La decisión no es sencilla; me parece que el deseo como expresión corporal nacida desde el seno intelectual, es un comportamiento difícil de domesticar, probablemente el mayor de todos. El deseo es la clave para comprender a dónde llevamos o llevaremos nuestros pasos, comprendiendo a la angustia como un proceso mediático para resignarse o impulsarse, según las circunstancias.
Obvio, en mi caso, el deseo se manifiesta en muchas formas; mantengo una desigual pelea contra sus embates y la verdad es que nunca he podido controlar a mi cuerpo, entonces si es un deseo carnal pocas, muy pocas veces me he logrado detener. Ya no digamos siquiera desviar.
Esta disertación parte del supuesto esquema de visualización hacia el futuro del camino a ensamblar para el trayecto de la decadencia, es decir, qué quiere hacer uno en su segunda y última parte de vida... ¿se sigue con la materialización o se detienen esos ingratos anhelos y se busca la reivindicación teórica hacía el ascetismo que siempre soñé? Difícil, muy difícil decisión... me costará por lo menos un buen número de cabellos.
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