Ecosistema
En los brazos de un sueño. Abrir los ojos, recobrar un poco de lucidez y comprender que se está dormitando en los brazos de un sueño, una imagen subversiva que envuelve y descompone los arterias ilusorias de la existencia. Un artilugio de control mental interno, casi imperceptible, casi inmanejable, casi autodestructivo.
En los brazos de un escorpión zurdo. La excelsa suavidad de su epidermis es fuera de este mundo y sólo puede inferirse a través de un roce, a través de su intencional sensualidad escondida con cerrojo, detrás de la silueta deslumbrante, de la pureza en la mirada.
Abrir los ojos y encontrarse con un sueño hecho mundo; abrir los cielos con un grito inhumano para describir al corazón bombeando a una velocidad que incinera las venas. Venas siendo raudales sanguíneos y carbón de locomotora, ardiente: lava hecha del deseo intemporal, de la añoranza purificadora y liberal por donde arrasa.
Un sueño hecho mundo en la baja guardia. Desnudo en el alfeizar de la fumarola, sentir la elevación sutil desde el fondo de la existencia. Amotinar los atardeceres y conjurar los advenimientos con albricias. Momificar los sinsabores.
Anidar con soltura célula con célula, molécula con molécula. Integrar los vacíos mutuos. Rellenarlos con más vacío y sublimar la fuga.
Hibernar en brazos de ensueño.
Y después, sin más, caer fulminado en su ecosistema.
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