Camino rojo

Camino rojo. La inercia de la emancipación prolonga la astucia; provoca torneos de lunas abiertas y pláticas sobre la miseria.

Los costos de la noche son abiertos. Menguante la portería del cuerpo entre la lozanía del viento y los acurrucados cuerpos desnudos, humedecidos por el contacto.

La sirena viento en popa, los cabellos redondos.
La ejecutante mariposa y los altos vuelos alcanzados.

Camino rojo. Cuerpos enrojecidos por la marea de las caricias; vuelvo a decir que me parece extraño recurrir a somnolientas frases para describir mi desánimo.
Vuelve a ocurrir que muera la gloria de los enamorados en busca de crisoles y frenesí.

Gotas de cuero en la garganta. Abismo impresionante dentro de la piel.

En más de una ocasión, los cuerpos vibrando avanzaban en busca de rapiñas y coloridos frutos de silvestre nacimiento. Los cuerpos alimentados recurrieron al mar y la costa para refrescarse.
Los cuerpos hallaron especies desconocidas, emocionantes miradas se gestaban a cada instante y su placer se veía corto en comparación. Entendían su pequeñez.

Comieron y luego se comieron. Abrupto el momento de separación; al mojarse un ave sobre los días escupió semanas y luego meses. Algún día volverás, gritaba ella y recurría siempre al ave en busca de más.

Recurso tácito para enamorarse de un sentido inerme al sufrimiento humano.

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