Acepto mi condición basura aunque siempre me sentí mucho más cercano al término "sucio". También acepto que todos los sueños bizarros y exagerados mantenían mi cuerpo con cierta y relativa tranquilidad a pesar de saber plenamente que la vida se iba con plena seguridad y picada, derechito a la gaver. Acepto eso y el montón de cosas que he ingerido, chupado, inyectado, esnifado, fumado y todo lo demás.
Acepto los regodeos como circunstancia propia de la visión que marcó mi adolescencia. Los roces con todos los que me rodeaban, nacidos infortunadamente desde que la relación entre mis padres no fue nunca de amor sino de morbo. La destrucción intelectual del niño en busca de sentido y confusión hueca que nadie supo nunca descifrar. La personalidad ecléctica, triste, deprimida y oculta... Todos los días lloraba y nadie se daba cuenta...
Acepté la situación y la afronté. Superé las humillaciones y burlas de compañeros en la escuela, de mi familia, de mis pocos amigos. Nunca siquiera tuve una novia hasta los quince y también esa relación estuvo maldita. Siempre me sentí la piedra en el zapato, el que estorbaba, el que mejor no debió nacer... Estoy seguro ahora que sí que fui resultado de una mala noche de alcohol y cachondeo sin amor.
Y para colmo fracasé cuando intenté suicidarme a los 13. Y los 18 y a los 27... Siempre ha pasado algo que no me deja llegar al objetivo.
Acepto la condición de basura que me tocó ser. Acepto que nunca seré libre por completo. Y ahora me siento emocionado porque parece que mi sueño está cerca.
Ya no tengo nada más por lo cual deba seguir con vida. Tal vez los extrañe.
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