Se dice que es preciso dar un paso a la vez. No así en otras donde es necesario correr como alma que lleva el demonio, pues los tiempos marcan el ritmo con o sin consentimiento.
Es fácil leer con los ojos cerrados, siempre y cuando el braille domines. Consejo invaluable en sitios muy comunes hoy en día, donde reina la ceguera y no precisamente el tuerto es el rey.
Así que floto en los sueños donde el Escorpión se transforma en Constelación y lanza enormes destellos de claridad y embotamiento directo a la maceta. Recuerdo con ligera aspereza mi condición deshumanizada de hace unos meses, días, semanas... qué importa ahora, sé que la cuesta es arriba y todo tiene un tope, incluso el universo.
Amo la energía de los átomos que la conforman. Mirar con la mente cada espacio en su materia, traspasarla y flotar sobre el vacío indefinido entre cada electrón, la fuerza de cada núcleo girando y esperando un estímulo cualquiera para cambiar o permanecer o destruirse o fusionarse... para lograr su ser siendo un cuerpo mismo, con latidos y pulsaciones limitadas, contadas por alguna fuerza que aún nos es desconocida. No determinamos los pasos que daremos ni los reencuentros que tendremos.
¿Acaso los pasos sombríos marcan el camino a la luz?
El Escorpión crece y de su izquierda mano brota un trazo de eternidad. Cada silencio entre nosotros es un infinito que se destaca por su frecuencia única y brevedad. Algoritmo contradiciéndose en su redacción, en su propia formulación llena de acertijos delatores de sí mismos con la inocencia propia de las algas marinas al contacto con el oxígeno en el aire.
Pasos. Uno por cada suspiro que sorprende. Uno por cada mirada conseguida, por cada pensamiento robado de su mente, por cada palabra escrita con destino mutuo. Pasos que creí se entorpecerían más cada tarde y ahora urgen la huida. Ya lo había dicho Cerati, "Al menos sé que huyo porque amo".
Tarde lluviosa y té frío. El silencio es un cómplice que bifurca la imaginación y donde las recompensas brillan por su cálida llegada, por su lento y florido aterrizaje en un campo desierto que denomino simplemente porvenir.
Llega el Escorpión zurdo y la primavera grita rabiosa que ha llegado. Y es una rabia perfecta, tormentosa. Un perfecto alud cayendo sobre mí.
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