Encontré la idea precisa, el sospecha interna del dulce dolo en el lugar menos esperado. Ahora que la acaricio, la cubro con mis pensamientos y la preciso, ahora que el susurro inerme de la panacea abarca mis atolondrados sentidos y el reflejo de las brujas en el techo dejan siluetas difuminadas, ahora que la miro con los ojos cerrados y las bujías han perdido su esplendor debilitado, su nimia luz; justo ahora encuentro esa idea escurridiza que tantas noches de insomnio mojado y debilidad cerebral costara.
Justo ahora que la tengo, entiendo que debo desecharla.
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