Más y más

El abismo de su mirada es completo. Y quiero decir universal, entero, único... Por ejemplo, la sonrisa íntegra y la voz modulada crean una atmósfera celestial, en ella flotan trozos de sublime inspiración y mágica calidez; la fluctuación entre respiro y respiro es lenta, rompe la rigidez, todo es azul.

Pero el abismo de su mirada es completo. Es un sitio que te traga, que de forma contundente avasalla las ideas y en definitiva deja hueco el seso. Acaso una bala pérdida en la inmediatez de la existencia, un ángel caído, salvavidas. La ilusión crece conforme las sílabas escapan del teclado, crean redes magnéticas enloquecidas por la famélica silueta en que habita y desatan oraciones silenciosas enfocadas a una nueva era de fascinación y esperanza. ¡Si al menos existiera un camino infalible! Pero eso en realidad opacaría la conquista, sería una escalada motorizada sin semblante restaurador.

La magia, para serlo y existir, necesita indistintamente del mago.

La primer palabra, un saludo tímido e inconcluso. La primera reacción ante el cruce de miradas, una indefinible adoración al ensueño. No se trata de compaginar una personalidad en otra, incluso acaso devenir en lento desahucie; no se trata de sobrevivir la afasia de la vida propia de uno... incluso no se trata de uno mismo.

Distinguir el deseo de la necesidad es cortejo de la  mente con el alma. El debate complica la lucidez interna, las llamas de la incertidumbre corrompen la seguridad y trastornan los recovecos de empuje e impulso que a la luz habrían de guiar. Se ven inconclusos pero no rotos. Tal vez lo correcto sea decir pausados, en una anonadación espaciada en el tiempo con miras a la reactivación físico mental en cuanto el contacto fluya ligero en confidencia.

So, es una ligera y prematura visión de lo que sería. El abismo aún arrastra con la decencia de permitir lamer las heridas hasta la sanación mientras la mente continua con la divergencia constante, sin la cual la existencia sería intolerable.


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