Tendría sentido amalgamar las promesas con detalles inexplicables. Tendría sentido ahuyentar el método para acercarnos a lo natural, refrescarnos con ínsulas de insaneidad, con metrallas lúdicas de cero solemnidad.
Tendría sentido ahogar los motivos para el llanto, los morbosos golpes de melancolía dentro de un aro de enfermiza locura; tendría todo el sentido del tiempo lograr una metamorfosis intelectual a nivel global de raza para enfocar nuestras necesidades con un simple y amorfo fin... tendría sentido...
Mas es lógico que todo lo que tendría sentido no necesariamente sea lo más deseado o el camino a elegir, lo más aclamado o lo más elemental. No, no es una razón suficiente que tenga algo sentido o no, más bien lo importante es cuántos consideran que eso sea lo implacable, lo inherente a las masas, a los miembros involuntarios de una raza, un pueblo o el planeta entero. Eso no tiene sentido, pero será lo que prevalezca durante el poco o mucho tiempo, depende desde donde se mire, que le reste a la humanidad de existencia.
Todos tendríamos que buscar que lo que nos hace sentido sea realizado. Es nuestra misión.
Angustia
Moriré y nunca tendré los libros que deseo ni los discos que necesito ni habré visto las películas que debía ver... ¿qué esperanza de vida me resta?
Rosario
Un rosario sobre la piedra. Amarillo, soleado amargo, cubierto de extrañas partituras emblemáticas, imperdonables.
Un rosario sobre los brazos abiertos de un árbol; un epitafio mecánico que siniestramente acude a batirse entre espadas de inmadurez e ignorancia de la multitud; sangrado antes que sagrado, ambivalente y parcial en demasía, atroz amenaza que se cumple: una hostil mascarada en el círculo del magistrado.
Es la cruz en las espaldas, la piedra en los hombros, el juguete del ángel o del demonio. Es la rueca, la locomoción incierta. Es la verde pradera de pirules, de abetos, de álamos.
Una llama en la tierra, amalgama de horror envuelto en un aparato de TV.
Un rosario sobre los brazos abiertos de un árbol; un epitafio mecánico que siniestramente acude a batirse entre espadas de inmadurez e ignorancia de la multitud; sangrado antes que sagrado, ambivalente y parcial en demasía, atroz amenaza que se cumple: una hostil mascarada en el círculo del magistrado.
Es la cruz en las espaldas, la piedra en los hombros, el juguete del ángel o del demonio. Es la rueca, la locomoción incierta. Es la verde pradera de pirules, de abetos, de álamos.
Una llama en la tierra, amalgama de horror envuelto en un aparato de TV.
Probablemente
Alcanzar el tiempo. Rondar por la circunferencia de lo inhóspito, de lo menos imaginado; apartar del sueño las doncellas y entrar con frente amplia al ruedo, a la noche, a la parte simbólica de la carroña.
Ahora que menciono esto, es probable que la bondad que se oculta bajo la manga se sienta agredida y me abandone; es probable que la poca astucia con que cuenta mi intelecto se sienta beneficiada y de pronto emprenda, al fin, la honrosa huída de ser tan despreciable.
Es probable que las mañanas vuelvan a verse así, blancas y sin sol. Pero primero habría que alcanzar el tiempo.
Ahora que menciono esto, es probable que la bondad que se oculta bajo la manga se sienta agredida y me abandone; es probable que la poca astucia con que cuenta mi intelecto se sienta beneficiada y de pronto emprenda, al fin, la honrosa huída de ser tan despreciable.
Es probable que las mañanas vuelvan a verse así, blancas y sin sol. Pero primero habría que alcanzar el tiempo.
Escalera
Alivio. Prisión que inunda el temple luminoso, prisión que reverdece entre piraguas domingueras, entre raudales de alondras, en grupitos de sirenas muertas.
La prisión que inunda la escalera, hueca y distante entre la gloria y la miserable enmienda.
La escalera vidriosa que arremete en la arboleda, desgaja en témpanos de ayuno la poca solvencia de la tierra; descarna el silogismo, amorfo temple sin destino.
La vida en una escalera, caracol de sensaciones, humeante arma desplegada en el horizonte, en nuestra frente, símbolo de naturaleza plasmado solo al vernos nacer.
La prisión que inunda la escalera, hueca y distante entre la gloria y la miserable enmienda.
La escalera vidriosa que arremete en la arboleda, desgaja en témpanos de ayuno la poca solvencia de la tierra; descarna el silogismo, amorfo temple sin destino.
La vida en una escalera, caracol de sensaciones, humeante arma desplegada en el horizonte, en nuestra frente, símbolo de naturaleza plasmado solo al vernos nacer.
Renacimiento
Había decidido dejar un tiempo descansar la bitácora. Había pretendido no escribir sobre miseria, no dejar que su pestilente bramido siguiera penetrando más páginas de este blog, aunque de ser así, precisamente este blog no tendría razón de seguir existiendo.
Y es que no puedo dejar pasar de largo el alboroto que puede llegar a generar una pizca de miseria en la gente, es verdaderamente un fuerte carburante, un catalizador de emociones sin igual... es decir, no puedo dejar de admirar la potencia de sentimiento tan contradictorio; incluso he llegado a pensar que el amor y la miseria son verdaderamente los únicos dos grandes sentimientos reales que existen en la humanidad. Considero pertinente además mencionar que la valía de ellos es tan similar como dos gotas de agua puedan serlo; es imposible desistir de escribir en una bitácora así, porque incluso, en sí misma, está bitácora es miserable desde un cierto punto de vista, es decir, lejos de los reflectores, con pocos pero seguros lectores, siendo simplemente un punto de referencia para ciertas intenciones, pero profundo y hasta incierto; las más de las veces contradictorio.
En fin, seguiré, no puedo evitarlo. Este año seguirá siendo miserable para esta bitácora.
Y es que no puedo dejar pasar de largo el alboroto que puede llegar a generar una pizca de miseria en la gente, es verdaderamente un fuerte carburante, un catalizador de emociones sin igual... es decir, no puedo dejar de admirar la potencia de sentimiento tan contradictorio; incluso he llegado a pensar que el amor y la miseria son verdaderamente los únicos dos grandes sentimientos reales que existen en la humanidad. Considero pertinente además mencionar que la valía de ellos es tan similar como dos gotas de agua puedan serlo; es imposible desistir de escribir en una bitácora así, porque incluso, en sí misma, está bitácora es miserable desde un cierto punto de vista, es decir, lejos de los reflectores, con pocos pero seguros lectores, siendo simplemente un punto de referencia para ciertas intenciones, pero profundo y hasta incierto; las más de las veces contradictorio.
En fin, seguiré, no puedo evitarlo. Este año seguirá siendo miserable para esta bitácora.
El alce
En la luz fragua el alce sus deseos, los corona con ideas abstractas que se objetivan conforme la oscuridad lo rodea. En la luz recobra el alce su pureza, en la atmósfera vespertina liga sus pisadas con el vuelo sensato de quien respira libertad.
El renovado alce recibe la noche con los más vehementes deseos de volar. Se ata al trineo y exhala humo blanco y ciego antes de partir.
El renovado alce recibe la noche con los más vehementes deseos de volar. Se ata al trineo y exhala humo blanco y ciego antes de partir.
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