Amigos

Yo no tengo un mejor amigo.
Es decir, no tengo un cuate que sea así, mi amigo del alma, de toda mi confianza, esa persona que según se dice es especial porque siempre está allí, en el momento justo y el lugar adecuado. No, le doy vueltas al asunto y busco los rostros más familiares que tengo en la mente y no, no lo hay: creo que desde hace muchos años no es tengo alguien así.

Porque seguramente en algún momento de mi vida si ha existido, aunque fuese brevemente, alguien que pudo ocupar dicho sitio. Y creo que no sólo fue uno, tal vez fueron más, no sé cuántos, pero si recuerdo a los más importantes. Y también recuerdo anécdotas y datos curiosos, simbolos e imagenes que difícilmente, creo, llegaré a olvidar... por lo menos hasta ahora. Eso sí, nunca he tenido amigas; creo que no soy bueno para relacionarme con el sexo opuesto, no sé comprenderlas, no sé tratarlas, soy muy brusco, muy directo, poco córtes (¡sepa qué diántres es eso!) y mucho menos sutil; tal vez por eso siento y alimento, el poco trato con ellas, aunque ha habido excepciones y he tenido una o dos, tal vez cinco y creo exagerar, con las que he convivido más o menos cerca, pero ninguna como para considerarla mi mejor amiga... ese es mi problema.

Y ahora que me sumergí en aguas medio profundas (digo medio porque no son las más profundas) encuentro que el círculo de personas con las que convivo medianamente son verdaderamente contadas, no más de veinte o treinta; no sé si alguien conviva con mucho más de esas; supongo que en tiempos de escuela y esas cosas, es mayor la probabilidad de convivir con un número más nutrido de entes, pero en mi caso, incluso en los tiempos de escuela, fue así, de poco alcance. Tal vez un insano ermitaño habita dentro de mí y maneja con peculiar maestría los hilos de mis relaciones personales y sociales.

Aunque debo confesar que eso no me genera algún tipo de melancolía o tristeza, pero es algo tan natural que a veces considero que así tendría que ser con los demás y puedo mal influir a esas veinte o treinta almas inocentes que nada tienen que ver con el loco ermitaño que llevo dentro.

En fin. Sólo quería escribir en algún sitio que ahora, justo ahora, hay una luz que nunca se apagará. Eso precisamente.

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