A veces la falta de concentración es el peor enemigo. A veces el poeta que llevamos dentro arrasa y nos impide siquiera dar un paso sin dejar de volar en intempestivas ilusiones y viajes por todo el sombrío universo de la imaginación. A veces vivir en la luna no es un escape sino la completa aceptación de nuestra realidad.
Escribo con el placer de compartir la palabra con el amigo imaginario que nunca me dejó, con el cual crecí, con el cual envejezco; escribo con la maraña de sensaciones que me carcomen, que me acorralan y me dejan tontamente ileso en medio de la tan mentada selva de acero. Escribo para mí sin que esto impida tácitamente hacerlo para los demás. A veces el cúmulo de ideas sobrepasa mi capacidad para explotarlas, para llevarlas a buen fin, a puerto, a los resultados esperados... mi cuerpo cada día es más lento que mi cabeza.
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