Las manos sacudieron con fuerza la rutina: la maltrataron, golpearon, violaron; la dejaron tirada por unos segundos, la observaron, sintieron algo que no imaginaron; la levantaron para estrellarla varias veces contra la pared, contra los vidrios, los espejos que mostraban una imagen distorsionada de la acción: unas manos llenas de vida, de fuerza benigna, de un resplandor sin precedentes, con una impersonal fiereza, desconocida hasta entonces, manchadas hasta la exageración mas extrañamente limpias, con pulcritud desmesurada, con grandes llagas sangrantes, con dolor y goce mezclados; esas manos nunca antes entendidas, nunca antes desahogadas, desde siempre cohibidas, esclavizadas, atadas a un destino que no deseaban... esas manos fueron amputadas.
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