Breve divagación.

Levantar la vista después del tropezón no es lo más sencillo, ni lo más práctico o lo más razonable y fácil de hacer. No, incluso no creo siquiera que sea lo más adecuado en determinadas situaciones, después de ocasos prominentes y caídas libres espectaculares. Levantar la mirada cuando se sabe uno culpable puede no ser lo más bravío de alguien, pero sí lo más importante, lo que engrandece, lo que sublima el espíritu, la victoria en la guerra, no sólo en la batalla. Levantarse después de la caída es la mayor de las virtudes de un ser humano. Y lo que prevalece aún cuando la muerte se presente.


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