Génesis

Superado el trauma cerebral, después de una larga convalecencia, encontré un auge insospechado de albricias y resurrectas ilusiones; después de la cruda, de la arrogancia con que el alcohol sacudió mis venas, arropé lentamente un sentimiento de rebelión... Crucé el fuego con los años a cuestas y cedí a los vestigios con que mi lenta reacción actuaba.

No había nada detrás. No había señales de recuerdo alguno, ni de idiosincracias o dogmas anteriores; todo era blanco, puro, inhóspito. Entonces tomé la pluma y comencé a escribir.

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