Tengo la mente perdida en la vía láctea.
Etéreo busco entre sueños su presencia: el tacto lascivo con que sus manos arrasaran mi epidermis, es la medida con la que la muerte implacable condicionará los días consecuentes.
Hablar muy alto. ALTO. Alto en el nombre impronunciable del sentimiento prohibido que vuela y aterriza en la cornisa abandonada de la constelación construida con mi pasado. Alto precio pasado y cotidiano. Si mi nombre gritara lo haría pronunciando el tuyo, oculto néctar en la verde coraza citadina.
Brumacielo. Acostumbro la vista a morir cada día para que renazca al atardecer mirándola.
Hablo de morir con la punta de la vida escurriendo vida, con la canasta de satisfacción y vivencias derramándose por el sendero que cada uno pisa. Hablo de morir ahogado de alegría, de morir exhausto de tanto amar, seco, sin nada... vacío, es como uno a la muerte debe llegar.
Trabajemos en ello.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario