Vivir la música es una experiencia de monumental esfuerzo, que requiere de una capacidad descriptiva fuera de serie, irreal, podría decirse.
Por que es fácil decidir si una tonada o una lírica o un compás nos mueven o no los sentimientos, las emociones; es fácil digerir una tonada en un par de segundos y decidir si es o no de nuestro completo agrado; es fácil comprar un disco y escucharlo hasta que reviente nuestra tolerancia a lo mismo, hasta el hartazgo pues.
Pero ¿vivir la música? Esnifarla, tocarla, aprehenderla... La música puede convertirse en una cuestión de sobrevivencia, en algo tan imprescindible como beber agua o respirar aire fresco; puede ser la diferencia entre armonía y destrucción, entre patria y destierro... convenientemente decido murmurarme a discreción que el tiempo no tiene siquiera un ápice de importancia cómo la tendría la música. Tengo y sufro la prominente soledad de escuchar y convencerme de lo diminuto y lo grandioso que puede llegar a ser, a una misma vez, el espíritu humano, de su sensibilidad, de toda la magia que se puede generar con un cuerpo común y un enorme don. En fin, debo expresarlo: la música es mi adicción y lamento no ser el mejor de los hombres para corresponder de alguna forma a su grandeza.
Breve divagación.
Levantar la vista después del tropezón no es lo más sencillo, ni lo más práctico o lo más razonable y fácil de hacer. No, incluso no creo siquiera que sea lo más adecuado en determinadas situaciones, después de ocasos prominentes y caídas libres espectaculares. Levantar la mirada cuando se sabe uno culpable puede no ser lo más bravío de alguien, pero sí lo más importante, lo que engrandece, lo que sublima el espíritu, la victoria en la guerra, no sólo en la batalla. Levantarse después de la caída es la mayor de las virtudes de un ser humano. Y lo que prevalece aún cuando la muerte se presente.
Amigos
Yo no tengo un mejor amigo.
Es decir, no tengo un cuate que sea así, mi amigo del alma, de toda mi confianza, esa persona que según se dice es especial porque siempre está allí, en el momento justo y el lugar adecuado. No, le doy vueltas al asunto y busco los rostros más familiares que tengo en la mente y no, no lo hay: creo que desde hace muchos años no es tengo alguien así.
Porque seguramente en algún momento de mi vida si ha existido, aunque fuese brevemente, alguien que pudo ocupar dicho sitio. Y creo que no sólo fue uno, tal vez fueron más, no sé cuántos, pero si recuerdo a los más importantes. Y también recuerdo anécdotas y datos curiosos, simbolos e imagenes que difícilmente, creo, llegaré a olvidar... por lo menos hasta ahora. Eso sí, nunca he tenido amigas; creo que no soy bueno para relacionarme con el sexo opuesto, no sé comprenderlas, no sé tratarlas, soy muy brusco, muy directo, poco córtes (¡sepa qué diántres es eso!) y mucho menos sutil; tal vez por eso siento y alimento, el poco trato con ellas, aunque ha habido excepciones y he tenido una o dos, tal vez cinco y creo exagerar, con las que he convivido más o menos cerca, pero ninguna como para considerarla mi mejor amiga... ese es mi problema.
Y ahora que me sumergí en aguas medio profundas (digo medio porque no son las más profundas) encuentro que el círculo de personas con las que convivo medianamente son verdaderamente contadas, no más de veinte o treinta; no sé si alguien conviva con mucho más de esas; supongo que en tiempos de escuela y esas cosas, es mayor la probabilidad de convivir con un número más nutrido de entes, pero en mi caso, incluso en los tiempos de escuela, fue así, de poco alcance. Tal vez un insano ermitaño habita dentro de mí y maneja con peculiar maestría los hilos de mis relaciones personales y sociales.
Aunque debo confesar que eso no me genera algún tipo de melancolía o tristeza, pero es algo tan natural que a veces considero que así tendría que ser con los demás y puedo mal influir a esas veinte o treinta almas inocentes que nada tienen que ver con el loco ermitaño que llevo dentro.
En fin. Sólo quería escribir en algún sitio que ahora, justo ahora, hay una luz que nunca se apagará. Eso precisamente.
Es decir, no tengo un cuate que sea así, mi amigo del alma, de toda mi confianza, esa persona que según se dice es especial porque siempre está allí, en el momento justo y el lugar adecuado. No, le doy vueltas al asunto y busco los rostros más familiares que tengo en la mente y no, no lo hay: creo que desde hace muchos años no es tengo alguien así.
Porque seguramente en algún momento de mi vida si ha existido, aunque fuese brevemente, alguien que pudo ocupar dicho sitio. Y creo que no sólo fue uno, tal vez fueron más, no sé cuántos, pero si recuerdo a los más importantes. Y también recuerdo anécdotas y datos curiosos, simbolos e imagenes que difícilmente, creo, llegaré a olvidar... por lo menos hasta ahora. Eso sí, nunca he tenido amigas; creo que no soy bueno para relacionarme con el sexo opuesto, no sé comprenderlas, no sé tratarlas, soy muy brusco, muy directo, poco córtes (¡sepa qué diántres es eso!) y mucho menos sutil; tal vez por eso siento y alimento, el poco trato con ellas, aunque ha habido excepciones y he tenido una o dos, tal vez cinco y creo exagerar, con las que he convivido más o menos cerca, pero ninguna como para considerarla mi mejor amiga... ese es mi problema.
Y ahora que me sumergí en aguas medio profundas (digo medio porque no son las más profundas) encuentro que el círculo de personas con las que convivo medianamente son verdaderamente contadas, no más de veinte o treinta; no sé si alguien conviva con mucho más de esas; supongo que en tiempos de escuela y esas cosas, es mayor la probabilidad de convivir con un número más nutrido de entes, pero en mi caso, incluso en los tiempos de escuela, fue así, de poco alcance. Tal vez un insano ermitaño habita dentro de mí y maneja con peculiar maestría los hilos de mis relaciones personales y sociales.
Aunque debo confesar que eso no me genera algún tipo de melancolía o tristeza, pero es algo tan natural que a veces considero que así tendría que ser con los demás y puedo mal influir a esas veinte o treinta almas inocentes que nada tienen que ver con el loco ermitaño que llevo dentro.
En fin. Sólo quería escribir en algún sitio que ahora, justo ahora, hay una luz que nunca se apagará. Eso precisamente.
Introspectivamente.
¿Cuál debería ser la respuesta natural a una implicación del tipo “para la próxima”?
Uno se topa con que los juegos de los encuentros casuales son por fuerza innecesarios, son algo implícito desde cualquier perspectiva, y que sin embargo se dan. ¿Qué hacer en esos casos? Aceptar que la repetición de un evento circunstancial se pueda volver a presentar sugiere una intolerante manera de percibir el destino, mismo que juega una conceptualización irreverente toda vez que hablamos de entes racionales, es decir, íntegros, sobrios y poco místicos. Tal vez sea una cuestión de vanidad, pero la realidad transcurre en hechos concretos, mas no en trivialidades y posibles menoscabos de ilusiones o magras ideas sobre los acontecimientos futuros… es triste no influir sobre nuestras propias determinaciones.
Volviendo al tema, ¿qué decir de una solicitud expresa de alguien que promete una “próxima vez” cuando ambas partes saben de antemano la remota posibilidad de que sea algo con viables posibilidades?
Lo menos que se esperaría es que aquel que lanzó la primera piedra sembrara un grano de luz al respecto, que distorsionara un poco la realidad y dijera claramente cuándo y dónde será esa “próxima ocasión”, esa promesa vacua que no tiene pies ni cabeza hasta no aterrizar en algo concreto y real. Ese es trasfondo de las cosas, ese es el sentimiento, ese es el meollo del asunto, es la solución y la transparencia, es lo que se espera del lado del esperanzado, del bando del prometido… el prometedor debería ser justo y empeñar la palabra si quiere y cuantas veces lo considere necesario, pero hacerlo con claridad y sin leones en la noche fuera de la vista, no esperando que las luces no se apaguen sino dejando rastros, dejando huellas viables, números y señales, descripciones, mapas de navegación a la mano, entendibles, descifrables, si no, ¿cuál es la importancia de su propuesta sin una leve promesa de obtener algo?
Un encuentro casual, un café prometido y aceptado, una promesa involuntaria, suspiro despiadado, una verdadera razón de soltar un arma sin remordimientos.
Cuando todo falla podemos golpear los ojos de los caballos y hacerlos dormir y llorar. Pero no puedo pretender que no necesito defender una parte de mí de ti.
Algo así era lo que quería decir. Tal vez lo logré, tal vez sigo sin capacidad de entendimiento con el mundo proscrito en las afueras de mi soledad.
Uno se topa con que los juegos de los encuentros casuales son por fuerza innecesarios, son algo implícito desde cualquier perspectiva, y que sin embargo se dan. ¿Qué hacer en esos casos? Aceptar que la repetición de un evento circunstancial se pueda volver a presentar sugiere una intolerante manera de percibir el destino, mismo que juega una conceptualización irreverente toda vez que hablamos de entes racionales, es decir, íntegros, sobrios y poco místicos. Tal vez sea una cuestión de vanidad, pero la realidad transcurre en hechos concretos, mas no en trivialidades y posibles menoscabos de ilusiones o magras ideas sobre los acontecimientos futuros… es triste no influir sobre nuestras propias determinaciones.
Volviendo al tema, ¿qué decir de una solicitud expresa de alguien que promete una “próxima vez” cuando ambas partes saben de antemano la remota posibilidad de que sea algo con viables posibilidades?
Lo menos que se esperaría es que aquel que lanzó la primera piedra sembrara un grano de luz al respecto, que distorsionara un poco la realidad y dijera claramente cuándo y dónde será esa “próxima ocasión”, esa promesa vacua que no tiene pies ni cabeza hasta no aterrizar en algo concreto y real. Ese es trasfondo de las cosas, ese es el sentimiento, ese es el meollo del asunto, es la solución y la transparencia, es lo que se espera del lado del esperanzado, del bando del prometido… el prometedor debería ser justo y empeñar la palabra si quiere y cuantas veces lo considere necesario, pero hacerlo con claridad y sin leones en la noche fuera de la vista, no esperando que las luces no se apaguen sino dejando rastros, dejando huellas viables, números y señales, descripciones, mapas de navegación a la mano, entendibles, descifrables, si no, ¿cuál es la importancia de su propuesta sin una leve promesa de obtener algo?
Un encuentro casual, un café prometido y aceptado, una promesa involuntaria, suspiro despiadado, una verdadera razón de soltar un arma sin remordimientos.
Cuando todo falla podemos golpear los ojos de los caballos y hacerlos dormir y llorar. Pero no puedo pretender que no necesito defender una parte de mí de ti.
Algo así era lo que quería decir. Tal vez lo logré, tal vez sigo sin capacidad de entendimiento con el mundo proscrito en las afueras de mi soledad.
Regalo tardío pero seguro
Me enteré apenas hace unas horas del cumpleaños de A...
Para ella esta rola.
These foolish things
By Roxy Music
Oh, will you never let me be?
Oh, will you never set me free?
The ties that bound us are still around us
There's no escape that I can see
And still those little things remain
That bring me happiness or pain
A cigarette that bears a lipstick's traces
An airline ticket to romantic places
And still my heart has wings
These foolish things remind me of you
A tinkling piano in the next apartment
Those stumbling words that told you what my heart meant
A fairground's painted swings
These foolish things remind me of you
You came, you saw, you conquered me
When you did that to me
I somehow knew that this had to be
The winds of March that make my heart a dancer
A telephone that rings, but who's to answer?
Oh, how the ghost of you clings
These foolish things remind me of you
Gardenia perfume lingering on a pillow
Wild strawberies only seven francs a kilo
And still my heart has wings
These foolish things remind me of you
I know that this was bound to be
These things have haunted me
For you've entirely enchanted me
The sigh of midnight trains in empty stations
Silk stockings thrown aside, dance invitations
Oh, how the ghost of you clings
These foolish things remind me of you
The smile of Garbo and the scent of roses
The waiters whistling as the last bar closes
The song that Crosby sings
These foolish things remind me of you
How strange, how sweet to find you still
These things are dear to me
That seem to bring you so near to me
The scent of smouldering leaves, the wail of steamers
Two lovers on the street who walk like dreamers
Oh, how the ghost of you clings
These foolish things remind me of you, just you
Para ella esta rola.
These foolish things
By Roxy Music
Oh, will you never let me be?
Oh, will you never set me free?
The ties that bound us are still around us
There's no escape that I can see
And still those little things remain
That bring me happiness or pain
A cigarette that bears a lipstick's traces
An airline ticket to romantic places
And still my heart has wings
These foolish things remind me of you
A tinkling piano in the next apartment
Those stumbling words that told you what my heart meant
A fairground's painted swings
These foolish things remind me of you
You came, you saw, you conquered me
When you did that to me
I somehow knew that this had to be
The winds of March that make my heart a dancer
A telephone that rings, but who's to answer?
Oh, how the ghost of you clings
These foolish things remind me of you
Gardenia perfume lingering on a pillow
Wild strawberies only seven francs a kilo
And still my heart has wings
These foolish things remind me of you
I know that this was bound to be
These things have haunted me
For you've entirely enchanted me
The sigh of midnight trains in empty stations
Silk stockings thrown aside, dance invitations
Oh, how the ghost of you clings
These foolish things remind me of you
The smile of Garbo and the scent of roses
The waiters whistling as the last bar closes
The song that Crosby sings
These foolish things remind me of you
How strange, how sweet to find you still
These things are dear to me
That seem to bring you so near to me
The scent of smouldering leaves, the wail of steamers
Two lovers on the street who walk like dreamers
Oh, how the ghost of you clings
These foolish things remind me of you, just you
Lentitud
A veces la falta de concentración es el peor enemigo. A veces el poeta que llevamos dentro arrasa y nos impide siquiera dar un paso sin dejar de volar en intempestivas ilusiones y viajes por todo el sombrío universo de la imaginación. A veces vivir en la luna no es un escape sino la completa aceptación de nuestra realidad.
Escribo con el placer de compartir la palabra con el amigo imaginario que nunca me dejó, con el cual crecí, con el cual envejezco; escribo con la maraña de sensaciones que me carcomen, que me acorralan y me dejan tontamente ileso en medio de la tan mentada selva de acero. Escribo para mí sin que esto impida tácitamente hacerlo para los demás. A veces el cúmulo de ideas sobrepasa mi capacidad para explotarlas, para llevarlas a buen fin, a puerto, a los resultados esperados... mi cuerpo cada día es más lento que mi cabeza.
Escribo con el placer de compartir la palabra con el amigo imaginario que nunca me dejó, con el cual crecí, con el cual envejezco; escribo con la maraña de sensaciones que me carcomen, que me acorralan y me dejan tontamente ileso en medio de la tan mentada selva de acero. Escribo para mí sin que esto impida tácitamente hacerlo para los demás. A veces el cúmulo de ideas sobrepasa mi capacidad para explotarlas, para llevarlas a buen fin, a puerto, a los resultados esperados... mi cuerpo cada día es más lento que mi cabeza.
Un sueño
Justo encontré el centro de mi existencia en el fondo del vaso. Justo allí, apachurrada, apretujada por las paredes de un vaso medio vacío y transparente, borracha como una cuba, irreversible como un beso, como un deseo.
Y he allí las consecuencias: pasados un par de minutos, pedí otro vaso y después otro y otro hasta que medio me di cuenta de que sería difícil escapar. Siempre estaba allí, no importaba cual vaso mirara, estaba allí, asentada, golfa, mirando como si nada, hacia arriba, retando con altanería.
Y he allí que entonces decidí tomar directo desde la botella, un trago, dos, unas palabras ebrias al cantinero y otro trago; una mirada discreta, disimulada al músico, a los rostros del bar, a los compañeros de barra, pero no al fondo de la botella, no quería mirarla otra vez frente a frente, le tenía miedo, eso era, un miedo incontrolable, desfallecedor. Apunté discretamente el nombre del músico y cuando terminó su número le llamé, necesitaba alguien con quien charlar, disimular un poco mi preocupación y el cantinero estaba rebasado, no tenía ni tiempo de decir nada, sólo servir los siguientes tragos y ya incluso se estaba alistando un ayudante para entrar en acción.
Con los otros comensales, ni pensarlo. Con mucho esfuerzo había logrado llamarle al músico, total, imaginé que sería fácil atreverme a preguntarle por su pasado, su gusto por la música que a fin de cuentas, imaginé podría compartir también con él; en fin, hice una lista que según yo no podría fallar para distraerme: el objetivo seguía presente, seguía siendo el mismo.
Al principio todo fluyo con relativa calma, buenas noches, yo bien, espero que usted también, desde cuándo toca en este lugar, me agradó el tema de "Verónica", ni exagerado ni demasiado crudo, bien, buena interpretación... no, de ninguna manera, yo no canto, soy devoto de la música, pero como escucha solamente, no más, aunque en la regadera o en el auto me llegó a echar mis gargaritos, jeje, ya sabe, cuando uno está solo y con unos tragos, si, claro, también por supuesto el ron y el whiskey, más que el vodka o el brandy, si, no, a mí no me gusta nada, pus sí, una chela o dos para entrar en calor y luego un fuertecito para hacer apetito, jaja, nada improvisado, hasta para eso hay que planear, jaja, así es amigo...
De pronto no supe qué más decir. Afortunadamente, su descanso había terminado y debía volver a tocar; ¡uf!, me dije, sólo considere pocas preguntas y pocas respuestas, se habían agotado completamente. Sin querer, completamente distraído, intenté beber de mi botella, no salió nada e inocentemente me asomé al fondo... no supe más de mí.
Esa es la historia. Ahora quiero saber a dónde me toca ir, si a derecha o izquierda o como ustedes le llamen a este par de grupos de mequetrefes... sólo digánmelo porque nunca imaginé que la cruda la heredaramos aún estando muertos.
Y he allí las consecuencias: pasados un par de minutos, pedí otro vaso y después otro y otro hasta que medio me di cuenta de que sería difícil escapar. Siempre estaba allí, no importaba cual vaso mirara, estaba allí, asentada, golfa, mirando como si nada, hacia arriba, retando con altanería.
Y he allí que entonces decidí tomar directo desde la botella, un trago, dos, unas palabras ebrias al cantinero y otro trago; una mirada discreta, disimulada al músico, a los rostros del bar, a los compañeros de barra, pero no al fondo de la botella, no quería mirarla otra vez frente a frente, le tenía miedo, eso era, un miedo incontrolable, desfallecedor. Apunté discretamente el nombre del músico y cuando terminó su número le llamé, necesitaba alguien con quien charlar, disimular un poco mi preocupación y el cantinero estaba rebasado, no tenía ni tiempo de decir nada, sólo servir los siguientes tragos y ya incluso se estaba alistando un ayudante para entrar en acción.
Con los otros comensales, ni pensarlo. Con mucho esfuerzo había logrado llamarle al músico, total, imaginé que sería fácil atreverme a preguntarle por su pasado, su gusto por la música que a fin de cuentas, imaginé podría compartir también con él; en fin, hice una lista que según yo no podría fallar para distraerme: el objetivo seguía presente, seguía siendo el mismo.
Al principio todo fluyo con relativa calma, buenas noches, yo bien, espero que usted también, desde cuándo toca en este lugar, me agradó el tema de "Verónica", ni exagerado ni demasiado crudo, bien, buena interpretación... no, de ninguna manera, yo no canto, soy devoto de la música, pero como escucha solamente, no más, aunque en la regadera o en el auto me llegó a echar mis gargaritos, jeje, ya sabe, cuando uno está solo y con unos tragos, si, claro, también por supuesto el ron y el whiskey, más que el vodka o el brandy, si, no, a mí no me gusta nada, pus sí, una chela o dos para entrar en calor y luego un fuertecito para hacer apetito, jaja, nada improvisado, hasta para eso hay que planear, jaja, así es amigo...
De pronto no supe qué más decir. Afortunadamente, su descanso había terminado y debía volver a tocar; ¡uf!, me dije, sólo considere pocas preguntas y pocas respuestas, se habían agotado completamente. Sin querer, completamente distraído, intenté beber de mi botella, no salió nada e inocentemente me asomé al fondo... no supe más de mí.
Esa es la historia. Ahora quiero saber a dónde me toca ir, si a derecha o izquierda o como ustedes le llamen a este par de grupos de mequetrefes... sólo digánmelo porque nunca imaginé que la cruda la heredaramos aún estando muertos.
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