No tengo mucho que decir. El tiempo y el espacio en que me tocó habitar este planeta se confunden constantemente con otros momentos, otras geometrías.
Suelo escribir poesía: destellos de lo que pretendo pueda desarmar mis traumas y temores más circunspectos. También suelo flotar entre nubes de alquitrán, beber whiskey con muchos hielos y dejarme atropellar por mi melomanía, esa insana necesidad de tener música cerca, desbordar los sentidos con arreglos bruscos y acordes ingeniosos o complicados, según se prefiera ver.
Tengo libros muy preciados, muchos de ellos sin abrir, debo confesarlo, pero verdaderamente amados; a esos los llamo pecados sin ejecutar, burdas emociones que se congratulan de contagiar idiosincracia fácilmente. Aunque en algunos casos, eso no se cumple a cabalidad y requieren de absoluta contemplación, más allá de concentración.
No tengo mucho que decir, en serio. Más bien creo que el sentido de tener un blog se acerca más a las noches en que los demonios no pueden quedarse dentro, en que sus noches de juergas se vuelven imposibles y generan verdaderas revoluciones en mis ondas cerebrales. La esquizofrenia me ha coqueteado muchas veces y de formas por demás inverosímiles, putescas diría yo. La cavidad dentro de mi cráneo está llena de no pocas personas a la vez, sincronizando sus necesidades con las mías, lo que genera una rotunda mezcla de barbaridades propias de un demente o alienado cuando menos.
Mas cuando pienso en la solemne miseria que nos acaece, sonrío y me desmayo. Murmurando entre ojos la picarezca tonada de los resignados, los cierro y desfundo el arma más poderosa que tenemos: la imaginación. Yo le llamó el tren de la vida. Y así encerrado en mis soliloquios, miro con asombro el infierno que existe dentro, el parteaguas que cada día significan los pasos más pequeños que doy, las sonrisas que no reparto, las palabras que no digo o las emociones que no muestro...
Venga una oportunidad más. Vengan más días con miseria rondando por allí, con nudos en la garganta escuchando en silencio a los demás. Que vengan, yo estaré aquí mientras se pueda, esperando insolente, sin soslayar ideas, con la fuente inagotable del creer en que se puede salir de donde estamos. Venga más... ¿poesía? Ustedes lo deciden, no yo.
Avasallar la nada,
reducir a polvo el sonido puro del silencio
sin preguntas, sin palabras,
pelear batallas sin tregua
angustias sin creencia.
La mañana aún no se acaba:
dejemos el gélido suelo
y con la fuerza que no usamos volemos
mientras el implacable tiempo lo permita
mientras la luna alucinante con nosotros viva.
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