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Una noche para recordar.

Estábamos los tres en la habitación; ya eran pasadas las nueve de la noche y comenzaba a llover fuertecito. Cuando recién nos habíamos encontrado minutos antes en la librería, pensamos que la noche y sus secretos serían la compañía adecuada para el encuentro, incluso sabíamos que la complejidad de nuestras pesadumbres ni siquiera asomaría la cabeza para retumbarnos en los oídos lo que llevamos en los hombros.

Así que el primer acomplejado insistió en abrir la cabeza a los juegos de rol. Cada uno de los tres debía de elegir un personaje memorable, sin límites, de cualquier producción y que tuviera unas líneas de diálogo para expresarlas con la voz chillona de un personaje conocido por dos de los tres. Lo cual es en apariencia una desventaja para el tercero, quien al no conocerlo, debía esforzarse más en imaginar la escena; sin embargo logró hacerlo medianamente bien.

No había música en la habitación, solo humo de cigarro, una tetera en proceso de ebullición y un gato con pereza y gordo que rondaba de un sitio a otro. El tercer acomplejado tuvo hambre y sacó pasta del refrigerador, pero solo el primer acomplejado quiso uno poco.

Bastante claro queda que el segundo acomplejado era yo; trataré de abreviar un poco lo de los complejos, porque siempre es bien visto que se otorgue un poco de contexto para no quedar tan lejos de la diversión a la hora de imaginar los momentos, las escenas.

Todo comenzó hace unos años cuando viajando en el auto del tercer acomplejado, comenzó a sonar la canción Dangerous del grupo Roxette; es una canción de rock pop de finales de la década de los ochentas del siglo pasado. Así que no perdimos oportunidad para ensalzar el momento y dejar claramente expresado que considerábamos con justa razón, como un chico pop a nuestro amigo, el tercer acomplejado.

Nuestro amigo no estuvo del todo de acuerdo y comenzó a argumentar que en la radio todo puede pasar, incluso en los momentos más extraños e inesperados; después intentó desviar la atención hacia la progresión de la humanidad durante su paso en el planeta, hecho mediante el cual los humanos cada vez tenemos mayor capacidad de goce e interpretación de todas las ramas del arte. Incluso rozó por momentos, la famosa máxima de que hasta el silencio es musical.

La discusión siguió un buen rato en el auto. Cuando descendimos al llegar a nuestro destino, el primer acomplejado le dijo al tercero:

- Pues no sé lo que diga el segundo, pero yo digo que tu estás acomplejado.

El resultado, fue que el que hoy llamamos tercer acomplejado, alguna vez en realidad fue el primero.

El primer acomplejado de nuestra historia fue el segundo, dando continuidad al criterio. Sucedió días después del incidente de la canción, estábamos degustando goma de mascar en el parque cuando un perrito que había salido a jugar, iba correteando a una rata, la cual pasó despavorida junto a nuestros pies. El primer acomplejado pegó un grito más feo que Doña Francisca y de inmediato comenzó a sudar y sudar a chorros.

Pasados unos segundos, se levantó y nos dijo que camináramos, que por favor no siguiéramos allí. Obvio, nosotros argumentamos estar muy contentos y conformes con el sitio, que incluso lo estábamos disfrutando y que no nos moveríamos a menos que hubiera algo que nos aumentará la sed de partir. El primer acomplejado nos miró aun con el rostro desencajado y se nos quedó mirando, sobrio, inmutable al principio, después más descompuesto y justo cuando creímos que estaba a punto de romper el llanto, el tercer acomplejado se levantó y le tendió un abrazo exclamando:

- Pero tío, ¡si tu eres un acomplejado más cabrón!

Y así el segundo acomplejado surgió de las entrañas de la nada.

Mi inclusión propia en el selecto trío, fue dada por circunstancias de inercia. En realidad es difícil encontrar a una persona no acomplejada, unos pueden vivir por encima de sus complejos, otros viven a expensas de ellos o de plano, mueren a causa de. Simple. No había mucho que descubrir.

Así que estuvimos charlando y seguimos jugando esa torpe dinámica entre los tres hasta que el día siguiente comenzó, es decir, a la media noche. Nos dirigimos al auto del tercer acomplejado, ya que él nos llevaría a feliz destino. Es común entre nosotros bromear, creo que está claro el hecho después de todo lo que he descrito, así que incluso mirar a escondidas los gestos de los otros dos acomplejados, me dejaba en estado hilarante. Y esto no era por cuestión de los rostros en sí, más bien esto se originaba en que ellos pensaban que yo estaba maquinando una forma de molestarlos y se ponían a la defensiva de manera cómica.

El primer acomplejado intentó establecer frente común con el segundo, incitándolo a notar la forma en que me conducía con afán de, según, burlarme de ellos. Nada más lejos de la realidad, sin embargo, tanto el primero como el tercer acomplejado fingieron entender con claridad la forma en que los tomaba, en un segundo a uno, lo trolleaba y seguía con el otro. Estaban más infartados por su incapacidad de defensa que otra cosa, incluso hubo un momento en que el primero acomplejado casi suplicó al tercero en que le atendiera. Pero el tercer acomplejado se mantuvo a raya, entendiendo un poco más la burda situación en la que estábamos en ese instante y como el primer acomplejado intentaba de cualquier forma, romper el trolleo a su existencia, casi con tanto ahínco como el que utiliza para dar pasos por la vida. Lamentable, pero no logró su cometido.

Así que la convivencia terminó cuando casi llegando a mi destino, el tercer acomplejado tuvo hambre y quiso comer una hamburguesa y yo, obvio, les dije que podrían ir a comer hamburguesas tanto como quisieran después de que yo bajara del auto.

Y así fue como me despedí de mis dos más grandes acomplejados amigos en una noche que será memorable, no tanto por los hechos vividos, si no por la manera en que a veces los humanos logran convertir una noche común en algo legendario

About today


Líricas precisas. Transpiran nostalgia, escurren melancolía, les florecen patadas en donde más duele. Ese momento exacto en el que cae el veinte, en que uno procesa que el punto de no retorno se dejó atrás y ni nos percatamos de qué forma sucedió, en qué nos equivocamos, cómo dejamos de interesarnos, cómo se derrumbo frente a nuestra mirada... ese segundo, ese click en que las risas se quedaron atrás, en que la pared nos enfrenta a la espada y el corazón se parte en pedacitos. A lamer las heridas comienza uno.


"About Today"

Today you were far away
and I didn't ask you why
What could I say
I was far away
You just walked away
and I just watched you
What could I say

How close am I to losing you

Tonight you just close your eyes
and I just watch you
slip away

How close am I to losing you

Hey, are you awake
Yeah I'm right here
Well can I ask you about today

How close am I to losing you
How close am I to losing





Interpretaciones.

La caminata bajo la lluvia resulta en más ocasiones benéfica que lo contrario; es cosa de aceptación o adaptación. La constante interpretación de situaciones inherentes al azar de la existencia.

Una tarde encontré un escorpión zurdo bajo la almohada y lo abracé insistentemente. Era emblemático, coraza pura, difícil de zarandear, pero en lo absoluto indiferente. Reaccionó lento, con una intensa lucidez y una tenaz pureza. Esa tarde conocí de golpe a la belleza. Y me sentí bello a la vez, lúcido. Y viví la ablución, lejos de mí hacía tiempo atrás. Y la apreté con fuerza insospechada, firme.

Así que entre todos los misterios de una reacción inexperta, decidí dejar que el vendaval recabara todas las señales. Conté hasta cientos de miles de números inconscientemente, escuché a los dioses de la música cercenando la retrospectiva con insistencia. Amé con inusual pasión y soñé mucho alrededor del fuego eterno de la pasión carnal. Asumí con inocencia que el vacío era transitorio, que la matriz al final del juego sería limpia y descolorida. Asumí enseñanzas que antes parecieron inocuas, simples tropiezos necesarios; limpie la mirada que obnubilada se encontró desde el precipicio y sin pensarlo me arrojé. Y no sentí el choque ni el vértigo indirecto.

Cuando las flamas de la nueva compañía sucumbieron ante lo inmediato, corroboré con asombro la forma de las mil y un cabezas que me rodeaba. Lamí cada segmento de la sorpresa con frugalidad. Toque cada detalle con putrefacta lengua, degusté cada milímetro de los rostros inciertos y no sentí temor alguno, dolor o pena directa. Solo viento y lluvia y luz alrededor del momento insospechado hubo.

Los círculos fueron resaltando a la vista, uno a uno, cada fractal de emociones que con ahínco había velado. Sumiso reconstruí la existencia a partir de pedacitos y limpias fugas de emociones antaño ocultas. El subconsciente recobró su porte. Y los cuerpos inexistentes al espacio tiempo coincidieron con la fundición de gotas enormes de agobio y restaurada confianza.

Con firmeza tomé el escorpión por la cola. Dejé que lanzara repetidos embates de furia sobre la palma de mi mano e impedí que huyera. Lo percibí agotarse. Su enojo salvaje corrompió su tenacidad y la volvió más arrojada. Continúe incitando las picaduras; continúe mirando por la ventana al piso que ansiaba ver estrellada sobre él a mi cabeza. Suspiré y grité con frustración por lo torcido de cada pensamiento que se acumulaba. Resistí tambaleante, al final, la embestida.

Cuando de pronto la luz del alba vióse completamente desnuda sobre el lecho en que retorcía las incitaciones, cavilé acerca de una plausible explicación.

Solté al zurdo escorpión sobre la ventana; impaciente por el vacío, lanzó sus pisadas locas sobre el alfeizar para luego dar el salto. Pareció volar durante instantes eternos, disfrutando el choque inminente, la feliz y descolorida caída sobre la faz de algo que no era concreto, si no un sueño revuelto donde cada uno, mirando su propia existencia torcida, bizarra, triangulada de manera ecléctica, a su modo disfrutaba. Donde cada mirada del sol cubría la paz del baño de luna y donde a pesar de todos los esfuerzos, la hamartia fincara con ingrata potencia las condiciones a seguir por un buen rato siguiente.

Por fortuna, cavilé, aun persiste la música a mi lado. ¡Al diablo con los sueños!

Así las cosas, desperté.

El barco ebrio

Mientras descendía por Ríos impasibles,
sentí que los remolcadores dejaban de guiarme:
Los Pieles Rojas gritones los tomaron por blancos,
clavándolos desnudos en postes de colores.

No me importaba el cargamento,
fuera trigo flamenco o algodón inglés.
Cuando terminó el lío de los remolcadores,
los Ríos me dejaron descender donde quisiera.

En los furiosos chapoteos de las mareas,
yo, el otro invierno, más sordo que los cerebros de los niños,
¡corrí! y las Penínsulas desamarradas
jamás han tolerado juicio más triunfal.

La tempestad bendijo mis desvelos marítimos,
más liviano que un corcho dancé sobre las olas
llamadas eternas arrolladoras de víctimas,
¡diez noches, sin extrañar el ojo idiota de los faros!

Más dulce que a los niños las manzanas ácidas,
el agua verde penetró mi casco de abeto
y las manchas de vinos azules y de vómitos
me lavó, dispersando mi timón y mi ancla.

Y desde entonces, me bañé en el poema
de la mar, lleno de estrellas, y latescente,
devorando los azules verdosos; donde, flotando
pálido y satisfecho, un ahogado pensativo desciende;

¡donde, tiñendo de un golpe las azulidades, delirios
y ritmos lentos bajo los destellos del día,
más fuertes que el alcohol, más amplios que nuestras liras,
fermentaban las amargas rojeces del amor!

Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas
y de las resacas y de las corrientes:
¡yo sé de la tarde, del alba exaltada como un pueblo de palomas,
y he visto alguna vez, eso que el hombre ha creído ver!

¡Yo he visto el sol caído, manchado de místicos horrores.
iluminando los largos flecos violetas,
parecidas a los actores de dramas muy antiguos
las olas meciendo a lo lejos sus temblores de moaré!

¡Yo soñé la noche verde de las nieves deslumbrantes,
besos que suben de los ojos de los mares con lentitud,
la circulación de las savias inauditas,
y el despertar amarillo y azul de los fósforos cantores!

¡Yo seguí, durante meses, imitando a los ganados
enloquecidos, las olas en el asalto de los arrecifes,
sin pensar que los pies luminosos de las Marías
pudiesen frenar el morro de los Océanos asmáticos!

¡Yo embestí, sabed, las increíbles Floridas
mezclando las flores de los ojos de las panteras con la piel
de los hombres! ¡Los arcos iris tendidos como riendas
bajo el horizonte de los mares, en los glaucos rebaños!

¡Yo he visto fermentar los enormes pantanos, trampas
en las que se pudre en los juncos todo un Leviatán;
los derrumbes de las aguas en medio de la calma,
y las lejanías abismales caer en cataratas!

¡Glaciares, soles de plata, olas perladas, cielos de brasas!
naufragios odiosos en el fondo de golfos oscuros
donde serpientes gigantes devoradas por alimañas
caen, de los árboles torcidos, con negros perfumes!

Yo hubiera querido enseñar a los niños esos dorados
de la ola azul, los peces de oro, los peces cantores.
Las espumas de las flores han bendecido mis vagabundeos
y vientos inefables me dieron sus alas por un momento.

A veces, mártir cansada de polos y de zonas,
la mar cuyo sollozo hizo mi balanceo más dulce
elevó hacia mí sus flores de sombra de ventosas amarillas
y yo permanecía, al igual que una mujer, de rodillas...

Casi isla, quitando de mis bordas las querellas
y los excrementos de los pájaros cantores de ojos rubios.
¡Y yo bogué, mientras atravesando mis frágiles cordajes
los ahogados descendían a dormir, reculando!

O yo, barco perdido bajo los cabellos de las algas,
arrojado por el huracán contra el éter sin pájaros,
yo, a quien los Monitores y los veleros del Hansa
no hubieran salvado la carcasa borracha de agua;

Libre, humeante, montado de brumas violetas,
yo, que agujereaba el cielo rojeante como una pared
que lleva, confitura exquisita para los buenos poetas,
líquenes de sol y flemas de azur;

Yo que corría, manchado de lúnulas eléctricas,
tabla loca, escoltada por hipocampos negros,
cuando los julios hacían caer a golpes de bastón
los cielos ultramarinos de las ardientes tolvas;

¡Yo que temblaba, sintiendo gemir a cincuenta leguas
el celo de los Behemots y los Maelstroms espesos,
eterno hilandero de las inmovilidades azules,
yo extraño la Europa de los viejos parapetos!

¡Yo he visto los archipiélagos siderales! y las islas
donde los cielos delirantes están abiertos al viajero:
¿Es en estas noches sin fondo en las que te duermes y te exilias,
millón de pájaros de oro, oh Vigor futuro?

¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras,
toda luna es atroz y todo sol amargo:
El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras.
¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar!

Si yo deseo un agua de Europa, es el charco
negro y frío donde, en el crepúsculo embalsamado
un niño en cuclillas colmado de tristezas, suelta
un barco frágil como una mariposa de mayo.

Yo no puedo más, bañado por vuestras languideces, oh olas,
arrancar su estela a los portadores de algodones,
ni atravesar el orgullo de las banderas y estandartes,
ni nadar bajo los ojos horribles de los pontones.


Arthur Rimbaud
Fuente*

***

El barco ebrio, una composición de Rimbaud que me acompañó durante muchos momentos de mi juventud primaria... Hoy se siente tan fresco, ligero, tan dentro. Sin duda, el climax perecedero es la estrofa que dice:

"¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras, 
toda luna es atroz y todo sol amargo:
El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras.
¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar!"


Poeta. Hermano en las estrellas. En alguna geometría nos abrazaremos nuevamente.

Caminar

Caminar. Conocer el mecanismo mediante el que mueves un pie detrás del otro, sincronizas el ritmo, mueves el cuerpo sabiendo el destino, aunque no siempre es así. Una mecánica simple pero compleja en su más remota concepción. Los campos magnéticos describen la influencia y desgajan con fina claridad lo que más influye sin dejarse percibir. Así entonces, los pasos nacen.

Pero los pensamientos también aprendieron a caminar. La imaginación absorbe con delicadeza el ritmo y el orden de cada movimiento; contenemos en una mirada el germen que habrá de desplomar la obra, la idealizamos; con fuerza mental se desliza cada sendero fugaz que cruza de frente y se va desechando cada posibilidad débil, hasta que una con grandeza suficiente promulga el siguiente giro, el siguiente movimiento. Se logran enormes figuras en el espacio indefinido y logramos, en ocasiones, materializar alguna. Logramos y sentimos regocijo y vida y calor de quien cerca se halla.

Pero los traumas también aprendieron a caminar. La imaginación se oscurece y deja huellas indelebles, fortalezas donde se forman inmensos castillos de solemnidad y reserva. La oscuridad toma el control de los pasos, de los ríos donde las escamas y los llantos que rasparon el bienestar se guarecen aturdidos y de pánico inflexibles. Uno desea despertar cuando se llega a la cima pero se es incapaz. Es la llama insolente la que nos abraza, la que arrasa en ese territorio los sueños y las ilusiones, cierra caminos libres y establece cordilleras de negrura y angustia de difícil acceso. Se sufre y cada uno se petrifica.

Y el destino también aprendió a caminar. Con el acoso de los días arenosos y las figuras claras, oscuras, grises, también se construyen enormes caminos. A cada paso el destino deja impacto imborrable y defiende su magnitud inalcanzable. Las leyes de la física y la lógica tiemblan y se vuelven comprensibles mucho después de lo que uno hubiera deseado. No siempre deja elección, arrastra embravecido, va demoliendo implacable los planes, sueños y deseos que cada uno tanto tardó en concretar en la mente. Todo se reduce a vacuos recuerdos de lo que pudo ser. Todo deja manchas de luz y oscuridad y miedo y astucia y vida. Todo se reduce a haber vivido, a la historia inconfundible, a la necesaria, a la concreta e inevitable historia. No hay escapatoria.

Pero también los años y el tiempo y las victorias aprenden a caminar. Con el derrumbe de la independencia, los sigilos de nuestra existencia construyen lo que somos y seremos dejando huella imborrable en lo que fuimos. Se borra nuestra independencia y vamos viendo debilitarse al arbitrio, el que libre soñó ser. Dejamos la cordillera de los tropiezos, nos deslizamos en el tobogán de las hazañas y los triunfos sufridos, nos los bebemos y los atesoramos. Compensamos el error con la sacudida y arremetemos. A veces el lodo surge infame y a veces la lluvia nos purifica. Y siempre termina construyendo nuestra historia.

Así se construye el conjunto de miles de pasos caminados, de tipos y formas incomprensibles y superables; se nos permite dejar legado y sobrevivencia. Así dejamos marcado el destino. Así dejamos en la arena leves marcas en espera de la gigantesca ola de horas que habrá de borrarlas. Y nosotros con ellas.


Caramel

Tal vez no haya una mejor forma para describir la situación, esto es Viviendo Música:


I've gotta get over
I've gotta get over
I've got to get better
Will love you forever
I've gotta find genius
I've gotta get better
I've gotta stop smoking
I've gotta get better

Caramel Caramel...

Where is the magic?
I've gotta get better
Oh lord give me magic
I'll love you forever
I've gotta find mounts hill
And live by the mountains
I'll love you forever
You are...And you are...

Ablución

Una vasta y radiante playa desierta
consume insolente y reflexiva
todas las cicatrices de la caverna

Repetitiva sinfonía de encuadre,
roto,
partido en mil graciosas partes,
avasallante rodaje de crudos pensamientos.

Yo te bendigo.
Lo digo, lo repito en el precipicio;
bendigo la cascada inagotable,
la rotonda de sueños comunes
y la vejez no consumada expulso;
nada queda ante la imprudente felonía.

Voces que taladran.
Instrumento de la tundra en la espalda.

Ablución de ti. Ablución lograda.
Canción plañidera. Exacta. Mortuoria.


A quien corresponda.

Las palabras hechas música e ideología crítica de un simple punto de vista. Los malos entendidos a base de imponer la autoestima a la razón y los traumas a la imparcialidad.

Mueran los idiotas. Por eso moriré y pronto.


Morrissey. The World Is Full Of Crashing Bores.

You must be wondering how
The boy next door turned out
Have a care, But don't stare
Because he's still there
Lamenting policewomen policemen silly women taxmen
Uniformed whores, They who wish to hurt you, Work within the law
This world is full, So full of crashing bores
And I must be one, 'Cos no one ever turns to me to say
Take me in your arms, Take me in your arms, And love me

You must be wondering how
The boy next door turned out
Have a care, And say a prayer
Because he's still there

Lamenting policewomen policemen silly women taxmen
Uniformed whores, Educated criminals, Work within the law
This world is full, Oh oh, So full of crashing bores
And I must be one, cos no one ever turns to me to say
Take me in your arms, Take me in your arms
And love me, And love me

What really lies, Beyond the constraints of my mind
Could it be the sea, With fate mooning back at me
No it's just more lock jawed pop stars
Thicker than pig shit, Nothing to convey
They're so scared to show intelligence
It might smear their lovely career

This world, I am afraid, Is designed for crashing bores
I am not one, I am not one
You don't understand, You don't understand, And yet you can
Take me in your arms and love me, Love me, And love me

Take me in your arms and love me, Love me, love me
Take me in your arms and love me, Take me in your arms and love me.


Muestras un poco más concretas.

Fácil caminar entre los ruedos citadinos. Avanzar por espirales cada vez amplias lleva consigo un cansancio natural pero extraordinario. Puedo sentir el golpeteo del cambio, el acelerador forzando a fondo... la sangre en ebullición. Cadáver enloquecido.

En el misterio del ente descubierto, es fácil confundirse, perder ante la mínima distracción. El congelado suizo abrirá para entonces con lujo en los detalles.

La velocidad consume combustible, exige más recursos; pero abarca lados oscuros y embiste por la espalda. También colocaría sensores terribles pero confiables.

Ojos sin brillo. Agregaré que los recuerdos principian con la muerte de cada uno.

La estrella no se moverá. Tampoco alcanzará niveles tensos pasadizos. Alcanzar el misterio, destruirlo palabra con palabra... Momificar el aire y guardar su aroma para el más allá.

Spiralidocoo acostumbrado.

Camino rojo

Camino rojo. La inercia de la emancipación prolonga la astucia; provoca torneos de lunas abiertas y pláticas sobre la miseria.

Los costos de la noche son abiertos. Menguante la portería del cuerpo entre la lozanía del viento y los acurrucados cuerpos desnudos, humedecidos por el contacto.

La sirena viento en popa, los cabellos redondos.
La ejecutante mariposa y los altos vuelos alcanzados.

Camino rojo. Cuerpos enrojecidos por la marea de las caricias; vuelvo a decir que me parece extraño recurrir a somnolientas frases para describir mi desánimo.
Vuelve a ocurrir que muera la gloria de los enamorados en busca de crisoles y frenesí.

Gotas de cuero en la garganta. Abismo impresionante dentro de la piel.

En más de una ocasión, los cuerpos vibrando avanzaban en busca de rapiñas y coloridos frutos de silvestre nacimiento. Los cuerpos alimentados recurrieron al mar y la costa para refrescarse.
Los cuerpos hallaron especies desconocidas, emocionantes miradas se gestaban a cada instante y su placer se veía corto en comparación. Entendían su pequeñez.

Comieron y luego se comieron. Abrupto el momento de separación; al mojarse un ave sobre los días escupió semanas y luego meses. Algún día volverás, gritaba ella y recurría siempre al ave en busca de más.

Recurso tácito para enamorarse de un sentido inerme al sufrimiento humano.

Cómo enfrentar una muerte segura. Y vivir para contarla.

A los trece años, días más o días menos, ingerí intencionalmente una cantidad importante de pastillas, DDT (insecticida) y leche buscando suicidarme. Evidentemente fallé.

Desde aquel lejano día comprendí que la única forma de mantenerme en este asqueroso planeta, rodeado de gente infame era haciéndome a la idea y encontrar la manera de sobrellevarlos. En realidad nada complicado, ¿no?

La única forma de enfrentar y escapar una muerte segura, es viviendo la vida sin límites. Todo aquel que se cree eso de "Nada con exceso, todo con medida" es un estúpido sin sesos ni pizca de identidad. Las personas que actúan así son las que deberían verdaderamente morir pronto, suicidarse (pero bien, no como yo) pero en chinga, Ip so facto, inmediatamente acaben esto de leer.

William Blake lo escribió en el glorioso volumen "Las bodas del cielo y del infierno": El camino de lo excesos conduce al palacio de la sabiduria"

Todo aquel que mediana o lejanamente me conozca sabe que toda mi existencia ha estado marcada por el exceso. Comencé a fumar a los 11 años, a beber alcohol a los 12, cannabis a los 16 y he tenido intervalos gloriosos pero olvidados de toda la clase de drogas y enervantes destructores del cuerpo humano (OJO: destruyen el cuerpo, no el espiritu) He sido tachado, mi compañía ha sido prohibida, se han burlado de mí, he estado varias (muchas) veces encarcelado, me han aplicado otras tantas la ley del hielo, y muchos, muchos etcéteras más.

De mí han dicho todas las clases de calificativos imaginables en sentido reprobatorio: que voy de lo sublime a lo ridiculo, que no hay peor compañía, que soy feo, engreído, mamón, basura, oveja negra, un don nadie, que no llegaría ni a la esquina, aplanacalles, que voy de la cima al pozo. Yo me digo que de la muerte saqué la vida: Ese es mi secreto.

Federico Nietzsche tiene una frase (por cierto, me caga que ahora haya tipos que sin tener puta idea digan "Es que soy nietzscheano", hijosdesuputamadre!!!) "Lo que no me mata me hace más fuerte"

La muerte no mata, quien mata es la vida.

He logrado separar mi mente del cuerpo y por ello puedo contaminarlo tanto como me plazca y mantener a mi mente limpia, capaz de tolerar, superar y condicionar todas las partes materiales perfectamente estables para lograr mis objetivos, mis propios objetivos. No esas pendejadas que te ponen en la escuela o en los trabajos.

Desdeñé el sistema educativo nacional porque siempre me pareció inferior a mi capacidad. Siempre he sido un ente contra la corriente, he navegado siempre cuesta arriba. He martillado. He muerto cientos de veces.

Y ahora solo quiero contarles que al final la meta es la misma: morir en definitiva pero dejar el rastro inconfundible de nuestro paso, si dicho rastro no quedase, mejor valdría no haber nacido.

Y la verdad, ¿a quién le sigue pareciendo viable ocupar espacio en nuestra mente con tonterias como la religión "y así"???

No mamen, hagan algo ya por ustedes mismos. Vivan en el exceso.

A menos que le tengan miedo al qué dirán.
A menos que quieran seguir dejando que alguien siga tomando las decisiones por ustedes.
A menos que su objetivo de vida sea morir siendo parte del tercer mundo.
A menos que quieran salvarse como no lo querría Benedetti

A menos que en el fondo, quieran seguir siendo uno más.

Basura

Acepto mi condición basura aunque siempre me sentí mucho más cercano al término "sucio". También acepto que todos los sueños bizarros y exagerados mantenían mi cuerpo con cierta y relativa tranquilidad a pesar de saber plenamente que la vida se iba con plena seguridad y picada, derechito a la gaver. Acepto eso y el montón de cosas que he ingerido, chupado, inyectado, esnifado, fumado y todo lo demás.

Acepto los regodeos como circunstancia propia de la visión que marcó mi adolescencia. Los roces con todos los que me rodeaban, nacidos infortunadamente desde que la relación entre mis padres no fue nunca de amor sino de morbo. La destrucción intelectual del niño en busca de sentido y confusión hueca que nadie supo nunca descifrar. La personalidad ecléctica, triste, deprimida y oculta... Todos los días lloraba y nadie se daba cuenta...

Acepté la situación y la afronté. Superé las humillaciones y burlas de compañeros en la escuela, de mi familia, de mis pocos amigos. Nunca siquiera tuve una novia hasta los quince y también esa relación estuvo maldita. Siempre me sentí la piedra en el zapato, el que estorbaba, el que mejor no debió nacer... Estoy seguro ahora que sí que fui resultado de una mala noche de alcohol y cachondeo sin amor.

Y para colmo fracasé cuando intenté suicidarme a los 13. Y los 18 y a los 27... Siempre ha pasado algo que no me deja llegar al objetivo.

Acepto la condición de basura que me tocó ser. Acepto que nunca seré libre por completo. Y ahora me siento emocionado porque parece que mi sueño está cerca.

Ya no tengo nada más por lo cual deba seguir con vida. Tal vez los extrañe.

Químico Soy

Revientan el orbe los sonidos de la madrugada.
Grillos que canturreando abren las piernas de la noche
y se inscriben junto a su piel de incierto color,
mas no de destello fúnebre al fin y al cabo.

Color redondo en la mogijata espesura
aromas de abdomen adormecido
por la cigarra y la bayoneta del frenesí: pánico en la estrella más alta
en la estrella de la risa enloquecida
frenético destello en la mirada de ojos cerrados
y en el juguete de las aceras de la nada.

Color de la rumba y el sordo rumbo,
sórdido y lúgebre mantel recorre y cubre
todo el iris del insomnio hecho fanático.
Atrapa el fuego negro y paralelo al blanco
y lo atrapa y lo embulle y lo traga:
Mástil de PVC, círculo de los polícloruros,
abandonado y a tus pies estoy.

Polímero del monómero de cloruro de vinilo
es como vienes y es como te quedarás.

Químico buscador de fabulación y lamento soy.

Alto.

Tengo la mente perdida en la vía láctea.

Etéreo busco entre sueños su presencia: el tacto lascivo con que sus manos arrasaran mi epidermis, es la medida con la que la muerte implacable condicionará los días consecuentes.

Hablar muy alto. ALTO. Alto en el nombre impronunciable del sentimiento prohibido que vuela y aterriza en la cornisa abandonada de la constelación construida con mi pasado. Alto precio pasado y cotidiano. Si mi nombre gritara lo haría pronunciando el tuyo, oculto néctar en la verde coraza citadina.

Brumacielo. Acostumbro la vista a morir cada día para que renazca al atardecer mirándola.

Hablo de morir con la punta de la vida escurriendo vida, con la canasta de satisfacción y vivencias derramándose por el sendero que cada uno pisa. Hablo de morir ahogado de alegría, de morir exhausto de tanto amar, seco, sin nada... vacío, es como uno a la muerte debe llegar.

Trabajemos en ello.

Reinvención

Oleadas de mensajes, de sentimientos encontrados, sube y baja emotivo. En ocasiones mi hora más queda se cierra y se escucha a sí misma, murmurando por lo bajito, gritando para sí, pernoctando poco... Pero otras más asciende lenta, desconfiada de los alrededores, dictando reseñas de una o dos o más vidas; cubierta con los rayos del sol cuando calienta suavecito, se agolpa intrépida y atolondra la emancipación de las ideas en circuitos cambiantes de filosofía de tocador.

Arrogante selección de axiomas. Encuentro mi cuaderno abandonado en la banqueta: tiene tu retrato guardado en su memoria y las miles de líneas trazadas sobre él acurrucan miedos y configuraciones de simetrías oscuras. Albricias a la vida. Desperté de la pesadilla homofóbica y ahora irrumpe traviesa la nostalgia avasalladora. Cálculo impreciso.

La música me cobija amable. He blindado las paredes iracundas con sonrisas y enfoque crítico directo al meollo que solicita atención inmediata, furtiva. Seré irreverente conmigo mismo y dócil frente al sistema, enmascarado afrontaré mi audacia y la senectud habré de aguardar con sendas dosis de hipocresía que así convendrá a mis intereses.

Después abrazaré por siempre a mi sombra.

GRACIAS S.M.

Hoy me reencontré conmigo como hacía mucho no lo hacía. Sonreí, lloré, me sentí pisoteado, humillado, omnipotente, desconsolado, eficiente, nostálgico, enamorado, desilusionado, fuerte, débil, tembloroso, amigo, aliado, confidente, galán, observado, triturado, apenado, acongojado, poeta, uno más, odiado, despreciado, torpe, enajenado, enojado, dubitativo, intelectual, importante, prescindible, amado, feliz, ingrato, loco, ignorante, invisible, enfermo, parlanchin, comediante, filósofo, urgido, impuntual, desobediente, lúdico, comprensivo, padre, hijo y espíritu santo.

Gracias a todo eso, me dí cuenta de que no pertenezco a este mundo, de que mi vida está trazada desde hace mucho, pero mucho tiempo atrás y que no puedo escapar de ella, que es muy tarde para mí, que no soy el que quiero ni el que deseo ni siquiera un poco, pero soy el que soy y por fin me atrevo a pararme frente al espejo y no desviar la mirada. Gracias a un gracioso y desafortunado suceso me di cuenta de que ser lo que pretendía ser no se acopla a mí, es decir, la poesía no es mi camino, por más que haya intentado meterla en mis venas durante estos cortos treinta y cinco años que llevo respirando en esta tierra, al menos no por ahora.

No se puede chiflar y comer pinole, dice mi Abuela. Me enfocaré a lo que es prioridad por ahora, trabajo y familia... al fin y al cabo, habrá tiempo para todo y nunca es tarde para enfocarse (que no centrarse) en lo que debe o no hacerse. Gracias hombre sabio, viejo lobo de mar y amigo, a pesar de todo, @eseMendiola...

Y para celebrar, he desempolvado todas las entradas de mi blog antiguo, Pláticas sobre la miseria y las he publicado aquí, en este rincón de un exilio que dejó de serlo hace poco más de medio año, pero sólo de forma física, porque en mi mente hasta hoy dejé de estarlo.

Tengo muchas ganas de llorar, pero eso mis amigos, sólo será hoy y al fin, por fin, de una vez por todas. Hoy les grito a los cuatro vientos en la cara: SOY LIBRE.

Miedo de

No te tengo miedo. No después de arrasar todo lo que me habitaba, después de gritar y manifestar el gran reflejo hasta que me consumí por completo.

Ahora te miro desde arriba, te observo incauta y hasta abusiva. Tundra en tu piel, dormías fría y dormías a mi lado: la casa se incendiaba pero eras incapaz de sentir nada.

Antes derretía mis ideas en poemas rosas dedicados a tu sonrisa, sutil e inteligente, suspicaz incisiva. Adoraba los trazos de tu pelo sobre mi brazo, haciendo vibrar todas las fibras que tuve vivas alguna vez.

Y tampoco pude llorar como debía. Tampoco inserté mis ideas tras tu recuerdo para revivir los momentos, flashear la terrible soledad. Esa soledad acudió intensa a derrapar por todos lados y a curar heridas con saliva. La misma soledad que te miró de frente y tuviste miedo de volverlo a hacer. Sufriste un gran impacto y te quedaste petrificada. ¡Qué remedio!

Reviviré con tu recuerdo. Muero de honor destrozado, humillado por amar a un ente destrozado por experiencia propia y ahora, disuelto mientras más perverso.
Las alondras me cierran el paso, daré media vuelta y sonreiré con nostalgia.

Vuelo.

Descubro asombrado que tengo mucho que decir; nada mal para un ermitaño hipócrita deambulando en busca de una vida más estable, menos áspera; con mucha pena declaro que hasta incluso siento un compromiso pueril hacia la desintoxicación.

Descubro aún con mayor sorpresa el claroscuro azulado y gris del cielo citadino, el enfoque desinteresado de las banquetas sucias, la paredes grafiteadas suspirando, la rapidez y la asfixia, el ego desnudo, la vida acelerada. La raza me recuerda lo que he dejado pasar.

Los rastros de una existencia renovada seducen los gruesos anales de un efímero, paupérrimo ensayo de treinta y tres años que acumula el ciento por ciento de imágenes en el cerebro. El amanecer es la promesa vuelta realidad, pero el anochecer, la lenta caída de la oscuridad palmo a palmo en el horizonte, ese, ese es el fuego seductor del romancero, la pasión del cortejo entre dos seres desconocidos, la fruta prohibida coqueteando ante el hambriento; esta sed intolerable, intoxicante, es la materia prima de embriagadora y perturbadora moción, fuerte emoción.

Todo inicia con el silencio descubierto; todo termina con la voz a flor de piel y la tortura simple de un capullo abandonado en busca de un vuelo sin descifrar.

Idea.

Encontré la idea precisa, el sospecha interna del dulce dolo en el lugar menos esperado. Ahora que la acaricio, la cubro con mis pensamientos y la preciso, ahora que el susurro inerme de la panacea abarca mis atolondrados sentidos y el reflejo de las brujas en el techo dejan siluetas difuminadas, ahora que la miro con los ojos cerrados y las bujías han perdido su esplendor debilitado, su nimia luz; justo ahora encuentro esa idea escurridiza que tantas noches de insomnio mojado y debilidad cerebral costara.

Justo ahora que la tengo, entiendo que debo desecharla.

La hora

El momento ha llegado. A las 4 de la tarde de hoy en el Palacio de Minería, en el Auditorio 2 se hará la presentación de la colección de Poesía de la editorial Estigia dentro de la cual el libro "Cantos para Eliluna" hará presencia.

No sé si esto sea bueno o malo o lo que sea, pero a entrarle al toro por los cuernos. Si pueden, hagan algo productivo y auséntense de este evento.