Un sueño

Justo encontré el centro de mi existencia en el fondo del vaso. Justo allí, apachurrada, apretujada por las paredes de un vaso medio vacío y transparente, borracha como una cuba, irreversible como un beso, como un deseo.

Y he allí las consecuencias: pasados un par de minutos, pedí otro vaso y después otro y otro hasta que medio me di cuenta de que sería difícil escapar. Siempre estaba allí, no importaba cual vaso mirara, estaba allí, asentada, golfa, mirando como si nada, hacia arriba, retando con altanería.

Y he allí que entonces decidí tomar directo desde la botella, un trago, dos, unas palabras ebrias al cantinero y otro trago; una mirada discreta, disimulada al músico, a los rostros del bar, a los compañeros de barra, pero no al fondo de la botella, no quería mirarla otra vez frente a frente, le tenía miedo, eso era, un miedo incontrolable, desfallecedor. Apunté discretamente el nombre del músico y cuando terminó su número le llamé, necesitaba alguien con quien charlar, disimular un poco mi preocupación y el cantinero estaba rebasado, no tenía ni tiempo de decir nada, sólo servir los siguientes tragos y ya incluso se estaba alistando un ayudante para entrar en acción.

Con los otros comensales, ni pensarlo. Con mucho esfuerzo había logrado llamarle al músico, total, imaginé que sería fácil atreverme a preguntarle por su pasado, su gusto por la música que a fin de cuentas, imaginé podría compartir también con él; en fin, hice una lista que según yo no podría fallar para distraerme: el objetivo seguía presente, seguía siendo el mismo.

Al principio todo fluyo con relativa calma, buenas noches, yo bien, espero que usted también, desde cuándo toca en este lugar, me agradó el tema de "Verónica", ni exagerado ni demasiado crudo, bien, buena interpretación... no, de ninguna manera, yo no canto, soy devoto de la música, pero como escucha solamente, no más, aunque en la regadera o en el auto me llegó a echar mis gargaritos, jeje, ya sabe, cuando uno está solo y con unos tragos, si, claro, también por supuesto el ron y el whiskey, más que el vodka o el brandy, si, no, a mí no me gusta nada, pus sí, una chela o dos para entrar en calor y luego un fuertecito para hacer apetito, jaja, nada improvisado, hasta para eso hay que planear, jaja, así es amigo...

De pronto no supe qué más decir. Afortunadamente, su descanso había terminado y debía volver a tocar; ¡uf!, me dije, sólo considere pocas preguntas y pocas respuestas, se habían agotado completamente. Sin querer, completamente distraído, intenté beber de mi botella, no salió nada e inocentemente me asomé al fondo... no supe más de mí.

Esa es la historia. Ahora quiero saber a dónde me toca ir, si a derecha o izquierda o como ustedes le llamen a este par de grupos de mequetrefes... sólo digánmelo porque nunca imaginé que la cruda la heredaramos aún estando muertos.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario