Alborada

Recuperar la calma, el oleaje nocturno entre las sábanas persas que bordea el recinto sin testigos.
Recuperarte, Luna mía, con la intensidad desbordada, al amparo de la villa ciega que nunca dejó de mirarnos; reinvindicarme en la bruma gris, fuerte, testaruda de los años que aún tenemos por venir.

Cumplir una mañana más sin testigos.

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