segundo acomplejado era yo; trataré de abreviar un poco lo de los complejos, porque siempre es bien visto que se otorgue un poco de contexto para no quedar tan lejos de la diversión a la hora de imaginar los momentos, las escenas.

Todo comenzó hace unos años cuando viajando en el auto del tercer acomplejado, comenzó a sonar la canción Dangerous del grupo Roxette; es una canción de rock pop de finales de la década de los ochentas del siglo pasado. Así que no perdimos oportunidad para ensalzar el momento y dejar claramente expresado que considerábamos con justa razón, como un chico pop a nuestro amigo, el tercer acomplejado.

Nuestro amigo no estuvo del todo de acuerdo y comenzó a argumentar que en la radio todo puede pasar, incluso en los momentos más extraños e inesperados; después intentó desviar la atención hacia la progresión de la humanidad durante su paso en el planeta, hecho mediante el cual los humanos cada vez tenemos mayor capacidad de goce e interpretación de todas las ramas del arte. Incluso rozó por momentos, la famosa máxima de que hasta el silencio es musical.

La discusión siguió un buen rato en el auto. Cuando descendimos al llegar a nuestro destino, el primer acomplejado le dijo al tercero:

- Pues no sé lo que diga el segundo, pero yo digo que tu estás acomplejado.

El resultado, fue que el que hoy llamamos tercer acomplejado, alguna vez en realidad fue el primero.

El primer acomplejado de nuestra historia fue el segundo, dando continuidad al criterio. Sucedió días después del incidente de la canción, estábamos degustando goma de mascar en el parque cuando un perrito que había salido a jugar, iba correteando a una rata, la cual pasó despavorida junto a nuestros pies. El primer acomplejado pegó un grito más feo que Doña Francisca y de inmediato comenzó a sudar y sudar a chorros.

Pasados unos segundos, se levantó y nos dijo que camináramos, que por favor no siguiéramos allí. Obvio, nosotros argumentamos estar muy contentos y conformes con el sitio, que incluso lo estábamos disfrutando y que no nos moveríamos a menos que hubiera algo que nos aumentará la sed de partir. El primer acomplejado nos miró aun con el rostro desencajado y se nos quedó mirando, sobrio, inmutable al principio, después más descompuesto y justo cuando creímos que estaba a punto de romper el llanto, el tercer acomplejado se levantó y le tendió un abrazo exclamando:

- Pero tío, ¡si tu eres un acomplejado más cabrón!

Y así el segundo acomplejado surgió de las entrañas de la nada.

Mi inclusión propia en el selecto trío, fue dada por circunstancias de inercia. En realidad es difícil encontrar a una persona no acomplejada, unos pueden vivir por encima de sus complejos, otros viven a expensas de ellos o de plano, mueren a causa de. Simple. No había mucho que descubrir.

Así que estuvimos charlando y seguimos jugando esa torpe dinámica entre los tres hasta que el día siguiente comenzó, es decir, a la media noche. Nos dirigimos al auto del tercer acomplejado, ya que él nos llevaría a feliz destino. Es común entre nosotros bromear, creo que está claro el hecho después de todo lo que he descrito, así que incluso mirar a escondidas los gestos de los otros dos acomplejados, me dejaba en estado hilarante. Y esto no era por cuestión de los rostros en sí, más bien esto se originaba en que ellos pensaban que yo estaba maquinando una forma de molestarlos y se ponían a la defensiva de manera cómica.

El primer acomplejado intentó establecer frente común con el segundo, incitándolo a notar la forma en que me conducía con afán de, según, burlarme de ellos. Nada más lejos de la realidad, sin embargo, tanto el primero como el tercer acomplejado fingieron entender con claridad la forma en que los tomaba, en un segundo a uno, lo trolleaba y seguía con el otro. Estaban más infartados por su incapacidad de defensa que otra cosa, incluso hubo un momento en que el primero acomplejado casi suplicó al tercero en que le atendiera. Pero el tercer acomplejado se mantuvo a raya, entendiendo un poco más la burda situación en la que estábamos en ese instante y como el primer acomplejado intentaba de cualquier forma, romper el trolleo a su existencia, casi con tanto ahínco como el que utiliza para dar pasos por la vida. Lamentable, pero no logró su cometido.

Así que la convivencia terminó cuando casi llegando a mi destino, el tercer acomplejado tuvo hambre y quiso comer una hamburguesa y yo, obvio, les dije que podrían ir a comer hamburguesas tanto como quisieran después de que yo bajara del auto.

Y así fue como me despedí de mis dos más grandes acomplejados amigos en una noche que será memorable, no tanto por los hechos vividos, si no por la manera en que a veces los humanos logran convertir una noche común en algo legendario

Apología de un sueño

Fue en un sueño. Una mujer con ojos de flor abierta caminaba en sentido contrario por la derecha, se aproximaba flotando lenta entre la multitud y sus cabellos subían y bajaban, acompasados al taconeo, enroscándose, con inercia y estilo.
Un edificio se abría, engreído, creyéndose irresistible en metros a la redonda. Una ventana golpeo con suavidad la cresta y miró de reojo al escote. Un niño pasó a su lado y tropezó, perdiendo hasta el helado. Varios hombres de corbata rieron y suspiraron ante su paso.
Ninguno jamás aspiraría siquiera a mirarle a los ojos.
Ninguno jamás se ilusionó siquiera en pensar en ella más allá del momento, no tenia sentido, no tenía razón.

Los autos disminuían la velocidad con exagerada notoriedad al entrar en su perímetro. Los perros de la calle olvidaron el hambre y juguetearon inspirados a su alrededor. Las mujeres cercanas suspiraron y decidieron agachar disimuladas cada mirada, no en el sentido de sumisión, si en el de resignación. Hay contrincantes que simplemente es imposible vencer en ciertos ámbitos y hay que tragar en seco ante ello.

Fue en un sueño. Una mujer esbelta, larguirucha, de amplia sonrisa, ojos estrella, de diosa las manos, flotando sobre la acera, partiendo el planeta, oscureciendo a la misma luz. Dentro del sueño, los árboles cobraron movimiento a voluntad y el viento tomó consciencia de sí mismo. El conjunto de vida celebró la pasarela y solo el cemento fue incapaz de percibirlo. Mis ojos explotaron dentro de aquella ilusión.

La tarde avanzó y el cielo liberó lluvia. Corrí desconcertado; el nivel de encharcamiento crecía a ritmo constante y las calles solo atinaron a deprimirse; los autos lloraban, los semáforos enloquecieron, los autobuses en huelga y la lluvia reina a sí misma se proclamó.

Mucho ruido explotó en el aire. El ruido rompió el sueño. El sueño rompió la fantasía. La fantasía rompió el hastío. El hastío rompió la rutina. La rutina rompió la vida. La vida rompió al silencio. El silencio rompió el lenguaje. El lenguaje rompió la oscuridad y la oscuridad absorbió toda la luz.

Entonces la oscuridad depositó la luz en la mano izquierda de ella. Toda. Y ahora ella brilla toda.

Un sueño hecho mujer hecho escorpión hecho alma hecho luz.

Ecosistema


En los brazos de un sueño. Abrir los ojos, recobrar un poco de lucidez y comprender que se está dormitando en los brazos de un sueño, una imagen subversiva que envuelve y descompone los arterias ilusorias de la existencia. Un artilugio de control mental interno, casi imperceptible, casi inmanejable, casi autodestructivo.

En los brazos de un escorpión zurdo. La excelsa suavidad de su epidermis es fuera de este mundo y sólo puede inferirse a través de un roce, a través de su intencional sensualidad escondida con cerrojo, detrás de la silueta deslumbrante, de la pureza en la mirada.

Abrir los ojos y encontrarse con un sueño hecho mundo; abrir los cielos con un grito inhumano para describir al corazón bombeando a una velocidad que incinera las venas. Venas siendo raudales sanguíneos y carbón de locomotora, ardiente: lava hecha del deseo intemporal, de la añoranza purificadora y liberal por donde arrasa.

Un sueño hecho mundo en la baja guardia. Desnudo en el alfeizar de la fumarola, sentir la elevación sutil desde el fondo de la existencia. Amotinar los atardeceres y conjurar los advenimientos con albricias. Momificar los sinsabores.
Anidar con soltura célula con célula, molécula con molécula. Integrar los vacíos mutuos. Rellenarlos con más vacío y sublimar la fuga.

Hibernar en brazos de ensueño.

Y después, sin más, caer fulminado en su ecosistema.

A M.N.M.R

El mundo en llamas.

Fascinación por el caos.
Fumigar al caos con caos
contrarrestarlo a sí mismo con él mismo
caos en gruesas gotas
aguijón desenvainado, frágil caos.

Admirar al escorpión zurdo,
adorarlo,
atarlo a la nuca, a la frente
con el caos, en el centro de la revuelta,
caos e izquierda,
escorpión y caos,
caos caos caótica ilusión
caótico caos en su cabello,
lío, desorden, perturbación.

Amar al zurdo escorpión
tragarlo a fuertes mordiscos,
desmoronar el caos con la mandíbula,
oscuridad del caos
caos y oscuridad en la mandíbula
amarlo y oscurecerlo,
en la mandíbula el caos
en el abrir y cerrar, el caos,
caótico caos
en las muelas, en la garganta,
el caos se adhiere
crece
crece con caos el caos.

Amar la luz en forma de caos
amarla
caos de luz
luz de ojos interminables,
piel morena de caos
caos en los sentidos
caos caos, caótico caos,
amar al escorpión zurdo con
las del mundo las llamas, el caos.


About today


Líricas precisas. Transpiran nostalgia, escurren melancolía, les florecen patadas en donde más duele. Ese momento exacto en el que cae el veinte, en que uno procesa que el punto de no retorno se dejó atrás y ni nos percatamos de qué forma sucedió, en qué nos equivocamos, cómo dejamos de interesarnos, cómo se derrumbo frente a nuestra mirada... ese segundo, ese click en que las risas se quedaron atrás, en que la pared nos enfrenta a la espada y el corazón se parte en pedacitos. A lamer las heridas comienza uno.


"About Today"

Today you were far away
and I didn't ask you why
What could I say
I was far away
You just walked away
and I just watched you
What could I say

How close am I to losing you

Tonight you just close your eyes
and I just watch you
slip away

How close am I to losing you

Hey, are you awake
Yeah I'm right here
Well can I ask you about today

How close am I to losing you
How close am I to losing





Interpretaciones.

La caminata bajo la lluvia resulta en más ocasiones benéfica que lo contrario; es cosa de aceptación o adaptación. La constante interpretación de situaciones inherentes al azar de la existencia.

Una tarde encontré un escorpión zurdo bajo la almohada y lo abracé insistentemente. Era emblemático, coraza pura, difícil de zarandear, pero en lo absoluto indiferente. Reaccionó lento, con una intensa lucidez y una tenaz pureza. Esa tarde conocí de golpe a la belleza. Y me sentí bello a la vez, lúcido. Y viví la ablución, lejos de mí hacía tiempo atrás. Y la apreté con fuerza insospechada, firme.

Así que entre todos los misterios de una reacción inexperta, decidí dejar que el vendaval recabara todas las señales. Conté hasta cientos de miles de números inconscientemente, escuché a los dioses de la música cercenando la retrospectiva con insistencia. Amé con inusual pasión y soñé mucho alrededor del fuego eterno de la pasión carnal. Asumí con inocencia que el vacío era transitorio, que la matriz al final del juego sería limpia y descolorida. Asumí enseñanzas que antes parecieron inocuas, simples tropiezos necesarios; limpie la mirada que obnubilada se encontró desde el precipicio y sin pensarlo me arrojé. Y no sentí el choque ni el vértigo indirecto.

Cuando las flamas de la nueva compañía sucumbieron ante lo inmediato, corroboré con asombro la forma de las mil y un cabezas que me rodeaba. Lamí cada segmento de la sorpresa con frugalidad. Toque cada detalle con putrefacta lengua, degusté cada milímetro de los rostros inciertos y no sentí temor alguno, dolor o pena directa. Solo viento y lluvia y luz alrededor del momento insospechado hubo.

Los círculos fueron resaltando a la vista, uno a uno, cada fractal de emociones que con ahínco había velado. Sumiso reconstruí la existencia a partir de pedacitos y limpias fugas de emociones antaño ocultas. El subconsciente recobró su porte. Y los cuerpos inexistentes al espacio tiempo coincidieron con la fundición de gotas enormes de agobio y restaurada confianza.

Con firmeza tomé el escorpión por la cola. Dejé que lanzara repetidos embates de furia sobre la palma de mi mano e impedí que huyera. Lo percibí agotarse. Su enojo salvaje corrompió su tenacidad y la volvió más arrojada. Continúe incitando las picaduras; continúe mirando por la ventana al piso que ansiaba ver estrellada sobre él a mi cabeza. Suspiré y grité con frustración por lo torcido de cada pensamiento que se acumulaba. Resistí tambaleante, al final, la embestida.

Cuando de pronto la luz del alba vióse completamente desnuda sobre el lecho en que retorcía las incitaciones, cavilé acerca de una plausible explicación.

Solté al zurdo escorpión sobre la ventana; impaciente por el vacío, lanzó sus pisadas locas sobre el alfeizar para luego dar el salto. Pareció volar durante instantes eternos, disfrutando el choque inminente, la feliz y descolorida caída sobre la faz de algo que no era concreto, si no un sueño revuelto donde cada uno, mirando su propia existencia torcida, bizarra, triangulada de manera ecléctica, a su modo disfrutaba. Donde cada mirada del sol cubría la paz del baño de luna y donde a pesar de todos los esfuerzos, la hamartia fincara con ingrata potencia las condiciones a seguir por un buen rato siguiente.

Por fortuna, cavilé, aun persiste la música a mi lado. ¡Al diablo con los sueños!

Así las cosas, desperté.

Florecer

Fractales
aislados
enigma impenetrable.

Reúno cada centímetro puntual,
cada lunar, cada marca
                                   señal
                         rúbrica
                signo
indicación
embelesado digiero las foscas notas,
suavizo los axiomas brutos,
los puntos con luz comprendo.

Así entonces el escorpión resalta y se erige;
así entonces se condensa la primicia precisa
                                                          y ronda
                                              y llueve
                               y sopla
dentro de las cenizas,
cenizas que fui y franca fortaleza instauran,
cenizas de un soterrado crepúsculo
fuente ígnea del amanecer presente.

Señales en patrones alados,
aciagos mensajes,
diafragmas particulares
inscritos con simplicidad compleja
y violenta calma.

Alma extasiada en el espejo de ella,
                                            la recién nombrada.

Atónita alma súbita emoción,
                                            zurda belleza
                                            irrevocable,
condición y paradigma
signos letales, contundentes.

Florecimiento denso, interminable.

Florecimiento soy.

Dama Petricor

Su aroma a petricor repentino, suficiente para llenar la estancia, recorre pleno todo el aparato respiratorio, descargando uno a uno los sentidos, purificándolos, mitificándolos. Cada célula en mí ruge, se enerva endemoniada, trasciende.

Más que palabras por decir, todo se resume a la necesidad desbordante de su presencia, de su aroma petricor, de su existencia petricor, de solvencia petricor.

Inmanente al delirio, la curiosa expansión de mutuos pensamientos de uno hacia el otro y viceversa, fue insólita, unánime, indeterminada. Un segundo antes no existían, al siguiente ¡Chaz! Allí estaban, incipientes, incisivos, inevitables. La cordura comenzaba a distinguir su paso entre cientos de locuras posibles, calabozos interminables de paraíso y por ende, de trágico desenlace.

Inmanente a la quimera del mundo feliz huxleyano, fractal de sinrazón, la memoria no registraba antecedente alguno, corría y se dejaba extasiar más allá de lo que ambos queríamos. Pretensión acaso de saber qué quería ella, mas yo presagiaba sus emociones etéreas, aspiraba su recuerdo petricor y exhalaba frases poetizadas en pro de mi estabilidad mental.

Sin control de los latidos, sin miramientos precautorios en pro de la salvaguarda nerviosa, estructural de la cordura, sentí un mazo de temor a nuestras espaldas; todo esto puede llegar a asustar, ¡y cómo no! Imaginé en muchas ocasiones que la celda más fría estaba entre la gente, rodeado de múltiples personalidades que solo pululaban en una utopía que servía de paso entre este mundo y el siguiente. Pero ahora, no podía evitarlo. Nos miramos y fue una inquebrantable mutación entre dimensiones más fuertes que cada uno.

Veo la imaginaria carretera. Se va creando a pasos lentos el camino sólido hacia la última parte del viaje; ya se van haciendo los faroles fuertes, los caminos rotundos. Y la lluvia aumentará con sigilo la existencia inmaterial de ella, la Dama Petricor.

Historia de una revelación


Despierto con la realidad disminuida. A veces un sueño puede dislocar en extremo la identidad con que uno vive adaptado a la sumisión material; brinco nuevamente de la cama. Está fresca la mañana.

La rutina se hace cargo. Una ducha caliente, ropa limpia, desodorante en gel. Un cigarrillo, café y huevos para un desayuno ligero, acompañado de twitter y algunas notas sueltas en la aplicación del diario. No miro T.V., ni escucho la radio. Sonámbulo en más del 60% de mi atención, dejo que el piloto automático haga la mayoría de las actividades.

Me dispongo a salir, tomo las llaves. Doy el cabalístico beso a mi muñeca derecha y alzo la vista hacia la ventana mientras murmuro por lo bajo "Es hora. Come on baby, light my fire" mientras me calzó la chamarra.

No es un secreto que mi adoración hacia la música de "The Doors" ha sido crucial en mi vida. Recitar versos de sus canciones se convirtió en una práctica completa en todos mis momentos del día; a veces menciono "You're lost little girl" o "Let's swim out to the moon" cuando me encomiendan tareas que no deseo en la oficina o cuando miro la figura linda de alguna chica en el transporte público o por la calle. Tengo recuerdos maravillosos de cuando expreso solemnemente hacia mis adentros "Five to one, baby, one in five". Ésta en especial es increíble, siempre me llega como sugerida desde el averno por Jim ante una inevitable situación de afrenta, incluso física en ocasiones. Llega, la pienso, la exclamo por lo bajito para limpiar mis pensamientos, la repito, tres, siete veces... y ¡zas! a darle a la que viene. Claro, no siempre resulta en una victoria o resultado favorable, pero siempre me permite intentarlo.

Así que la rutina también lleva impresas las frases más constantes en mi cabeza; se desdoblan ligeramente sobre la frente y saltan, congénitas a las ideas, en los reflejos ante las circunstancias. Son credos personales, íntimos y me imprimen la soltura necesaria para permitirme confiar plenamente en el piloto automático.

Bajo las escaleras y me enfilo a la calles. Pongo audífonos en los oídos y veo las nubes blanco grises luchando entre ellas, buscando como abarcar mayor cantidad de cielo para que el sol quede bloqueado por completo. Hago una mueca y pienso en lo magnífico de permitirme jugar con la lluvia más tarde, saliendo de los compromisos en el empleo. De verdad me siento emocionado ante la posibilidad.

Y allí lo veo. Alegre me hace señas, saluda con brío y una amplia sonrisa cruzando por completo su rostro enjuto y con arrugas; devuelvo la onda con la mano extendida y observo la sonrisa noble, aplacada, retenida. Sincera. Una sonrisa tan carismática que me desnuda; es tan frágil mi condición que retiro la mirada pronto y siento un cosquilleo en la nuca. Ese cosquilleo tan emulador de situaciones, de sentimientos, de cosas. Cierro un segundo los ojos y recibo "I can't make it anymore, the man is at the door". Suspiro y rasco en la nuca con un tenue frenesí.

Él vive frente a mi departamento. No sé como llegó a convertirse o a adoptar el oficio; lo recuerdo hace unos años, se asomaba al balcón a fumar un cigarrillo, como meditando. A veces llegábamos a cruzar la mirada, hacíamos un guiño imperceptible pero casi telepático; nos transmitíamos uno al otro la camaradería intrínseca con la mirada, no necesitábamos expresarlo de otra forma. Ambos lo sabíamos y lo sentíamos. O al menos, yo imaginaba eso y a su vez, eso me hacía sentir cierta calma, cierta paz de saber que tenía un buen vecino.

Dejé por muchos años el departamento, por obvias razones. Vivía con mi chica y me había mudado. Cuando por cosas que no vienen al caso, mi relación terminó, volví y encontré al buen vecino dedicado al oficio de barrer la calle de la colonia y recibir los desperdicios ordenados todos los días. Un día orgánicos, al siguiente los inorgánicos. Debo aceptar que tuve sentimientos encontrados; no sabía si sentir lástima o conmiseración. Después tuve otros pensamientos más oscuros y luego otros más claros. Pero no dejaba de tenerlos, de pensar en qué podría haber pasado, sentía una curiosidad que no me gustaba sentir.

Un día tenía una bolsa de basura llena y mi madre estaba de viaje, así que no había de otra, tenía que despacharla yo. Baje y me acerqué a su carrito, con pena, debo aceptarlo. No sabía como afrontar el momento, así que mientras recibía y repetía con insistencia "Not to touch te earth, not to see the sun", me acerqué y le dí los buenos días.

- ¡Pero chavo, hoy son solo desperdicios de comida! - Respondió el señor con una mueca de sorpresa y cierta bondad no disimulada en su sonrisa.
- ¡Oh! Lo siento, no sabía. - Me apresuré a responder. Sonreí de nuevo y me dí media vuelta, en cierto grado avergonzado, pero agradeciendo con un saludo de afecto su atención.

Al día siguiente, mientras mi cabeza recitaba "At first flash of Eden, we race down to the sea" me encaminé tranquilo, sonriente. Entregué mi bolsa, pero no fue el señor quien me la recibió, si no un muchacho que asumí sería su ayudante o algo así. Le di una moneda y me encaminé a seguir mi trayecto.

Cuando estaba a punto de doblar la esquina, me crucé con mi vecino. Me sonrió amable dándome los buenos días. Y fue en ese momento, mágico instante, que mi cabeza hizo un crac, retrocedió y reajustó los mecanismos en que se formaban los prejuicios antes.

Fue una revelación. Siempre estuvo allí, un buen vecino, mejor persona. Un ser lleno de paz, de una luz pura que reparte a quienes deseen tomarla. Disfrazado, convencido de su dignidad y su alto honor, afrontando las circunstancias con valentía y fuerza, con serenidad. Sonriente, gustoso. Un ejemplo pleno de grandeza y aspiración.

Así que lo veo y rasco mi cabeza. Su presencia me sacude y hace que el pensamiento se aclare. Una inyección de lucidez y energía, inmediata, sólida. Comienzo a soltarme reprimendas por la ineptitud con que estaba iniciando el día. La revelación llega con mucha fuerza a mis adentros. No se termina de crecer ni de avanzar.

Reflexiono; sonriendo alzo la mirada y doy gracias al universo por permitirme aprender de cada pequeña situación mientras en mi cabeza resuena "I'm a changeling, see me change".


Lactescencia

A M.N.M.R.
Florece un colosal destello 
al friccionarse las miradas
                                      suya - mía
ciegas se complacen
               cómplices se complementan

Ceguera completa
lactescencia.

El barco ebrio

Mientras descendía por Ríos impasibles,
sentí que los remolcadores dejaban de guiarme:
Los Pieles Rojas gritones los tomaron por blancos,
clavándolos desnudos en postes de colores.

No me importaba el cargamento,
fuera trigo flamenco o algodón inglés.
Cuando terminó el lío de los remolcadores,
los Ríos me dejaron descender donde quisiera.

En los furiosos chapoteos de las mareas,
yo, el otro invierno, más sordo que los cerebros de los niños,
¡corrí! y las Penínsulas desamarradas
jamás han tolerado juicio más triunfal.

La tempestad bendijo mis desvelos marítimos,
más liviano que un corcho dancé sobre las olas
llamadas eternas arrolladoras de víctimas,
¡diez noches, sin extrañar el ojo idiota de los faros!

Más dulce que a los niños las manzanas ácidas,
el agua verde penetró mi casco de abeto
y las manchas de vinos azules y de vómitos
me lavó, dispersando mi timón y mi ancla.

Y desde entonces, me bañé en el poema
de la mar, lleno de estrellas, y latescente,
devorando los azules verdosos; donde, flotando
pálido y satisfecho, un ahogado pensativo desciende;

¡donde, tiñendo de un golpe las azulidades, delirios
y ritmos lentos bajo los destellos del día,
más fuertes que el alcohol, más amplios que nuestras liras,
fermentaban las amargas rojeces del amor!

Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas
y de las resacas y de las corrientes:
¡yo sé de la tarde, del alba exaltada como un pueblo de palomas,
y he visto alguna vez, eso que el hombre ha creído ver!

¡Yo he visto el sol caído, manchado de místicos horrores.
iluminando los largos flecos violetas,
parecidas a los actores de dramas muy antiguos
las olas meciendo a lo lejos sus temblores de moaré!

¡Yo soñé la noche verde de las nieves deslumbrantes,
besos que suben de los ojos de los mares con lentitud,
la circulación de las savias inauditas,
y el despertar amarillo y azul de los fósforos cantores!

¡Yo seguí, durante meses, imitando a los ganados
enloquecidos, las olas en el asalto de los arrecifes,
sin pensar que los pies luminosos de las Marías
pudiesen frenar el morro de los Océanos asmáticos!

¡Yo embestí, sabed, las increíbles Floridas
mezclando las flores de los ojos de las panteras con la piel
de los hombres! ¡Los arcos iris tendidos como riendas
bajo el horizonte de los mares, en los glaucos rebaños!

¡Yo he visto fermentar los enormes pantanos, trampas
en las que se pudre en los juncos todo un Leviatán;
los derrumbes de las aguas en medio de la calma,
y las lejanías abismales caer en cataratas!

¡Glaciares, soles de plata, olas perladas, cielos de brasas!
naufragios odiosos en el fondo de golfos oscuros
donde serpientes gigantes devoradas por alimañas
caen, de los árboles torcidos, con negros perfumes!

Yo hubiera querido enseñar a los niños esos dorados
de la ola azul, los peces de oro, los peces cantores.
Las espumas de las flores han bendecido mis vagabundeos
y vientos inefables me dieron sus alas por un momento.

A veces, mártir cansada de polos y de zonas,
la mar cuyo sollozo hizo mi balanceo más dulce
elevó hacia mí sus flores de sombra de ventosas amarillas
y yo permanecía, al igual que una mujer, de rodillas...

Casi isla, quitando de mis bordas las querellas
y los excrementos de los pájaros cantores de ojos rubios.
¡Y yo bogué, mientras atravesando mis frágiles cordajes
los ahogados descendían a dormir, reculando!

O yo, barco perdido bajo los cabellos de las algas,
arrojado por el huracán contra el éter sin pájaros,
yo, a quien los Monitores y los veleros del Hansa
no hubieran salvado la carcasa borracha de agua;

Libre, humeante, montado de brumas violetas,
yo, que agujereaba el cielo rojeante como una pared
que lleva, confitura exquisita para los buenos poetas,
líquenes de sol y flemas de azur;

Yo que corría, manchado de lúnulas eléctricas,
tabla loca, escoltada por hipocampos negros,
cuando los julios hacían caer a golpes de bastón
los cielos ultramarinos de las ardientes tolvas;

¡Yo que temblaba, sintiendo gemir a cincuenta leguas
el celo de los Behemots y los Maelstroms espesos,
eterno hilandero de las inmovilidades azules,
yo extraño la Europa de los viejos parapetos!

¡Yo he visto los archipiélagos siderales! y las islas
donde los cielos delirantes están abiertos al viajero:
¿Es en estas noches sin fondo en las que te duermes y te exilias,
millón de pájaros de oro, oh Vigor futuro?

¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras,
toda luna es atroz y todo sol amargo:
El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras.
¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar!

Si yo deseo un agua de Europa, es el charco
negro y frío donde, en el crepúsculo embalsamado
un niño en cuclillas colmado de tristezas, suelta
un barco frágil como una mariposa de mayo.

Yo no puedo más, bañado por vuestras languideces, oh olas,
arrancar su estela a los portadores de algodones,
ni atravesar el orgullo de las banderas y estandartes,
ni nadar bajo los ojos horribles de los pontones.


Arthur Rimbaud
Fuente*

***

El barco ebrio, una composición de Rimbaud que me acompañó durante muchos momentos de mi juventud primaria... Hoy se siente tan fresco, ligero, tan dentro. Sin duda, el climax perecedero es la estrofa que dice:

"¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras, 
toda luna es atroz y todo sol amargo:
El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras.
¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar!"


Poeta. Hermano en las estrellas. En alguna geometría nos abrazaremos nuevamente.

Inspiración en Ella

A M.N.M.R.

Miro de reojo su silueta. Es de Ella.
De Ella que obnubila al astro rey
que existe y vive y es.

Y es y vive y se reinventa estrella
en cavernas pulcras y grandiosas,
doblega narcisista los atardeceres
y es y crea el verano
y sonríe y otoño ya es.

Ella que somnolienta grita la mañana entera
y bufa y obnubila y vibra y baila y exclama
la gloria y la existencia puras
                                  Ataraxia de mi todo

Sueña y el universo se contrae infinito
Sueña Ella luz y la luz es solo luz en Ella
Abre sus párpados mariposa
y afloran perlas aceitunas
cosecha de milagros
alfeizar del alma.

Miro de reojo su silueta. Y es de Ella.
De Ella que aflora secretamente en doble virtud,
en llama doble de Paz originaria
y en doble llama consumada fervorosa.

Ella es. Es Ella.
La luz de Ella en el ciclo de luz se encierra
y se aproxima
dilatada
rebosante y temerosa
con sigilo
pleno
lento
puntual
a destruir por completo de mi pecho la coraza.

¿Y sí...?

¿Y si toda la música del mundo no fuera suficiente? ¿Y si aún con la energía completa desde el fondo del universo no desapareciera la fatiga?

Imaginen. Un simple roce acelera el ritmo bajo las circunstancias adecuadas. En los momentos precisos.

Es respuesta, reflejo del ego. Una representación mental que ocasiona colisión subconsciente de la química orgánica. Por ello no es exagerado describir como droga a una persona o a un elemento que desata miles de reacciones en el interior. Por ello no es descabellado encontrar tragedias como las descritas por Shakespeare o Moliere. Y tal vez por eso tampoco sea decir que el mundo gira, nada más... por esa misma razón.

Si por un momento desaparecieran en sincronía de todos los humanos los pensamientos, digamos, negativos, que pueden ir desde sentir celos, enojo, envidia, frustración y los miles de etcéteras posibles y en su sitio, solo por un minuto, solamente por 60 segundos, todos pensáramos en lo bello, en lo bien que estamos al tener vida, en lo agradecidos que debemos estar al final de todo... no importando las circunstancias, no importando las afrentas pasadas, ni las derrotas ni las consecuencias que estemos pagando o sufriendo... no dejando que nada tuviera más valor que mirar al frente y olvidar los pasos dados, solamente sonriendo y aceptando que así será en adelante... ¿qué pasaría?

¿Qué podría ocasionar una descarga de energía tan blanca en el mundo y en el universo? ¿Colapsaría el sistema solar, la galaxia? ¿Se acabaría el mundo? ¿Qué pasaría?

En una noche si hacemos el ejercicio que muchos han comprobado y sonríen y duermen con una sonrisa y piensa durante 30 segundos con esa sonrisa pintada en todo por lo que debemos agradecer a la vida y al universo, ¿qué pasaría en el día siguiente de todos? ¿qué colapso oscuro se destruiría?

¿Qué necesitamos para lograrlo?

¿Alguien...?

Ruptura.

Romper el destello de una mirada puede resultar complejo si no se tiene consciencia de ello. Es decir, ¿cuánto tiempo tardan en reponerse de un deslumbrante flashazo directo a los ojos y a quema ropa?

Hace algún tiempo conocí a una persona llena de flashes. Tenía rizos en la cabeza y una mirada brillante, ojos grandes, profundos, magnéticos. He olvidado su nombre, pero creo que eso es lo menos trascendente. La situación concreta para escribir sobre ella es que en un universo paralelo, pudo haber sido el amor de mi vida. No es broma, es algo perfectamente factible si no existieran tuercas torcidas o morbos o cadenas que en esta geometría lo impidieran de forma contundente.

Así que de esta forma deja de importar si su nombre hubiera sido Susana o Lucrecia. Todos los símbolos y vestigios de contacto se perdieron con la misma intensidad en que se presentaron. Como en un sueño claro y vigoroso, las imágenes se formaron con mucha transparencia e incluso hubo segundos en que todo parecía tan real como la vida despierta. Lo más complicado fue romper el destello de la mirada, el hechizo enigmático de sus ojos, de sus rizos largos, de su piel amarilla, de las arrugas alrededor de sus párpados. Romper el encanto. Romper el sueño, despertar, levantarse y mirar de nuevo con ojos ciegos y dentelladas canibalescas para sobrevivir.

Ahora floto en la realidad. Cuando se libera el cosmos de las ideas, no solo se desata la maldición de enfrentarse a uno mismo, si no que el vuelo es más delicado. Se necesita aletear menos para conseguir planear más largamente. Incluso el oxígeno es más denso, más puro. Tal vez se liberan también las fosas nasales.

Cuando pisé por última vez el jardín de las huertas secas, respiré también con pesadez un aire enrarecido. Tal vez eso logró que las reacciones químicas diesen en el clavo para corromper ese embelesamiento trágico.
Tal vez sólo es una ilusión y después de todo, nunca rompas con nada de ninguna forma. Una de las enseñanzas hermenéuticas y físico cuánticas es que en el lenguaje así como en la existencia de cada ser vivo, lo que se expresa, se hace o se vive, queda grabado para la eternidad en las coordenadas de espacio tiempo especificas... y generarán el impacto, consecuencia o trascendencia que corresponda, cambiando el rumbo de todos los implicados, ya sea directa o indirectamente. Un eterno choque azaroso de átomos y almas generando historia y acontecimientos.

Foucault por ejemplo, hablaba de la trascendencia lingüística en la obra de Blanchot. Como las palabras crean su propio universo, su propia realidad, más allá de nuestra limitada percepción como especie. Las palabras, las imágenes... la universalidad de los choques y el azar. Colisiones. Vida. Existencia.

Ruptura.

Sobre la tristeza infinita

La infinita tristeza. Una apología similar a la gripe, incurable, con periodos estables de muchas lunas donde no se asoma, pero allí está, permanece, detrás de la nuca, acechando, con el aguijón bien dentro, listo para jalar desde el fondo. Una granada lista.

La infinita tristeza y el estado somnoliento. Sin infinitos, como la muerte; como el sol o los astros. Condiciones intrínsecas a todos, sin importar la especie... incluso los árboles tienen estos atributos dentro, en su tronco, en cada rama que gotea rocío y cae durante el otoño. Espejos natos de vida.

La infinita tristeza y la tormenta  por las pasiones. Malos consejeros, los más terribles; amos de las ideas, de los pesares, de los desastres más espantosos que uno puede llegar a sufrir. Ha habido guerras entre naciones justo por no ser capaces de controlar nuestras pasiones. Nos estrangulan con indefinible frialdad, sin miramientos. Implacables. El aire se nos escapa de los pulmones y el corazón patalea desesperado y enloquecido, la sangre calienta el cuerpo con la fuerza y la fricción de la velocidad a la que corre. Las venas saltan y explotan en maldiciones y desastres impensables. La pasión.

La infinita tristeza y la intrínseca soledad. Almas gemelas. Siamesas características, rasgos de vida, imposibles de esquivar o eludir. Nos envuelven lentamente entre sus brazos fríos y contundentes, suaves, inevitables. De nada sirve gritar, huir, esconderse. Los alaridos son innecesarios. La resignación, la mejor vía de afronta. En su naturaleza inevitable, nos llena de un sudor suave, dulce, derrochado hacia nuestro interior, muy dentro, sudamos infinita tristeza e inagotable soledad.

Caminar

Caminar. Conocer el mecanismo mediante el que mueves un pie detrás del otro, sincronizas el ritmo, mueves el cuerpo sabiendo el destino, aunque no siempre es así. Una mecánica simple pero compleja en su más remota concepción. Los campos magnéticos describen la influencia y desgajan con fina claridad lo que más influye sin dejarse percibir. Así entonces, los pasos nacen.

Pero los pensamientos también aprendieron a caminar. La imaginación absorbe con delicadeza el ritmo y el orden de cada movimiento; contenemos en una mirada el germen que habrá de desplomar la obra, la idealizamos; con fuerza mental se desliza cada sendero fugaz que cruza de frente y se va desechando cada posibilidad débil, hasta que una con grandeza suficiente promulga el siguiente giro, el siguiente movimiento. Se logran enormes figuras en el espacio indefinido y logramos, en ocasiones, materializar alguna. Logramos y sentimos regocijo y vida y calor de quien cerca se halla.

Pero los traumas también aprendieron a caminar. La imaginación se oscurece y deja huellas indelebles, fortalezas donde se forman inmensos castillos de solemnidad y reserva. La oscuridad toma el control de los pasos, de los ríos donde las escamas y los llantos que rasparon el bienestar se guarecen aturdidos y de pánico inflexibles. Uno desea despertar cuando se llega a la cima pero se es incapaz. Es la llama insolente la que nos abraza, la que arrasa en ese territorio los sueños y las ilusiones, cierra caminos libres y establece cordilleras de negrura y angustia de difícil acceso. Se sufre y cada uno se petrifica.

Y el destino también aprendió a caminar. Con el acoso de los días arenosos y las figuras claras, oscuras, grises, también se construyen enormes caminos. A cada paso el destino deja impacto imborrable y defiende su magnitud inalcanzable. Las leyes de la física y la lógica tiemblan y se vuelven comprensibles mucho después de lo que uno hubiera deseado. No siempre deja elección, arrastra embravecido, va demoliendo implacable los planes, sueños y deseos que cada uno tanto tardó en concretar en la mente. Todo se reduce a vacuos recuerdos de lo que pudo ser. Todo deja manchas de luz y oscuridad y miedo y astucia y vida. Todo se reduce a haber vivido, a la historia inconfundible, a la necesaria, a la concreta e inevitable historia. No hay escapatoria.

Pero también los años y el tiempo y las victorias aprenden a caminar. Con el derrumbe de la independencia, los sigilos de nuestra existencia construyen lo que somos y seremos dejando huella imborrable en lo que fuimos. Se borra nuestra independencia y vamos viendo debilitarse al arbitrio, el que libre soñó ser. Dejamos la cordillera de los tropiezos, nos deslizamos en el tobogán de las hazañas y los triunfos sufridos, nos los bebemos y los atesoramos. Compensamos el error con la sacudida y arremetemos. A veces el lodo surge infame y a veces la lluvia nos purifica. Y siempre termina construyendo nuestra historia.

Así se construye el conjunto de miles de pasos caminados, de tipos y formas incomprensibles y superables; se nos permite dejar legado y sobrevivencia. Así dejamos marcado el destino. Así dejamos en la arena leves marcas en espera de la gigantesca ola de horas que habrá de borrarlas. Y nosotros con ellas.


Emulando "Wishlist"

El 3 de febrero de 1998, Pearl Jam sacó oficialmente a la venta su disco "Yield", el quinto en su trayectoria. En él viene incluida una canción llamada "Lista de deseos", una balada dulce que imprime el sello y es de fácil digestión. Una suerte de Pop más que otra cosa con riffs incluso suaves y armónicos.

El punto es que en toda la canción Eddie Vedder se pasa deseando cosas, dejando de lado interpretaciones innecesarias de significación, lo dejaremos como una simple letra de enamorado, pegajosa y que cumple.

Con el Yield, Pearl Jam tomó una bocanada de aire fresco hasta atragantarse y por fin darle vuelta a la carga sobre los hombros del grupo en la forzosa evolución que debían realizar tras el furor del grunge y demás factores; tan solo recordemos que su álbum inmediato anterior "No Code", no fue bien recibido o tal vez comprendido, lo que dejaba muchas dudas respecto a lo que seguiría. Pearl Jam dio el paso correcto en el momento necesario.

Tomando en cuenta que los alados que cubren mi espalda se han empecinado en convencerme de que la etapa reptil se termina (veo ceros y nueves por todos lados, juntos, constantes, sonantes), me siento en un momento equivalente: los recientes actos de vida no han sido precisamente los más gloriosos que he tenido y pues, es evidente que no puedo ejecutar pogromos contra mis acciones pasadas (es una metáfora muy lograda), mucho menos contra quienes estuvieron involucrados, nada resolvería hacia adelante ni tampoco resolverían lo pasado. Por cierto, leyeron bien, escribí pogromos, la definición pueden consultarla aquí.

Así que decido emular Wishlist. Decido que puedo codificar con amplias descripciones la metamorfosis que sufriré en vida y obra, acompañarla de humor negro y beberla con burbujas de cualquier cosa que no sea agua enjabonada. Decido que la parte más negra ya se fue, que el espejismo si bien es cierto, me atrapó durante muchos meses y años, ahora debo aceptar la ley que dicta el universo. Aposté y perdí (no importa la forma, ni el cómo ni nada, el resultado es lo único). Aposté todo a la carta marcada equivocada. Hamartia, ¿se dan cuenta?

Así que deseo romper el estigma. Seré un modesto Moisés y abriré los mares que tenga enfrente, pasaré a mi pueblo, a mis ideas, a mi destino. Deseo ser escuchado por los oídos que quieran escuchar, por quienes puedan escuchar, por aquellos tocados por la misma sinfonía de luz. Deseo la mirada de las estrellas, el roce de su polvo, la grandeza de su energía a mi lado.

Mas, recuerdo cuando Zaratustra habló por primera vez a las almas en el mercado. Moscas las nombraba aquél. Tenía un tesoro para los hombres y no fue escuchado a pesar de las advertencias en el camino. Recibió incluso un aleccionamiento preciso de un anciano en los bosques, "aléjate de los hombres Zaratustra, aléjate"... Pero su amor por los hombres, ¡oh inocente predicador!, puro, completo, lo destruyó y comenzó la debacle de Zaratustra.

He vivido muchos años en mi propia montaña. Con mi propia águila y mi propia serpiente. Tengo el vaso lleno de néctar y tengo una verdad que entregar a los hombres. Los vientos gélidos de la cima han delineado la locura en advenimientos cognoscitivos depurados, listos, pulidos. He tenido una epifanía en las meditaciones y sé que debo derramar el tesoro sobre los más pequeños. ¡Si tan solo pudiera acelerar el proceso de exterminación de las tormentas en la superficie!

El origen de la tragedia se cruzó con el origen del mal y yo soy su descendiente. ¡Muerte a los cascos ligeros y a la materialidad inefable que nos reprime! ¡Transmutación de todos los valores!

Ambicioso, fuera de piso. Pretencioso. Insano o infame. Infamia absoluta es permitir la esclavitud descarada en que estamos sumidos como especie. Iniciemos pues la revuelta.

Ahora un motor, una semilla, una bendición, una señal que el camino ha señalado... NO no no... No ha señalado, ha IMPUESTO con total deliberación, con total apego a la naturaleza de los dados lanzados. Tal vez la etapa reptil no es la que termina, si no la etapa larvácea. Sí, es correcto. Todo este tiempo solo fui un apendiculario que ahora dará el gran paso. Y deseo darlo. Decreto realizado.

Ich bin kein "Schriftsteller". Ich bin ein Mensch, der durch seine Lebensschicksale dahin geführt worden ist, nur mit der Feder wirken zu können, — und der nun die Feder gebraucht, so gut und so schlecht er kann, um bei bestimmten Menschen bestimmte Wirkungen hervorzubringen.

(Yo no soy un "escritor". Soy un hombre que ha sido destinado a trabajar solo con un pluma - y quien ahora usa esta pluma, lo mejor que puede, para crear ciertos efectos en ciertas personas) Houston Stewart Chamberlain


Polvo estelar.

Cuando las alas crecen, el diluvio cesa sobre la cúpula de nuestros pesares. Las alas, ¿a qué llamarle alas? Son semillas que explotan, aquellas que desatan la química en nuestro organismo y nos embelesan con péptidos opioides endógenos... o endorfinas.

Desde comer un chocolate, sentir dolor, comer picante... hasta, sí, efectivamente... enamorarse.
Y enamorarse puede no precisamente ser convencional. Uno se enamora de la música, del fútbol, de las olimpiadas, de la naturaleza, de las corcholatas... De un Escorpión Zurdo... O de su constelación.

Hace algún tiempo, las epifanías de los ideales que a cada uno generaban el desemboque de endorfinas parecían misteriosas e incluso cosa de brujos; Umberto Eco lo narra en su libro "El nombre de la rosa", donde se detalla la implicación de la risa, esa expresión de placer y gozo que desata la frivolidad; se está prohibido reír, se está prohibido soltar el alma a las condiciones animalescas de nuestra naturaleza. Ampliamente recomendable.

Y con la festividad que ha desembocado el descubrimiento de una Constelación mágica, también se han caído los candados en las ideas. Las cadenas que detenían los avances y su realidad marchan justo en camino de su extinción. No puedo decir que sea algo que se deseaba, pero ahora que sucede, la interpretación es sutil y debo aceptar, reservada. A veces cuesta trabajo echar en seguida las campanas al vuelo.

Voy a disfrutar el instante y a aprovecharlo tanto como en su momento disfrute del frío calabozo en que me vi depositado. Ese pozo frío en que tantos meses mantuve aislado al intelecto, ahora urge por vibrar con fuerza en cada segundo y en cada oportunidad que se aproxima. Hoy abrí un candado. Mañana abriré otro.

El candado principal se quebró y la lluvia de polvo estelar cae sobre mí como gotas de lluvia, diría B.J. Thomas.

¡Y pensar que alguna creí que había encontrado el camino! ¡Vaya que uno puede perder la cabeza!

Spinoza



En 1656, Benedicto Spinoza fue excomulgado de la comunidad judía de Ámsterdam. En aquella época, no se había dado una condena o castigo tan grande, nunca nadie había sido sancionado con un hérem tan enérgico. A sus veintitantos de edad, Benedicto fue relegado de todo contacto con cualquier persona judía, no podía hablar, escribirse, bueno, ni siquiera saludarse con nadie ni acercarse a menos de cuatro codos de distancia.

"Por la decisión de los ángeles, y el juicio de los santos, excomulgamos, expulsamos, execramos y maldecimos a Baruch de Spinoza, con la aprobación del Santo Dios y de toda esta Santa comunidad, ante los Santos Libros de la Ley con sus 613 prescripciones, con la excomunión con que Josué excomulgó a Jericó, con la maldición con que Eliseo maldijo a sus hijos y con todas las execraciones escritas en la Ley. Maldito sea de día y maldito sea de noche; maldito sea cuando se acuesta y maldito sea cuando se levanta; maldito sea cuando sale y maldito sea cuando regresa. Que el Señor no lo perdone. Que la cólera y el enojo del Señor se desaten contra este hombre y arrojen sobre él todas las maldiciones escritas en el Libro de la Ley. El Señor borrará su nombre bajo los cielos y lo expulsará de todas las tribus de Israel abandonándolo al Maligno con todas las maldiciones del cielo escritas en el Libro de la Ley. Pero vosotros, que sois fieles al Señor vuestro Dios, vivid en paz. Ordenamos que nadie mantenga con él comunicación oral o escrita, que nadie le preste ningún favor, que nadie permanezca con él bajo el mismo techo o a menos de cuatro yardas, que nadie lea nada escrito o trascripto por él." (Fuente)


Benedicto Spinoza fue en muchos sentidos un pensador excepcional y revolucionario. No solo cambió el mundo, es considerado el iniciador de la era moderna, el antecedente inmediato a la ilustración e influyó en prácticamente todos los pensadores y hombres, digamos, trascendentes que vivieron después de él.

Irving D. Yalom, en su libro "El problema de Spinoza" crea una historia llena de claridad, con el estilo ficcionista basado en la realidad típico de él. No quisiera platicarles detalles en sí del libro, solo citaré unos fragmentos que me parecen interesantes e ilustrativos para que quien no conozca al filosofo, pueda darse una idea acerca de su importancia y valor histórico:

"(...) Spinoza era una figura sobresaliente de la historia de las ideas. Que fue un hombre solitario al que excomulgaron los judíos, cuyos libros fueron prohibidos por los cristianos y que cambió el mundo. (...) Spinoza había introducido la era moderna, que la Ilustración y el ascenso de las ciencias naturales empezaron con él. Algunos consideran a Spinoza el primer occidental que vivió abiertamente sin ninguna afiliación religiosa. (...) Su papel en el surgimiento de la democracia en Norteamérica. La declaración de independencia de Estados Unidos estuvo inspirada por el filósofo británico John Locke, que, a su vez, se inspiró en Spinoza. (...)  el hecho de que Spinoza se adhiriese a la inmanencia. Se contrapone a la trascendencia. Alude a la idea de que esta existencia terrenal es todo lo que hay, que las leyes de la Naturaleza lo gobiernan todo y que Dios es completamente equivalente a la Naturaleza. El rechazo de cualquier vida futura por parte de Spinoza tuvo una importancia enorme para la filosofía que siguió, porque significó que toda ética, todos los códigos de conducta y de significado de la vida deben empezar con este mundo y esta existencia(...)"


Por razones obvias, el personaje de Spinoza, se une al selecto grupo que ha influido directamente sobre mí, ya sea por identificación con su vida, su realidad personal social e histórica, su pensamiento o todas las situaciones juntas como lo ha sido un Nietzsche. Leerlo me genera un llanto intenso con bastante constancia y encontrar su obra dentro del marco de una situación, digamos, de vida personal, como lo hace D. Yalom, hace imposible para mi no terminar con el rostro empapado, justo como pasó con "El día que Nietzsche lloró".

Somos parte del grupo de personajes que yo he denominado "Puentes". Estamos hechos para dar paso a los demás, no para formar parte de los cimientos o de las estructuras, solo servimos de escalón para que logren pasar el precipicio. Es una constante en las figuras que me calcinan los pensamientos, una secreta clasificación donde los exiliados sociales nos reunimos en una geometría espacio tiempo imposible de limitar por lo físico material.

En un momento de la narración, Spinoza, recién excomulgado, reflexiona:

Si estoy entre hombres que no están de acuerdo en absoluto con mi naturaleza, difícilmente seré capaz de acomodarme a ellos sin cambiar notablemente yo mismo.
El hombre libre que vive entre ignorantes se esfuerza cuanto puede por evitar sus favores.
Un hombre libre actúa honestamente, no engañosamente.
Sólo los hombres libres son verdaderamente útiles los unos a los otros y pueden crear amistades auténticas.
Es absolutamente permisible, por el derecho más elevado de la Naturaleza, que cada uno haga uso de la clara razón para determinar cómo vivir de un modo que le permita florecer.


En muchos sentidos y por muchas razones... más allá de mi pasión personal por la filosofía... más allá del estado agitado en que he vivido durante tantos años, a pesar de la marginación... más allá de escuchar en boca de todos los que se acercan decirme "raro"... Creo que el llanto que desencadena leer líneas como estas y la identificación absoluta entre nuestras almas, me convence absolutamente en la trascendencia completa de las generaciones y almas a través de los tiempos. Spinoza solo es una fuente, una infinita fuente de sabiduría para calmar las pasiones... mis pasiones, mis demonios. Su vida es una inspiración.

Y su legado me es ahora y de forma incipiente, la base en que se construirá el camino amarillo.



Caramel

Tal vez no haya una mejor forma para describir la situación, esto es Viviendo Música:


I've gotta get over
I've gotta get over
I've got to get better
Will love you forever
I've gotta find genius
I've gotta get better
I've gotta stop smoking
I've gotta get better

Caramel Caramel...

Where is the magic?
I've gotta get better
Oh lord give me magic
I'll love you forever
I've gotta find mounts hill
And live by the mountains
I'll love you forever
You are...And you are...

Fin del capitulo "Decadencia"

Cuando la mente abraza con fuerza la idea de avanzar, avanza. Recuerdo el poema de Nietzsche, "De la pobreza del más rico" (es un fragmento, completo lo pueden leer dando click aquí):

(...)
Mi alma,
insaciable con su lengua,
ya ha lamido todas las cosas buenas y malas,
se ha zambullido en toda profundidad
Pero siempre, como el corcho,
siempre vuelve a flote,
revolotea tornasolada como aceite sobre pardos mares:
por esta alma me llaman el dichoso.
(...)


Así pues, el dichoso seré. Hombre de corcho, vuelvo a flote a causa de mis dotes y no a pesar de ellos. La selvática misión que está enfrente será completada. ¡Terminó la decadencia!

Inicia la era de la transmutación existencial: llegar a ser quien eres es fácil con una constelación vigía e inspiradora. Nada ha habido, pero de ni de cerca que pueda compararse... Afortunadamente para mí, la evolución siempre premia los pasos, incluso los lodosos, incluso los pasos en falso son recompuestos. Hijo del Universo, protegido de los alados. La virtud habré de consumar, pues, con la Constelación.

Así sea.

Circunstancias

En el trayecto en que uno debe desplazarse de un sitio a otro en una ciudad tan selvática como la nuestra, siempre está a expensas de sufrir algún percance. Es casi irremediable que suceda.

Por ejemplo, la hermosa constelación del Escorpión zurdo, sufrió la semana pasada el amargo percance de que la grúa raptara su auto. Para los que no están familiarizados con estos términos, una grúa es un vehículo de arrastre de otros vehículos, que el gobierno de la ciudad envía a vigilar el civismo y respeto de los automovilistas, tanto en cuestiones de limitación estricta a estacionar los autos solo dónde es posible hacerlo y/o pagando la cuota correspondiente, bajo las condiciones establecidas en el código que así lo dicta.

En resumidas cuentas, pues dejó su auto en un lugar inapropiado, confiando en que solo sería cosa de unos minutos; pero como las enseñanzas de los abuelos nunca fallan, pues esos minutos que pensó ahorrarse en buscar un sitio correcto de estacionamiento, se convirtieron en un martirio de casi un día entero. Además de que por causa de ese incidente, aquel infame día sus ojos no se cruzaron con los míos, Damn!

Al final, pues pagó la multa correspondiente. Recuperó su auto y sus pertenencias y no pasó de allí. Pero así como este ejemplo, podría citar cientos: que si se atraviesa un imprudente y golpea nuestro auto, que si nos golpean por detrás, que si por un choque de otras personas se vuelve un estacionamiento enorme la vialidad, etcétera. Eso solo por citar algunos ejemplos; podríamos mencionar que si nos detiene un policía por saltarnos un alto o cosas por el estilo, sin contar con la nefasta situación de sufrir un asalto donde de plano nos bajen del vehículo con pistola en mano o cosas peores.

Y además, esto solo hablando de algunos percances automovilísticos. Para los que deciden no utilizar el auto, pues tienen riesgos iguales o peores, que van desde la aglomeración de un deficiente, por no decir, pésimo sistema de transporte público, hasta las diferentes variaciones de riesgo, como asaltos, accidentes, retrasos, abusos, etc., etc.

Vivir en la ciudad es muy aventurado, fuerte, pasional. Requiere de verdad pasión para afrontar un día a día exigente y asfixiante. Pero recompensa bien. O a veces no tanto, pero eso ya depende de cada uno.

So, es una virtud y un reto digno de aceptarse el hecho de sobrevivir y sobresalir con dignidad (poca o mucha, no importa, solo vale que exista) y que se deje el hecho atrás. Debemos dejar ir las circunstancias con la frialdad que implica el haberlas sufrido.

Ablución

Una vasta y radiante playa desierta
consume insolente y reflexiva
todas las cicatrices de la caverna

Repetitiva sinfonía de encuadre,
roto,
partido en mil graciosas partes,
avasallante rodaje de crudos pensamientos.

Yo te bendigo.
Lo digo, lo repito en el precipicio;
bendigo la cascada inagotable,
la rotonda de sueños comunes
y la vejez no consumada expulso;
nada queda ante la imprudente felonía.

Voces que taladran.
Instrumento de la tundra en la espalda.

Ablución de ti. Ablución lograda.
Canción plañidera. Exacta. Mortuoria.


Idea

Tengo metida en la cabeza una idea portentosa. Quiero que la gente se acerque a los libros, que cubra de color el alma, el fuego que encierra debe quemar su petrificación. Quiero que la gente ame de nuevo la poesía, la narrativa llena de bríos e inocencia. Que vuelvan los sueños de corrientes místicas en la creación, que seamos inocentes de nuevo, que seamos libre pensadores en adelante. No se necesita romper el dogma, se necesita reinventarlo, fortalecerlo con raíces.

Considero vivo el paisaje. Si la persona que vive en los pensamientos de otra, es correspondida, que regale versos y no collares. Que el amor exista aún a pesar de las fechas marcadas y las costumbres mercadotécnicas instaladas; que salve de la materialidad al sentimiento; que el romance entero sea por el goce del alma y no por el goce en el antro o en el auto. Sembrar por todos los medios que el valor y consecuencia de amar abiertamente, pasional, sin freno es la salida. Debemos todos romper con el esquema vacuo horrendo en que habitamos.

Idealista. Infantil. Muchos adjetivos más pueden aplicar a esta idea. Muchos, con razón o sin ella. A veces las personas justifican su soledad y su incapacidad para establecer ordenadamente sus acciones mediante argumentos que juegan en contra a lo que sienten; la máscara los traiciona, los apuñala. Los atrapa.

Serenidad en el consuelo. Me alimento de la única forma posible en mi condición y es el ideal. La filosofía es una vaina en el desierto y necesitamos volver a cultivarla.

Transmutación. Es hora de estallar y crear el caos del orden.



Krishnamurti

Resulta que la Constelación del Escorpión zurdo me habló acerca de Jiddu Krishnamurti, orador en materia filosófica y espiritual. Sus principales temas incluían la revolución psicológica, el propósito de la meditación, las relaciones humanas, la naturaleza de la mente y cómo llevar a cabo un cambio positivo en la sociedad global. (Cita de la Wikipedia).

Este personaje me llamó la atención desde el principio; aún no he leído nada de él pero encontré en otro lado estos dos archivos con ni más ni menos que las obras completas. Como no tengo forma de corroborar si son o no completas, les pondré aquí tal cual el link, por si gustan pasar a descargar, leer y si creen conveniente, comentar algo al respecto. Son dos tomos y pues, ojalá que el pensamiento y la sabiduría tuviera tantas formas de propagación como las tienen otros temas totalmente irrelevantes y tristemente, idiotizantes.

Tomo I

Tomo II


En el sitio, con un poquito de pericia, es fácil encontrar un buen de títulos del amigo. Insisto en que no puedo decir si con estos dos archivos que ya puse se ahorrarían descargar uno por uno, pero pues, aquel a quien le interese, podrá hacerlo sin mayor recelo que unos segundos de ancho de banda que no ocasionara pérdidas ni mucho menos. Así pues, disfruten y despabilense.



Pasos

Se dice que es preciso dar un paso a la vez. No así en otras donde es necesario correr como alma que lleva el demonio, pues los tiempos marcan el ritmo con o sin consentimiento.

Es fácil leer con los ojos cerrados, siempre y cuando el braille domines. Consejo invaluable en sitios muy comunes hoy en día, donde reina la ceguera y no precisamente el tuerto es el rey.

Así que floto en los sueños donde el Escorpión se transforma en Constelación y lanza enormes destellos de claridad y embotamiento directo a la maceta. Recuerdo con ligera aspereza mi condición deshumanizada de hace unos meses, días, semanas... qué importa ahora, sé que la cuesta es arriba y todo tiene un tope, incluso el universo.

Amo la energía de los átomos que la conforman. Mirar con la mente cada espacio en su materia, traspasarla y flotar sobre el vacío  indefinido entre cada electrón, la fuerza de cada núcleo girando y esperando un estímulo cualquiera para cambiar o permanecer o destruirse o fusionarse... para lograr su ser siendo un cuerpo mismo, con latidos y pulsaciones limitadas, contadas por alguna fuerza que aún nos es desconocida. No determinamos los pasos que daremos ni los reencuentros que tendremos.

¿Acaso los pasos sombríos marcan el camino a la luz?

El Escorpión crece y de su izquierda mano brota un trazo de eternidad. Cada silencio entre nosotros es un infinito que se destaca por su frecuencia única y brevedad. Algoritmo contradiciéndose en su redacción, en su propia formulación llena de acertijos delatores de sí mismos con la inocencia propia de las algas marinas al contacto con el oxígeno en el aire.

Pasos. Uno por cada suspiro que sorprende. Uno por cada mirada conseguida, por cada pensamiento robado de su mente, por cada palabra escrita con destino mutuo. Pasos que creí se entorpecerían más cada tarde y ahora urgen la huida. Ya lo había dicho Cerati, "Al menos sé que huyo porque amo".

Tarde lluviosa y té frío. El silencio es un cómplice que bifurca la imaginación y donde las recompensas brillan por su cálida llegada, por su lento y florido aterrizaje en un campo desierto que denomino simplemente porvenir.

Llega el Escorpión zurdo y la primavera grita rabiosa que ha llegado. Y es una rabia perfecta, tormentosa. Un perfecto alud cayendo sobre mí.


La noche dio a luz.

Caminé con cierta inquietud hacia la salida. Ante la puerta, un guardia de seguridad revisa mis cosas, un ritual que cada día debemos seguir a la hora de retirarnos de la oficina. No hay sorpresas, todo en orden, adelante.

Horas antes había logrado acercarme, no sin timidez, por supuesto, no sin la inseguridad que corrompe las ideas y bloquea la sinapsis. Intercambie algunas palabras, ideas y cuestiones sobre cosas aleatorias, sobre maestros y enseñanzas. La sorpresa fue brutal pero en definitiva dentro del marco de lo sublime. Una experiencia clara y atemorizante por contundente. Una experiencia que dejó sin aliento la tarde y que dictó indiferente el panorama lleno de lucidez, de esperanza.

Caminé rumbo al auto de mi comparsa. El día clareaba y no dejaba dudas sobre la posible vuelta de tuerca que se aproximaba. Y allí estaba, caminando detrás de mí, detrás de cada centímetro de la calle, transcurriendo ligera, noble, precisa. Y el cielo se abrió con delicadeza para permitir que los cálidos rayos solares cubrieran en su moribundo estado cada centímetro de nuestros cuerpos.

Me acerqué. Se detuvo. Le hablé, me escucho. Nos detuvimos frente al auto y la noche se detuvo en su avanzar. No había sigilo que interrumpiera el encuentro. No había más que recuerdos de algo que no conocí pero que debía suceder sin remedio. No había más que infinito en el horizonte. La realidad se desplazó de la oscuridad y permitió que el aire llegara de nueva cuenta y con su ligereza intrínseca pero bien oculta, hasta la rotonda de las sensaciones muertas que albergué durante el peregrinar alicaído.

Así que decidimos beber cerveza y comer pizza. Y decidimos reír y charlar y descansar. Decidimos que el letargo que nos asfixia descansara de ser letargo y fuera un momento estival en cada poro. La luz de la noche cubría la atmósfera y el fuego de cada sílaba pronunciada traspasaba la cadena de estupor y bloqueo sensitivo que detenía la fluidez existencial horas antes.

Claro que el imán se manifestó con todo su poder y un lazo invisible ató envalentonado nuestras existencias; un deseo incapaz de liberarse de la compañía. Una ráfaga de ensueño, coincidencias cósmicas y más allá... más allá una luz en su sonrisa que petrifica y permite recobrar el anhelo de respirar firme de nuevo.

Medianoche. Baile telúrico horas después. Marcha de ideas en un espacio inconcebible por desconocido y un desenfrenado martilleo en el centro de bombeo de sangre de nuestros cuerpos.
La noche dio a luz un zurdo escorpión.


Más y más

El abismo de su mirada es completo. Y quiero decir universal, entero, único... Por ejemplo, la sonrisa íntegra y la voz modulada crean una atmósfera celestial, en ella flotan trozos de sublime inspiración y mágica calidez; la fluctuación entre respiro y respiro es lenta, rompe la rigidez, todo es azul.

Pero el abismo de su mirada es completo. Es un sitio que te traga, que de forma contundente avasalla las ideas y en definitiva deja hueco el seso. Acaso una bala pérdida en la inmediatez de la existencia, un ángel caído, salvavidas. La ilusión crece conforme las sílabas escapan del teclado, crean redes magnéticas enloquecidas por la famélica silueta en que habita y desatan oraciones silenciosas enfocadas a una nueva era de fascinación y esperanza. ¡Si al menos existiera un camino infalible! Pero eso en realidad opacaría la conquista, sería una escalada motorizada sin semblante restaurador.

La magia, para serlo y existir, necesita indistintamente del mago.

La primer palabra, un saludo tímido e inconcluso. La primera reacción ante el cruce de miradas, una indefinible adoración al ensueño. No se trata de compaginar una personalidad en otra, incluso acaso devenir en lento desahucie; no se trata de sobrevivir la afasia de la vida propia de uno... incluso no se trata de uno mismo.

Distinguir el deseo de la necesidad es cortejo de la  mente con el alma. El debate complica la lucidez interna, las llamas de la incertidumbre corrompen la seguridad y trastornan los recovecos de empuje e impulso que a la luz habrían de guiar. Se ven inconclusos pero no rotos. Tal vez lo correcto sea decir pausados, en una anonadación espaciada en el tiempo con miras a la reactivación físico mental en cuanto el contacto fluya ligero en confidencia.

So, es una ligera y prematura visión de lo que sería. El abismo aún arrastra con la decencia de permitir lamer las heridas hasta la sanación mientras la mente continua con la divergencia constante, sin la cual la existencia sería intolerable.


Más sobre la hipótesis

Nelly. Es un nombre corto, incluso tal vez presuntuoso. Pretencioso. Su brevedad busca la aprobación de quien lo pronuncia sin chistar, obliga a repetir el sonido, mentalmente, para degustar el equilibrio y la dulzura emparejadas en unas cuantas letras; el aroma atípico en una palabra, la fugacidad vuelta anzuelo poderoso pero ajeno a la comprensión inmediata. Es un arma de efecto lento pero contundente.

Y la medida precisa en los ojos arde en consecuencia, combinación perfecta de ilusiones pasadas; cuerpo recto y hecho a la medida. Con los brazos largos y sueltos, la piel no solo recrea ciertos pasajes de sueños olvidados, si no que incluso, siembra, a cada instante, algunos más por venir.

También se le percibe al igual que a un salvavidas, esa ráfaga celestial que empuja la balsa con brío hacia la playa para poner fin a los días de naufragio; una lluvia pertinaz y reconfortante a la sed después de una sequía implacable.

Es una teoría de las ideas pensar en ella. Los pensamientos son poderosos mecanismos de automanejo que contemplan, siempre en detrimento nuestro, expectativas que no se cumplirán jamás. Lo más cercano que llegamos nos consuela en un alto porcentaje de ocasiones, pero a costa de medir lo habido contra lo que pudo ser. Más allá de las palabras y las ideas, habita este destino que hoy se oculta en la cortina del tiempo.

En la corte de los sueños, la imagen que más se presenta siempre será la indicada.

Tragedia, NO.

Mejor no pensar en la tragedia. Dejar que las comisuras de los labios mantengan el sentido hacia arriba, que las bellotas caigan al suelo, no es necesario subir a por ellas. Dejar que las ideas martiricen y se disfrute con ello, que hagan sentir a uno con vida y el placer de vibrar.

Reconozco que es algo picoso; o enchilado, en la misma escuela que ese picor insoportable en la boca cuando se muerde un chile súper picoso y aún a pesar de que no se aguanta la lengua, no puedes dejar de comer; simplemente es imposible. Necesitas ese saborcito constante en el paladar para que el gusto apremie.

Con frecuencia solía pensar en estos momentos; hace tiempo. Me sentaba frente al computador y mientras procesaba datos y números, la cabeza zumbaba con las ideas de la tragedia. Manía posible, era complicado entender qué diantres pasaba por mis neuronas en esos momentos para conseguir que la sinapsis se comportara de manera tan oscura.

Brutal en ocasiones, que salía molido emocional y literalmente. Cerraba unos segundos los ojos, antes de vestirme la chamarra, respiraba dos o tres ocasiones y los abría. Suspiraba al calzarme y salía con la mirada vidriosa, con el pensamiento machacado entre las ideas de una profunda soledad y una vida llena de vacío. Las opciones se acortan en abruptas ráfagas.

En ocasiones miraba elocuentemente algunos documentos sobre el escritorio y me jalaba un poco el cabello. Bajaba las escaleras y escapaba en una cascada de miradas, de ojos de todos los tipos imaginables, sintiéndome indistintamente cortejado; sentía una repentina urgencia por salir corriendo, con un eterno nudo en la garganta que sofocaba. Mirar el reloj, el celular o simplemente las palmas de las manos, eran el top three de los escapes más usados.

A veces simplemente lloraba por dentro.

O sonreía, porque sí, porque aún podía hacerlo y hacerlo bien.

Miraba un poco el televisor en casa; algunos ejercicios informáticos y una lectura cortada por circunstancias simples. Todo un ritual para convertir la noche en el día.

Mejor no pensar en la tragedia. Ya lo hice muchos, muchos años. Ya se liberó demasiada consciencia en mi interior; o tal vez, la suficiente para enfrentar lo que venga.

Bienvenida.

Nelly. Una hipótesis.

Su nombre es Nelly. Es una chica llena de explosivos por dentro, una caja hecha de arcilla blanda pero bien estructurada en sus cimientos irrompibles.

Sonríe de forma reservada. Alguien con su dorada sonrisa debe permanecer a la expectativa, midiendo cada acercamiento con la ceguera bien despierta; la sonrisa es reservada, es algo que otorga con serenidad.
La distingue su capacidad soñadora. Tiene grandes ojos café, brillantes pero pasivos. Perlas exóticas, sin duda.

En sus momentos más esquivos, suele esconder el rostro entre su lacio y delgado cabello. Folículos hiperdelgados, llenos de color y aroma fresco. Su mirada entonces toma la postura melancólica para escabullirse a la menor provocación. Acaso sea entonces cuando las sonrisas sean más devastadoras.

Su voz penetrante sacude con sutileza cada exhalación del cuerpo. Con la pronunciación de las palabras, uno puede imaginar como vibran las cuerdas con exactitud y colorido perfecto. Vibran las cuerdas vocales y son rotundas, los tonos enmarcados en una raíz fuerte provocan el suspiro inmediato. Así entonces, la medida exacta en cada movimiento gutural.

Y sí, la distingue su capacidad soñadora. Es una chica con la cabeza llena de sueños. Tiene un alma que arrastra cierta pasión tormentosa. Angustia expresa su rostro despistado, pero en sus sueños, ella es la gran conquistadora, la que comprende el movimiento sin mutarse; el movimiento y sus complicaciones, el devaneo entre espacio y tiempo sacuden cada ciertas noches sus sueños.

Ella es Nelly. Una chica de respetable estatura y sueños vivos. Una chica con el corazón empolvado y un hambre devastadora, lista para convertir los sueños en realidad.

Ceros y unos.

He logrado beneficiar el bote de la imaginación con sendos tropiezos. Es común que interpretar tropiezos resulte más nutritivo que los triunfos mismos, acaso por la tormenta que desembocan, acaso por la ruptura inmediata en el horizonte, pero sin duda, los tropiezos nutren.

No digo que los triunfos, los aciertos, no merezcan la nota, claro que no. Incluso podrían clasificarse como una segunda y honrosa categoría en la que se pueden meter todas las circunstancias en que uno se ve envuelto segundo a segundo. No veo más categorías, no veo más posibilidades. Aciertos y tropiezos. Ceros y unos.

En la multitud de esquemas y la riqueza de interpretaciones acerca de lo que la vida misma encierra, debemos intentar categorizar las situaciones, es una necesidad implícita para quienes pretenden comprender, aunque sea de lejos, la existencia de uno mismo. Más aún si la piedra es pesada, ¿si me entienden, no?

Ceros y unos. Blancos y negros. No medias tintas, no medios triunfos o casi tropiezos. Sé es y se sufre o goza con una sola intensidad plena, completa. Y deberíamos impedir que ésta se torne inconclusa, que crezca en forma de freno que dejará rastros y sembrará sentimientos crueles con el tiempo y dañará irremediablemente la consciencia y el sueño mismo. Cargas la batería y la dejas descargar por completo. Cargas los polos, muerdes el polvo, explotas la champaña, vives y dejas vivir.

Y con ello beneficias en definitiva la imaginación, la nutres, la compartes con el universo. Sin marcas. Sin destellos. Solo rastros humeantes, revólveres recién activados, corazones latiendo al máximo, sangre bullendo y masacrando las venas, con el cuerpo enervado y descompuesto pero con un alma rebosante. Albricias para el buen dormir.

Ceros y unos. No puedo dejar de pensar en la bendición del sistema binario.

Inicio

Tardío es el calificativo adecuado. Recorrer el horizonte desde una perspectiva vanguardista no es precisamente una cualidad bien comprendida.
Tardío es el correcto calificativo. Me tardé en abrir los ojos, pero abiertos al fin debo permanecer con la cimiente constante. Todo inicio proviene de algún final. Y el mío es claro. Y el mío es contundente. Y el mío es constante.

Soy inocente de permanecer con la ruina en los huesos. Soy juzgado por una palabrería incipiente que corrompe mis ideas pero las fortalece en ciclos bestiales.

Soy presa de la imaginación cautiva. Soy fuerte.
Permanezco en la sombra por convicción. Ahora puedo mirar a la luz.

Inicio con la misma fortaleza de un neonato. Inicio y precisaré caminar con muletas hechas de palabras, el mágico instrumento de nuestra universalidad.

Inicio y no tendré fin.

Es hora de explotar. Estallar.

El fin es el fin.

Es una repetición de mis días.
Abrumado por las circunstancias, dejo que se escapen los extremos para que se nivelen las etapas reptiles.
Pienso en una claridad deshumanizada, en una meta lo más imposible de alcanzar para mantener el hambre de mi corazón.

¿Qué es un hombre sin una esperanza? Es la muerte andante en las avenidas de una ciudad perdida.

Mis ojos hierven.
Sangran agua y dolor. Mis ojos abrumados tiemblan.
Sacuden la retina y gritan por una temporada de caza no abierta.
Moriré descalzo. Así es la realidad.

Cortado en interminables pedacitos, los retoños de mi piel abarcarán el silencio y polvo hechos desarrollarán una plaga de estornudos.
Ya no existe una vida. Ya no tiene vida la realidad.
Descubrí la penumbra y ahora dejo que cubra cada poro en mí. Autodestrucción blanda.

Soy una mina de turbación. Soy un alce en la pradera con la cornamenta destruida. Soy un pueblo fantasma, una luz apagada.
Quisiera ser una persona diferente.
Quisiera no tener una carga tan perfecta en mis espaldas.
Aleluya a las corazas de una vida indefinible.
Aleluya, he muerto.

Tengo una rara virtud: un poema que dicta cada segundo de las entrañas.
Tengo un corazón delator derrochando fuego en forma de agua.
No hay fe.
No hay existencia.
Dolor hecho aire. Dolor hecho amargo trago de ajenjo en una lista interminable de derrotas.

No tengo poesía. Se ha ido.