Recompensa

La oscuridad renombra el pensamiento, lo modela, permea con realeza la congnoción; la oscuridad genera emociones distantes, distintas, frecuencias sensoriales donde la magnitud pagana acrecenta los sinsabores, los quebrantos se multiplican y la fantasía de la conciencia en paz se ve amenazada.

Acechar en las penumbras, principio básico del espionaje y de los desahogos reprendidos, reprimidos, de las costumbres ignoradas e inmorales, de los malsanos infames que defienden la solemnidad con el rostro lleno de hipocresía. La recompensa existe: un puñado de sensaciones que carcomen el espíritu, una inmensa palpitación que recorre los escondites más increíbles en los canales nerviosos de un hombre; la recompensa, siempre malentendida, reprochada o subestimada, la misma que con una idea plenamente concreta podríamos tener al estirar la mano; la misma que con un chistar de dedos lograríamos si no tuviéramos tanto temor a atrevernos.


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