Gaza

Me parece un tema intrascendente por muchas razones, acaso la más importante es que nadie de la bola de intelectuales, periodistas, políticos y demás pendejos que opinan al respecto pueden hacer nada: es más, ni siquiera creo que los verdaderamente involucrados, los cabecillas, los orquestadores de la hecatombe lean o se den por enterados de las palabras de éstos.

Sin embargo hay notas que rayan en el ridículo, colmos de idiotez que además de intrascendentes pueden generar en el lector nauseas y auto-recriminación por haberles dedicado minutos en leerlas. Hazmerreir completos por la supuesta "afectación" de quienes escriben, en fin, eso sí, bien camufladas de inicio, pues uno confía en la historia, digamos, en la costumbre de encontrarse tanto con la publicación y con el firmante, es decir, en apariencia no se mira el peligro.

Pero como pocas cosas en el mundo y en la vida son lo que parecen, basándonos ya sea en Schopenhauer, ya sea en Focault o en Baudrillard mismo; es decir, ¿cuál es el mensaje oculto, pretendido en realidad?

Hablo de la nota publicada el día de ayer en el suplemento semanal del periódico La Jornada, este es el link desafortunado NO dé click por su bien!

Una nota así puede pasar de noche en muchos, en la gran mayoría de lectores si nos ponemos en el orden de suavecitos, pero considero que desvirtúa el espacio. O sea, si el cuate se auto-desprecia por sus orígenes, que vaya y se queje con su prole, que se suicide, que se auto-inmole, en fin, que haga lo que le venga en gana, pero que no nos falte al respeto a sus lectores con estas mafufadas, perogrulladas o mamadas sin más.

No sé distinguir si me entristece más la clase de nota que entregó Jorge Moch o Luis Tovar en su papel de Jefe de Redacción o el mismo Hugo Gutiérrez Vega, no lo sé; no es un secreto la clase de secta que domina el suplemento; no es un secreto pero aún así insisto en que los lectores merecemos más respeto como para que después de gastar en adquirir la publicación o tomarnos la molestia de invertir nuestro tiempo accediendo a la página web para leerla, encontrarnos con estos lloriqueos de talla semejante a los de un puberto, caray, eso es verdaderamente entristecedor.

También en el periodismo ha calado la crisis.






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