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Ecosistema
En los brazos de un sueño. Abrir los ojos, recobrar un poco de lucidez y comprender que se está dormitando en los brazos de un sueño, una imagen subversiva que envuelve y descompone los arterias ilusorias de la existencia. Un artilugio de control mental interno, casi imperceptible, casi inmanejable, casi autodestructivo.
En los brazos de un escorpión zurdo. La excelsa suavidad de su epidermis es fuera de este mundo y sólo puede inferirse a través de un roce, a través de su intencional sensualidad escondida con cerrojo, detrás de la silueta deslumbrante, de la pureza en la mirada.
Abrir los ojos y encontrarse con un sueño hecho mundo; abrir los cielos con un grito inhumano para describir al corazón bombeando a una velocidad que incinera las venas. Venas siendo raudales sanguíneos y carbón de locomotora, ardiente: lava hecha del deseo intemporal, de la añoranza purificadora y liberal por donde arrasa.
Un sueño hecho mundo en la baja guardia. Desnudo en el alfeizar de la fumarola, sentir la elevación sutil desde el fondo de la existencia. Amotinar los atardeceres y conjurar los advenimientos con albricias. Momificar los sinsabores.
Anidar con soltura célula con célula, molécula con molécula. Integrar los vacíos mutuos. Rellenarlos con más vacío y sublimar la fuga.
Hibernar en brazos de ensueño.
Y después, sin más, caer fulminado en su ecosistema.
Dama Petricor
Su aroma a petricor repentino, suficiente para llenar la estancia, recorre pleno todo el aparato respiratorio, descargando uno a uno los sentidos, purificándolos, mitificándolos. Cada célula en mí ruge, se enerva endemoniada, trasciende.
Más que palabras por decir, todo se resume a la necesidad desbordante de su presencia, de su aroma petricor, de su existencia petricor, de solvencia petricor.
Inmanente al delirio, la curiosa expansión de mutuos pensamientos de uno hacia el otro y viceversa, fue insólita, unánime, indeterminada. Un segundo antes no existían, al siguiente ¡Chaz! Allí estaban, incipientes, incisivos, inevitables. La cordura comenzaba a distinguir su paso entre cientos de locuras posibles, calabozos interminables de paraíso y por ende, de trágico desenlace.
Inmanente a la quimera del mundo feliz huxleyano, fractal de sinrazón, la memoria no registraba antecedente alguno, corría y se dejaba extasiar más allá de lo que ambos queríamos. Pretensión acaso de saber qué quería ella, mas yo presagiaba sus emociones etéreas, aspiraba su recuerdo petricor y exhalaba frases poetizadas en pro de mi estabilidad mental.
Sin control de los latidos, sin miramientos precautorios en pro de la salvaguarda nerviosa, estructural de la cordura, sentí un mazo de temor a nuestras espaldas; todo esto puede llegar a asustar, ¡y cómo no! Imaginé en muchas ocasiones que la celda más fría estaba entre la gente, rodeado de múltiples personalidades que solo pululaban en una utopía que servía de paso entre este mundo y el siguiente. Pero ahora, no podía evitarlo. Nos miramos y fue una inquebrantable mutación entre dimensiones más fuertes que cada uno.
Veo la imaginaria carretera. Se va creando a pasos lentos el camino sólido hacia la última parte del viaje; ya se van haciendo los faroles fuertes, los caminos rotundos. Y la lluvia aumentará con sigilo la existencia inmaterial de ella, la Dama Petricor.
Más que palabras por decir, todo se resume a la necesidad desbordante de su presencia, de su aroma petricor, de su existencia petricor, de solvencia petricor.
Inmanente al delirio, la curiosa expansión de mutuos pensamientos de uno hacia el otro y viceversa, fue insólita, unánime, indeterminada. Un segundo antes no existían, al siguiente ¡Chaz! Allí estaban, incipientes, incisivos, inevitables. La cordura comenzaba a distinguir su paso entre cientos de locuras posibles, calabozos interminables de paraíso y por ende, de trágico desenlace.
Inmanente a la quimera del mundo feliz huxleyano, fractal de sinrazón, la memoria no registraba antecedente alguno, corría y se dejaba extasiar más allá de lo que ambos queríamos. Pretensión acaso de saber qué quería ella, mas yo presagiaba sus emociones etéreas, aspiraba su recuerdo petricor y exhalaba frases poetizadas en pro de mi estabilidad mental.
Sin control de los latidos, sin miramientos precautorios en pro de la salvaguarda nerviosa, estructural de la cordura, sentí un mazo de temor a nuestras espaldas; todo esto puede llegar a asustar, ¡y cómo no! Imaginé en muchas ocasiones que la celda más fría estaba entre la gente, rodeado de múltiples personalidades que solo pululaban en una utopía que servía de paso entre este mundo y el siguiente. Pero ahora, no podía evitarlo. Nos miramos y fue una inquebrantable mutación entre dimensiones más fuertes que cada uno.
Veo la imaginaria carretera. Se va creando a pasos lentos el camino sólido hacia la última parte del viaje; ya se van haciendo los faroles fuertes, los caminos rotundos. Y la lluvia aumentará con sigilo la existencia inmaterial de ella, la Dama Petricor.
¿Y sí...?
¿Y si toda la música del mundo no fuera suficiente? ¿Y si aún con la energía completa desde el fondo del universo no desapareciera la fatiga?
Imaginen. Un simple roce acelera el ritmo bajo las circunstancias adecuadas. En los momentos precisos.
Es respuesta, reflejo del ego. Una representación mental que ocasiona colisión subconsciente de la química orgánica. Por ello no es exagerado describir como droga a una persona o a un elemento que desata miles de reacciones en el interior. Por ello no es descabellado encontrar tragedias como las descritas por Shakespeare o Moliere. Y tal vez por eso tampoco sea decir que el mundo gira, nada más... por esa misma razón.
Si por un momento desaparecieran en sincronía de todos los humanos los pensamientos, digamos, negativos, que pueden ir desde sentir celos, enojo, envidia, frustración y los miles de etcéteras posibles y en su sitio, solo por un minuto, solamente por 60 segundos, todos pensáramos en lo bello, en lo bien que estamos al tener vida, en lo agradecidos que debemos estar al final de todo... no importando las circunstancias, no importando las afrentas pasadas, ni las derrotas ni las consecuencias que estemos pagando o sufriendo... no dejando que nada tuviera más valor que mirar al frente y olvidar los pasos dados, solamente sonriendo y aceptando que así será en adelante... ¿qué pasaría?
¿Qué podría ocasionar una descarga de energía tan blanca en el mundo y en el universo? ¿Colapsaría el sistema solar, la galaxia? ¿Se acabaría el mundo? ¿Qué pasaría?
En una noche si hacemos el ejercicio que muchos han comprobado y sonríen y duermen con una sonrisa y piensa durante 30 segundos con esa sonrisa pintada en todo por lo que debemos agradecer a la vida y al universo, ¿qué pasaría en el día siguiente de todos? ¿qué colapso oscuro se destruiría?
¿Qué necesitamos para lograrlo?
¿Alguien...?
Imaginen. Un simple roce acelera el ritmo bajo las circunstancias adecuadas. En los momentos precisos.
Es respuesta, reflejo del ego. Una representación mental que ocasiona colisión subconsciente de la química orgánica. Por ello no es exagerado describir como droga a una persona o a un elemento que desata miles de reacciones en el interior. Por ello no es descabellado encontrar tragedias como las descritas por Shakespeare o Moliere. Y tal vez por eso tampoco sea decir que el mundo gira, nada más... por esa misma razón.
Si por un momento desaparecieran en sincronía de todos los humanos los pensamientos, digamos, negativos, que pueden ir desde sentir celos, enojo, envidia, frustración y los miles de etcéteras posibles y en su sitio, solo por un minuto, solamente por 60 segundos, todos pensáramos en lo bello, en lo bien que estamos al tener vida, en lo agradecidos que debemos estar al final de todo... no importando las circunstancias, no importando las afrentas pasadas, ni las derrotas ni las consecuencias que estemos pagando o sufriendo... no dejando que nada tuviera más valor que mirar al frente y olvidar los pasos dados, solamente sonriendo y aceptando que así será en adelante... ¿qué pasaría?
¿Qué podría ocasionar una descarga de energía tan blanca en el mundo y en el universo? ¿Colapsaría el sistema solar, la galaxia? ¿Se acabaría el mundo? ¿Qué pasaría?
En una noche si hacemos el ejercicio que muchos han comprobado y sonríen y duermen con una sonrisa y piensa durante 30 segundos con esa sonrisa pintada en todo por lo que debemos agradecer a la vida y al universo, ¿qué pasaría en el día siguiente de todos? ¿qué colapso oscuro se destruiría?
¿Qué necesitamos para lograrlo?
¿Alguien...?
Fin del capitulo "Decadencia"
Cuando la mente abraza con fuerza la idea de avanzar, avanza. Recuerdo el poema de Nietzsche, "De la pobreza del más rico" (es un fragmento, completo lo pueden leer dando click aquí):
(...)
Mi alma,
insaciable con su lengua,
ya ha lamido todas las cosas buenas y malas,
se ha zambullido en toda profundidad
Pero siempre, como el corcho,
siempre vuelve a flote,
revolotea tornasolada como aceite sobre pardos mares:
por esta alma me llaman el dichoso.
(...)
Así pues, el dichoso seré. Hombre de corcho, vuelvo a flote a causa de mis dotes y no a pesar de ellos. La selvática misión que está enfrente será completada. ¡Terminó la decadencia!
Inicia la era de la transmutación existencial: llegar a ser quien eres es fácil con una constelación vigía e inspiradora. Nada ha habido, pero de ni de cerca que pueda compararse... Afortunadamente para mí, la evolución siempre premia los pasos, incluso los lodosos, incluso los pasos en falso son recompuestos. Hijo del Universo, protegido de los alados. La virtud habré de consumar, pues, con la Constelación.
Así sea.
(...)
Mi alma,
insaciable con su lengua,
ya ha lamido todas las cosas buenas y malas,
se ha zambullido en toda profundidad
Pero siempre, como el corcho,
siempre vuelve a flote,
revolotea tornasolada como aceite sobre pardos mares:
por esta alma me llaman el dichoso.
(...)
Así pues, el dichoso seré. Hombre de corcho, vuelvo a flote a causa de mis dotes y no a pesar de ellos. La selvática misión que está enfrente será completada. ¡Terminó la decadencia!
Inicia la era de la transmutación existencial: llegar a ser quien eres es fácil con una constelación vigía e inspiradora. Nada ha habido, pero de ni de cerca que pueda compararse... Afortunadamente para mí, la evolución siempre premia los pasos, incluso los lodosos, incluso los pasos en falso son recompuestos. Hijo del Universo, protegido de los alados. La virtud habré de consumar, pues, con la Constelación.
Así sea.
La noche dio a luz.
Caminé con cierta inquietud hacia la salida. Ante la puerta, un guardia de seguridad revisa mis cosas, un ritual que cada día debemos seguir a la hora de retirarnos de la oficina. No hay sorpresas, todo en orden, adelante.
Horas antes había logrado acercarme, no sin timidez, por supuesto, no sin la inseguridad que corrompe las ideas y bloquea la sinapsis. Intercambie algunas palabras, ideas y cuestiones sobre cosas aleatorias, sobre maestros y enseñanzas. La sorpresa fue brutal pero en definitiva dentro del marco de lo sublime. Una experiencia clara y atemorizante por contundente. Una experiencia que dejó sin aliento la tarde y que dictó indiferente el panorama lleno de lucidez, de esperanza.
Caminé rumbo al auto de mi comparsa. El día clareaba y no dejaba dudas sobre la posible vuelta de tuerca que se aproximaba. Y allí estaba, caminando detrás de mí, detrás de cada centímetro de la calle, transcurriendo ligera, noble, precisa. Y el cielo se abrió con delicadeza para permitir que los cálidos rayos solares cubrieran en su moribundo estado cada centímetro de nuestros cuerpos.
Me acerqué. Se detuvo. Le hablé, me escucho. Nos detuvimos frente al auto y la noche se detuvo en su avanzar. No había sigilo que interrumpiera el encuentro. No había más que recuerdos de algo que no conocí pero que debía suceder sin remedio. No había más que infinito en el horizonte. La realidad se desplazó de la oscuridad y permitió que el aire llegara de nueva cuenta y con su ligereza intrínseca pero bien oculta, hasta la rotonda de las sensaciones muertas que albergué durante el peregrinar alicaído.
Así que decidimos beber cerveza y comer pizza. Y decidimos reír y charlar y descansar. Decidimos que el letargo que nos asfixia descansara de ser letargo y fuera un momento estival en cada poro. La luz de la noche cubría la atmósfera y el fuego de cada sílaba pronunciada traspasaba la cadena de estupor y bloqueo sensitivo que detenía la fluidez existencial horas antes.
Claro que el imán se manifestó con todo su poder y un lazo invisible ató envalentonado nuestras existencias; un deseo incapaz de liberarse de la compañía. Una ráfaga de ensueño, coincidencias cósmicas y más allá... más allá una luz en su sonrisa que petrifica y permite recobrar el anhelo de respirar firme de nuevo.
Medianoche. Baile telúrico horas después. Marcha de ideas en un espacio inconcebible por desconocido y un desenfrenado martilleo en el centro de bombeo de sangre de nuestros cuerpos.
La noche dio a luz un zurdo escorpión.
Horas antes había logrado acercarme, no sin timidez, por supuesto, no sin la inseguridad que corrompe las ideas y bloquea la sinapsis. Intercambie algunas palabras, ideas y cuestiones sobre cosas aleatorias, sobre maestros y enseñanzas. La sorpresa fue brutal pero en definitiva dentro del marco de lo sublime. Una experiencia clara y atemorizante por contundente. Una experiencia que dejó sin aliento la tarde y que dictó indiferente el panorama lleno de lucidez, de esperanza.
Caminé rumbo al auto de mi comparsa. El día clareaba y no dejaba dudas sobre la posible vuelta de tuerca que se aproximaba. Y allí estaba, caminando detrás de mí, detrás de cada centímetro de la calle, transcurriendo ligera, noble, precisa. Y el cielo se abrió con delicadeza para permitir que los cálidos rayos solares cubrieran en su moribundo estado cada centímetro de nuestros cuerpos.
Me acerqué. Se detuvo. Le hablé, me escucho. Nos detuvimos frente al auto y la noche se detuvo en su avanzar. No había sigilo que interrumpiera el encuentro. No había más que recuerdos de algo que no conocí pero que debía suceder sin remedio. No había más que infinito en el horizonte. La realidad se desplazó de la oscuridad y permitió que el aire llegara de nueva cuenta y con su ligereza intrínseca pero bien oculta, hasta la rotonda de las sensaciones muertas que albergué durante el peregrinar alicaído.
Así que decidimos beber cerveza y comer pizza. Y decidimos reír y charlar y descansar. Decidimos que el letargo que nos asfixia descansara de ser letargo y fuera un momento estival en cada poro. La luz de la noche cubría la atmósfera y el fuego de cada sílaba pronunciada traspasaba la cadena de estupor y bloqueo sensitivo que detenía la fluidez existencial horas antes.
Claro que el imán se manifestó con todo su poder y un lazo invisible ató envalentonado nuestras existencias; un deseo incapaz de liberarse de la compañía. Una ráfaga de ensueño, coincidencias cósmicas y más allá... más allá una luz en su sonrisa que petrifica y permite recobrar el anhelo de respirar firme de nuevo.
Medianoche. Baile telúrico horas después. Marcha de ideas en un espacio inconcebible por desconocido y un desenfrenado martilleo en el centro de bombeo de sangre de nuestros cuerpos.
La noche dio a luz un zurdo escorpión.
Más y más
El abismo de su mirada es completo. Y quiero decir universal, entero, único... Por ejemplo, la sonrisa íntegra y la voz modulada crean una atmósfera celestial, en ella flotan trozos de sublime inspiración y mágica calidez; la fluctuación entre respiro y respiro es lenta, rompe la rigidez, todo es azul.
Pero el abismo de su mirada es completo. Es un sitio que te traga, que de forma contundente avasalla las ideas y en definitiva deja hueco el seso. Acaso una bala pérdida en la inmediatez de la existencia, un ángel caído, salvavidas. La ilusión crece conforme las sílabas escapan del teclado, crean redes magnéticas enloquecidas por la famélica silueta en que habita y desatan oraciones silenciosas enfocadas a una nueva era de fascinación y esperanza. ¡Si al menos existiera un camino infalible! Pero eso en realidad opacaría la conquista, sería una escalada motorizada sin semblante restaurador.
La magia, para serlo y existir, necesita indistintamente del mago.
La primer palabra, un saludo tímido e inconcluso. La primera reacción ante el cruce de miradas, una indefinible adoración al ensueño. No se trata de compaginar una personalidad en otra, incluso acaso devenir en lento desahucie; no se trata de sobrevivir la afasia de la vida propia de uno... incluso no se trata de uno mismo.
Distinguir el deseo de la necesidad es cortejo de la mente con el alma. El debate complica la lucidez interna, las llamas de la incertidumbre corrompen la seguridad y trastornan los recovecos de empuje e impulso que a la luz habrían de guiar. Se ven inconclusos pero no rotos. Tal vez lo correcto sea decir pausados, en una anonadación espaciada en el tiempo con miras a la reactivación físico mental en cuanto el contacto fluya ligero en confidencia.
So, es una ligera y prematura visión de lo que sería. El abismo aún arrastra con la decencia de permitir lamer las heridas hasta la sanación mientras la mente continua con la divergencia constante, sin la cual la existencia sería intolerable.
Pero el abismo de su mirada es completo. Es un sitio que te traga, que de forma contundente avasalla las ideas y en definitiva deja hueco el seso. Acaso una bala pérdida en la inmediatez de la existencia, un ángel caído, salvavidas. La ilusión crece conforme las sílabas escapan del teclado, crean redes magnéticas enloquecidas por la famélica silueta en que habita y desatan oraciones silenciosas enfocadas a una nueva era de fascinación y esperanza. ¡Si al menos existiera un camino infalible! Pero eso en realidad opacaría la conquista, sería una escalada motorizada sin semblante restaurador.
La magia, para serlo y existir, necesita indistintamente del mago.
La primer palabra, un saludo tímido e inconcluso. La primera reacción ante el cruce de miradas, una indefinible adoración al ensueño. No se trata de compaginar una personalidad en otra, incluso acaso devenir en lento desahucie; no se trata de sobrevivir la afasia de la vida propia de uno... incluso no se trata de uno mismo.
Distinguir el deseo de la necesidad es cortejo de la mente con el alma. El debate complica la lucidez interna, las llamas de la incertidumbre corrompen la seguridad y trastornan los recovecos de empuje e impulso que a la luz habrían de guiar. Se ven inconclusos pero no rotos. Tal vez lo correcto sea decir pausados, en una anonadación espaciada en el tiempo con miras a la reactivación físico mental en cuanto el contacto fluya ligero en confidencia.
So, es una ligera y prematura visión de lo que sería. El abismo aún arrastra con la decencia de permitir lamer las heridas hasta la sanación mientras la mente continua con la divergencia constante, sin la cual la existencia sería intolerable.
Más sobre la hipótesis
Nelly. Es un nombre corto, incluso tal vez presuntuoso. Pretencioso. Su brevedad busca la aprobación de quien lo pronuncia sin chistar, obliga a repetir el sonido, mentalmente, para degustar el equilibrio y la dulzura emparejadas en unas cuantas letras; el aroma atípico en una palabra, la fugacidad vuelta anzuelo poderoso pero ajeno a la comprensión inmediata. Es un arma de efecto lento pero contundente.
Y la medida precisa en los ojos arde en consecuencia, combinación perfecta de ilusiones pasadas; cuerpo recto y hecho a la medida. Con los brazos largos y sueltos, la piel no solo recrea ciertos pasajes de sueños olvidados, si no que incluso, siembra, a cada instante, algunos más por venir.
También se le percibe al igual que a un salvavidas, esa ráfaga celestial que empuja la balsa con brío hacia la playa para poner fin a los días de naufragio; una lluvia pertinaz y reconfortante a la sed después de una sequía implacable.
Es una teoría de las ideas pensar en ella. Los pensamientos son poderosos mecanismos de automanejo que contemplan, siempre en detrimento nuestro, expectativas que no se cumplirán jamás. Lo más cercano que llegamos nos consuela en un alto porcentaje de ocasiones, pero a costa de medir lo habido contra lo que pudo ser. Más allá de las palabras y las ideas, habita este destino que hoy se oculta en la cortina del tiempo.
En la corte de los sueños, la imagen que más se presenta siempre será la indicada.
Y la medida precisa en los ojos arde en consecuencia, combinación perfecta de ilusiones pasadas; cuerpo recto y hecho a la medida. Con los brazos largos y sueltos, la piel no solo recrea ciertos pasajes de sueños olvidados, si no que incluso, siembra, a cada instante, algunos más por venir.
También se le percibe al igual que a un salvavidas, esa ráfaga celestial que empuja la balsa con brío hacia la playa para poner fin a los días de naufragio; una lluvia pertinaz y reconfortante a la sed después de una sequía implacable.
Es una teoría de las ideas pensar en ella. Los pensamientos son poderosos mecanismos de automanejo que contemplan, siempre en detrimento nuestro, expectativas que no se cumplirán jamás. Lo más cercano que llegamos nos consuela en un alto porcentaje de ocasiones, pero a costa de medir lo habido contra lo que pudo ser. Más allá de las palabras y las ideas, habita este destino que hoy se oculta en la cortina del tiempo.
En la corte de los sueños, la imagen que más se presenta siempre será la indicada.
Nelly. Una hipótesis.
Su nombre es Nelly. Es una chica llena de explosivos por dentro, una caja hecha de arcilla blanda pero bien estructurada en sus cimientos irrompibles.
Sonríe de forma reservada. Alguien con su dorada sonrisa debe permanecer a la expectativa, midiendo cada acercamiento con la ceguera bien despierta; la sonrisa es reservada, es algo que otorga con serenidad.
La distingue su capacidad soñadora. Tiene grandes ojos café, brillantes pero pasivos. Perlas exóticas, sin duda.
En sus momentos más esquivos, suele esconder el rostro entre su lacio y delgado cabello. Folículos hiperdelgados, llenos de color y aroma fresco. Su mirada entonces toma la postura melancólica para escabullirse a la menor provocación. Acaso sea entonces cuando las sonrisas sean más devastadoras.
Su voz penetrante sacude con sutileza cada exhalación del cuerpo. Con la pronunciación de las palabras, uno puede imaginar como vibran las cuerdas con exactitud y colorido perfecto. Vibran las cuerdas vocales y son rotundas, los tonos enmarcados en una raíz fuerte provocan el suspiro inmediato. Así entonces, la medida exacta en cada movimiento gutural.
Y sí, la distingue su capacidad soñadora. Es una chica con la cabeza llena de sueños. Tiene un alma que arrastra cierta pasión tormentosa. Angustia expresa su rostro despistado, pero en sus sueños, ella es la gran conquistadora, la que comprende el movimiento sin mutarse; el movimiento y sus complicaciones, el devaneo entre espacio y tiempo sacuden cada ciertas noches sus sueños.
Ella es Nelly. Una chica de respetable estatura y sueños vivos. Una chica con el corazón empolvado y un hambre devastadora, lista para convertir los sueños en realidad.
Sonríe de forma reservada. Alguien con su dorada sonrisa debe permanecer a la expectativa, midiendo cada acercamiento con la ceguera bien despierta; la sonrisa es reservada, es algo que otorga con serenidad.
La distingue su capacidad soñadora. Tiene grandes ojos café, brillantes pero pasivos. Perlas exóticas, sin duda.
En sus momentos más esquivos, suele esconder el rostro entre su lacio y delgado cabello. Folículos hiperdelgados, llenos de color y aroma fresco. Su mirada entonces toma la postura melancólica para escabullirse a la menor provocación. Acaso sea entonces cuando las sonrisas sean más devastadoras.
Su voz penetrante sacude con sutileza cada exhalación del cuerpo. Con la pronunciación de las palabras, uno puede imaginar como vibran las cuerdas con exactitud y colorido perfecto. Vibran las cuerdas vocales y son rotundas, los tonos enmarcados en una raíz fuerte provocan el suspiro inmediato. Así entonces, la medida exacta en cada movimiento gutural.
Y sí, la distingue su capacidad soñadora. Es una chica con la cabeza llena de sueños. Tiene un alma que arrastra cierta pasión tormentosa. Angustia expresa su rostro despistado, pero en sus sueños, ella es la gran conquistadora, la que comprende el movimiento sin mutarse; el movimiento y sus complicaciones, el devaneo entre espacio y tiempo sacuden cada ciertas noches sus sueños.
Ella es Nelly. Una chica de respetable estatura y sueños vivos. Una chica con el corazón empolvado y un hambre devastadora, lista para convertir los sueños en realidad.
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