Seis semanas

Hace unas semanas decidí de manera tajante premiar a mi cuerpo, darle un tiempo alivianado por toda la madriza de vida que le he propiciado; he sido durante más de 20 años un atascado de la chingada, un ojete perfecto para consigo mismo y a veces pues he salpicado a los que tenía cerca e igualmente de forma medio culera.

También me resultó necesario ya que iba por aquel rumbo, pues poner metas razonables para cumplir en el corto y mediano plazo, recuerdo que algo que me resonaba en la cabeza era la necesidad de girar, de radicalizar nuevamente pero en un sentido nuevo pues era algo sano, no había más, sano y sin escalas... ¿qué habría de malo en eso? Probar un poco de vida light no me pareció descabellado y por más que daba vueltas al tema no encontré inconveniente que tuviera la fuerza necesaria para hacer que la idea muriera.

Así pues, llevo prácticamente 6 semanas sin humo ni alcohol, enriquecí mi acervo cinematográfico y he comenzado la lectura de algunos libros que pendían de mi cabecera desde hacía ya muchos meses... igualmente logré pasar la prueba de las fiestas decembrinas tan seco como un verdadero anciano.

Vivir exiliado y limpio, con la mente abierta y despejada, suena redundante imaginar en ahora dar el paso al ejercicio y a la dieta balanceada, a la fase de escucha y comprensión, al versátil mundo de la vida por la vida, sin más.

Siempre he sido un anciano adelantado, un serio candidato al último hoyo, al descanso indeterminado, lo busqué durante más de 20 años y no lo hallé; ya he dado paso a lo que sigue.

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