Más sobre la hipótesis

Nelly. Es un nombre corto, incluso tal vez presuntuoso. Pretencioso. Su brevedad busca la aprobación de quien lo pronuncia sin chistar, obliga a repetir el sonido, mentalmente, para degustar el equilibrio y la dulzura emparejadas en unas cuantas letras; el aroma atípico en una palabra, la fugacidad vuelta anzuelo poderoso pero ajeno a la comprensión inmediata. Es un arma de efecto lento pero contundente.

Y la medida precisa en los ojos arde en consecuencia, combinación perfecta de ilusiones pasadas; cuerpo recto y hecho a la medida. Con los brazos largos y sueltos, la piel no solo recrea ciertos pasajes de sueños olvidados, si no que incluso, siembra, a cada instante, algunos más por venir.

También se le percibe al igual que a un salvavidas, esa ráfaga celestial que empuja la balsa con brío hacia la playa para poner fin a los días de naufragio; una lluvia pertinaz y reconfortante a la sed después de una sequía implacable.

Es una teoría de las ideas pensar en ella. Los pensamientos son poderosos mecanismos de automanejo que contemplan, siempre en detrimento nuestro, expectativas que no se cumplirán jamás. Lo más cercano que llegamos nos consuela en un alto porcentaje de ocasiones, pero a costa de medir lo habido contra lo que pudo ser. Más allá de las palabras y las ideas, habita este destino que hoy se oculta en la cortina del tiempo.

En la corte de los sueños, la imagen que más se presenta siempre será la indicada.

Tragedia, NO.

Mejor no pensar en la tragedia. Dejar que las comisuras de los labios mantengan el sentido hacia arriba, que las bellotas caigan al suelo, no es necesario subir a por ellas. Dejar que las ideas martiricen y se disfrute con ello, que hagan sentir a uno con vida y el placer de vibrar.

Reconozco que es algo picoso; o enchilado, en la misma escuela que ese picor insoportable en la boca cuando se muerde un chile súper picoso y aún a pesar de que no se aguanta la lengua, no puedes dejar de comer; simplemente es imposible. Necesitas ese saborcito constante en el paladar para que el gusto apremie.

Con frecuencia solía pensar en estos momentos; hace tiempo. Me sentaba frente al computador y mientras procesaba datos y números, la cabeza zumbaba con las ideas de la tragedia. Manía posible, era complicado entender qué diantres pasaba por mis neuronas en esos momentos para conseguir que la sinapsis se comportara de manera tan oscura.

Brutal en ocasiones, que salía molido emocional y literalmente. Cerraba unos segundos los ojos, antes de vestirme la chamarra, respiraba dos o tres ocasiones y los abría. Suspiraba al calzarme y salía con la mirada vidriosa, con el pensamiento machacado entre las ideas de una profunda soledad y una vida llena de vacío. Las opciones se acortan en abruptas ráfagas.

En ocasiones miraba elocuentemente algunos documentos sobre el escritorio y me jalaba un poco el cabello. Bajaba las escaleras y escapaba en una cascada de miradas, de ojos de todos los tipos imaginables, sintiéndome indistintamente cortejado; sentía una repentina urgencia por salir corriendo, con un eterno nudo en la garganta que sofocaba. Mirar el reloj, el celular o simplemente las palmas de las manos, eran el top three de los escapes más usados.

A veces simplemente lloraba por dentro.

O sonreía, porque sí, porque aún podía hacerlo y hacerlo bien.

Miraba un poco el televisor en casa; algunos ejercicios informáticos y una lectura cortada por circunstancias simples. Todo un ritual para convertir la noche en el día.

Mejor no pensar en la tragedia. Ya lo hice muchos, muchos años. Ya se liberó demasiada consciencia en mi interior; o tal vez, la suficiente para enfrentar lo que venga.

Bienvenida.

Nelly. Una hipótesis.

Su nombre es Nelly. Es una chica llena de explosivos por dentro, una caja hecha de arcilla blanda pero bien estructurada en sus cimientos irrompibles.

Sonríe de forma reservada. Alguien con su dorada sonrisa debe permanecer a la expectativa, midiendo cada acercamiento con la ceguera bien despierta; la sonrisa es reservada, es algo que otorga con serenidad.
La distingue su capacidad soñadora. Tiene grandes ojos café, brillantes pero pasivos. Perlas exóticas, sin duda.

En sus momentos más esquivos, suele esconder el rostro entre su lacio y delgado cabello. Folículos hiperdelgados, llenos de color y aroma fresco. Su mirada entonces toma la postura melancólica para escabullirse a la menor provocación. Acaso sea entonces cuando las sonrisas sean más devastadoras.

Su voz penetrante sacude con sutileza cada exhalación del cuerpo. Con la pronunciación de las palabras, uno puede imaginar como vibran las cuerdas con exactitud y colorido perfecto. Vibran las cuerdas vocales y son rotundas, los tonos enmarcados en una raíz fuerte provocan el suspiro inmediato. Así entonces, la medida exacta en cada movimiento gutural.

Y sí, la distingue su capacidad soñadora. Es una chica con la cabeza llena de sueños. Tiene un alma que arrastra cierta pasión tormentosa. Angustia expresa su rostro despistado, pero en sus sueños, ella es la gran conquistadora, la que comprende el movimiento sin mutarse; el movimiento y sus complicaciones, el devaneo entre espacio y tiempo sacuden cada ciertas noches sus sueños.

Ella es Nelly. Una chica de respetable estatura y sueños vivos. Una chica con el corazón empolvado y un hambre devastadora, lista para convertir los sueños en realidad.

Ceros y unos.

He logrado beneficiar el bote de la imaginación con sendos tropiezos. Es común que interpretar tropiezos resulte más nutritivo que los triunfos mismos, acaso por la tormenta que desembocan, acaso por la ruptura inmediata en el horizonte, pero sin duda, los tropiezos nutren.

No digo que los triunfos, los aciertos, no merezcan la nota, claro que no. Incluso podrían clasificarse como una segunda y honrosa categoría en la que se pueden meter todas las circunstancias en que uno se ve envuelto segundo a segundo. No veo más categorías, no veo más posibilidades. Aciertos y tropiezos. Ceros y unos.

En la multitud de esquemas y la riqueza de interpretaciones acerca de lo que la vida misma encierra, debemos intentar categorizar las situaciones, es una necesidad implícita para quienes pretenden comprender, aunque sea de lejos, la existencia de uno mismo. Más aún si la piedra es pesada, ¿si me entienden, no?

Ceros y unos. Blancos y negros. No medias tintas, no medios triunfos o casi tropiezos. Sé es y se sufre o goza con una sola intensidad plena, completa. Y deberíamos impedir que ésta se torne inconclusa, que crezca en forma de freno que dejará rastros y sembrará sentimientos crueles con el tiempo y dañará irremediablemente la consciencia y el sueño mismo. Cargas la batería y la dejas descargar por completo. Cargas los polos, muerdes el polvo, explotas la champaña, vives y dejas vivir.

Y con ello beneficias en definitiva la imaginación, la nutres, la compartes con el universo. Sin marcas. Sin destellos. Solo rastros humeantes, revólveres recién activados, corazones latiendo al máximo, sangre bullendo y masacrando las venas, con el cuerpo enervado y descompuesto pero con un alma rebosante. Albricias para el buen dormir.

Ceros y unos. No puedo dejar de pensar en la bendición del sistema binario.

Inicio

Tardío es el calificativo adecuado. Recorrer el horizonte desde una perspectiva vanguardista no es precisamente una cualidad bien comprendida.
Tardío es el correcto calificativo. Me tardé en abrir los ojos, pero abiertos al fin debo permanecer con la cimiente constante. Todo inicio proviene de algún final. Y el mío es claro. Y el mío es contundente. Y el mío es constante.

Soy inocente de permanecer con la ruina en los huesos. Soy juzgado por una palabrería incipiente que corrompe mis ideas pero las fortalece en ciclos bestiales.

Soy presa de la imaginación cautiva. Soy fuerte.
Permanezco en la sombra por convicción. Ahora puedo mirar a la luz.

Inicio con la misma fortaleza de un neonato. Inicio y precisaré caminar con muletas hechas de palabras, el mágico instrumento de nuestra universalidad.

Inicio y no tendré fin.

Es hora de explotar. Estallar.

El fin es el fin.

Es una repetición de mis días.
Abrumado por las circunstancias, dejo que se escapen los extremos para que se nivelen las etapas reptiles.
Pienso en una claridad deshumanizada, en una meta lo más imposible de alcanzar para mantener el hambre de mi corazón.

¿Qué es un hombre sin una esperanza? Es la muerte andante en las avenidas de una ciudad perdida.

Mis ojos hierven.
Sangran agua y dolor. Mis ojos abrumados tiemblan.
Sacuden la retina y gritan por una temporada de caza no abierta.
Moriré descalzo. Así es la realidad.

Cortado en interminables pedacitos, los retoños de mi piel abarcarán el silencio y polvo hechos desarrollarán una plaga de estornudos.
Ya no existe una vida. Ya no tiene vida la realidad.
Descubrí la penumbra y ahora dejo que cubra cada poro en mí. Autodestrucción blanda.

Soy una mina de turbación. Soy un alce en la pradera con la cornamenta destruida. Soy un pueblo fantasma, una luz apagada.
Quisiera ser una persona diferente.
Quisiera no tener una carga tan perfecta en mis espaldas.
Aleluya a las corazas de una vida indefinible.
Aleluya, he muerto.

Tengo una rara virtud: un poema que dicta cada segundo de las entrañas.
Tengo un corazón delator derrochando fuego en forma de agua.
No hay fe.
No hay existencia.
Dolor hecho aire. Dolor hecho amargo trago de ajenjo en una lista interminable de derrotas.

No tengo poesía. Se ha ido.

Albatros mañanero

Es la virtud de tener grandes alas
la mística erosión en los manglares,
la distorsión en los campos de trigo,
el fuego oculto en los ojos del poeta senil.

Es el enfoque terapéutico bidimensional
el caparazón de la energía. La mecánica de sobrevivencia,
el éxtasis en los tiempos violentos
de una realidad hiperaumentada.

Mientras los cuerpos se unan
y aún se reiteren los abrazos fraternales,
el albatros mañanero seguirá su lento peregrinar
y la poesía con vértigo llenará sus pasos
acompañando el misterio de llenar con valor la soledad.