De mi propia cosecha

Hay días en que un espectro de no sé qué procedencia se aproxima y simplemente se aparca sobre mí. Es una sensación singular pues de pronto mi cerebro comienza a generar extrañas estimulaciones, sonidos que no logro comprender, murmullos internos que, supongo, sólo yo reconozco y de pronto siento una inmensa necesidad de dormir o al menos dormitar, de escapar del sitio en que me encuentre, de gritar o cantar o golpearme fuertemente contra lo que sea...

En ocasiones prefiero dejarlo crecer y cierro los ojos para averiguar hasta donde mi estado consciente es capaz de entender las intenciones de eso, comoquieraquesellame; mi cabeza gira incontrolablemente o mi cuerpo brinca como si algo lo hubiese pinchado. Es una sublime emoción que se infiltra por la nuca, nublando la mirada y poniendo los pies a temblar.

La misma sensación minimalista del suicida; la misma insana propiedad de sentirse poseído, incongruente o incapaz. La misma recurrente propiedad de estarse volviendo irremediablemente loco, loco de remate.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario