Despertar

Venero la ruina en la serpiente bajo la nuca. La raíz, origen del veneno, mancha inviolable, circunscrita en la periferia (que por cierto, ahora recién descubro)

No abandonaré las imágenes del colosal descubrimiento de la figura bajo tus ropas, ni el azul de la marejada con que inundabas la habitación desierta solo con poner un pie encima. No dejaré la cruz postiza en el cerco de la familia ni tampoco dejaré el martirio de sufrirte innecesaria y opaca cuando presente y brillante y deslumbrante cuando oculta te mostrabas. No gritaré más el nombre pero tampoco lo dejaré bajo el cerrojo gris de la memoria marchita, no, no haré semejante barbarie.

Dejaré que la ruta trazada por el deseo sucumba febril y luminosa en los tramos más bondadosos de la esfera marcada por tus pasos; abriré con machete filoso el camino bloqueado por el aliento que escapa de tu boca en las madrugadas y acudiré puntual a la muerte bajo tu custodia malherida pero bañada en pletóricas fuentes de exquisita maldición.

¡Ah catacumba predestinada! Sonreiré al amanecer lechoso con la misma sutileza de los agraciados querubines que visitasen antaño el lecho despojado del calor femenino. Sonreiré y dejaré que las artes insanas carcoman mi cerebelo y en cada mordisco me sabré digerido por volcanes chimuelos y lechuzas de negro ulular.

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