Inicio de año

Todo inicio de año es cagante por la cuestión personal que deja el cierre del anterior: incertidumbre, resaca, promesas, pronósticos, presupuestos y demás etcéteras que se les ocurran, no forzosamente malos o negativos, incluso contrarios o blancos pues.

Pero vivir un inicio de año con todo esto y además lejos del área directa de impacto es un delirio. Imaginen, la acción, los cocolazos, el estrés que todo esto genera y tu lejos, como en un idilio infernal en el que para todo y todos eres extraño, donde ni tu familia comprende qué pex con tu vida, es ojete, neta.

Además, en el exilio creo que la paranoia no se da, más bien crece una especie de añoranza cegadora; justo como la de Irena "La ignorancia" (del maestro Kundera), es un sentimiento de extrañeza pero casi gozosa por martirizante, como incluso masoquista.

Excluido voluntario, una traición pacifica o valga la redundancia, una traición traicionera, envuelta en un circulo permanente, pues no cesa, muere al nacer para volver a nacer y en seguida morir y volver a nacer y así ad infinitum...

No sé si a final sea un momento más (¡otro!) de rebeldía intelectual o cerebral, un martilleo incesante por la indecisión entre terminar por adaptarse o la inseguridad por temor a despertar.

Para colmo estoy en proceso de mudanza, entonces aún es peor porque o atiendes y te mantienes al tanto de lo que acontece a más de mil kilómetros de distancia o buscas un closet o al herrero o al jardinero o al albañil, cañón, porque aparte me pasó que salí a comprar unas pijas y me llaman que les urgía un archivo, voy en chinga y lo mando, que ahora les urge lo de unos envíos y ahora lo de no sé qué madre. Decido establecerme para evitar pedos y ya llaman, Murphy es implacable.

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