Oleadas de mensajes, de sentimientos encontrados, sube y baja emotivo. En ocasiones mi hora más queda se cierra y se escucha a sí misma, murmurando por lo bajito, gritando para sí, pernoctando poco... Pero otras más asciende lenta, desconfiada de los alrededores, dictando reseñas de una o dos o más vidas; cubierta con los rayos del sol cuando calienta suavecito, se agolpa intrépida y atolondra la emancipación de las ideas en circuitos cambiantes de filosofía de tocador.
Arrogante selección de axiomas. Encuentro mi cuaderno abandonado en la banqueta: tiene tu retrato guardado en su memoria y las miles de líneas trazadas sobre él acurrucan miedos y configuraciones de simetrías oscuras. Albricias a la vida. Desperté de la pesadilla homofóbica y ahora irrumpe traviesa la nostalgia avasalladora. Cálculo impreciso.
La música me cobija amable. He blindado las paredes iracundas con sonrisas y enfoque crítico directo al meollo que solicita atención inmediata, furtiva. Seré irreverente conmigo mismo y dócil frente al sistema, enmascarado afrontaré mi audacia y la senectud habré de aguardar con sendas dosis de hipocresía que así convendrá a mis intereses.
Después abrazaré por siempre a mi sombra.
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