Abrumador resulta el hecho de correr entre estrechos pasillos saturados de semblantes aburridos y toscos cuando el nuestro reboza plenitud y sobriedad. Abrumador resulta el hecho de salpicar risotadas entre la multitud que agobiada viaja rumbo a lugares desconocidos, incluso aún cuando habitan en ellos. Abrumador resulta que los hombres tengan saciedad en ambiciones del tamaño de mi dedo meñique.
Recuerdo por ejemplo que hace unos días platicaba con Inés y ella me decía a grandisimos rasgo como es su apacible vida, sin detalles ni nada, sólo me decía lo imprescindible: levantarse muy temprano, arreglar en lo posible todas las cosas para que su hijo se vaya a la escuela y lo que ella necesitará para irse a la oficina. Trabaja duramente todo el día y por la tarde trata de salirse lo antes posible para llegar a casa a pasar un ratito aunque sea con su hijo, haciendo tarea o jugando con el, mientras el sueño les gana a uno o a los dos juntos.
También me platicó que en ocasiones duerme poco, por la terrible rutina que la supera y contra la que actualmente no hay salvación. Es verdaderamente necesario encontrar un método de escape para la maldita rutina ¡vaya enemiga de los días actuales! La rutina genera un estrés silecioso, sigiloso, sin dejar rastro, sin que se aprecie, es como un estallar de células cancerosas que de pronto aparecen sin que se pueda dar marcha atrás, y cuando menos lo esperas, ¡pum! estás acorralado y se te fueron varios años valiosos de tu existencia, trabajando para alguien que jamás valorara en su justa dimensión ese tiempo que invertiste para acrecentar su fortuna y que además, en el momento menos esperado te despida y te deje fuera de sus planes futuros.
Y aunque sé que no digo nada que nadie no sepa, es doloroso ver como en tales circunstancias y a pesar de ser el secreto más grandemente conocido, nadie dice ni hace nada para salvar la situación, nadie aparentemente suele tomarlo en la charla de la comida o del café nocturno con los amigos; más bien el tema de la platica siempre es quién tiene el celular de moda o el tono más reciente, quién el mejor auto o quién es novio o novia de quién; incluso llegamos a extremos tan absurdos que nuestras conversaciones caminan alrededor de serenos temas como el galán de telenovela más guapo o la chica más guapa de la oficina... Pero los mexicanos tenemos todavía una marca más grande aún: el abrumador hecho de festejar que somos independientes cuando nos domina algo tan infinitamente más poderoso que nosotros llamado televisor, ¿en que momento caímos de este lado de la esclavitud?
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