Más sobre la hipótesis

Nelly. Es un nombre corto, incluso tal vez presuntuoso. Pretencioso. Su brevedad busca la aprobación de quien lo pronuncia sin chistar, obliga a repetir el sonido, mentalmente, para degustar el equilibrio y la dulzura emparejadas en unas cuantas letras; el aroma atípico en una palabra, la fugacidad vuelta anzuelo poderoso pero ajeno a la comprensión inmediata. Es un arma de efecto lento pero contundente.

Y la medida precisa en los ojos arde en consecuencia, combinación perfecta de ilusiones pasadas; cuerpo recto y hecho a la medida. Con los brazos largos y sueltos, la piel no solo recrea ciertos pasajes de sueños olvidados, si no que incluso, siembra, a cada instante, algunos más por venir.

También se le percibe al igual que a un salvavidas, esa ráfaga celestial que empuja la balsa con brío hacia la playa para poner fin a los días de naufragio; una lluvia pertinaz y reconfortante a la sed después de una sequía implacable.

Es una teoría de las ideas pensar en ella. Los pensamientos son poderosos mecanismos de automanejo que contemplan, siempre en detrimento nuestro, expectativas que no se cumplirán jamás. Lo más cercano que llegamos nos consuela en un alto porcentaje de ocasiones, pero a costa de medir lo habido contra lo que pudo ser. Más allá de las palabras y las ideas, habita este destino que hoy se oculta en la cortina del tiempo.

En la corte de los sueños, la imagen que más se presenta siempre será la indicada.

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