Una bala roza misteriosamente mi cuerpo. Una bala que podría aniquilar fácilmente la batalla de una miserable vez. Una bala y un sigilo: momento insospechado donde la naturaleza se desborda completamente fuera de control.
A los pocos minutos, la sangre abarca todo el espacio, el momento es titánico, repetitivo en la cabeza, una y otra vez, vuelta y vuelta a recordarlo. Un hombre es un obelisco, una parte marchita de una existencia que no desea seguir adelante; un hombre es la revelación de las andanzas más finas e insensatas que jamás pudieran haberse imaginado.
Leamos a Dostoiesvki.
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