Alcanzar el tiempo. Rondar por la circunferencia de lo inhóspito, de lo menos imaginado; apartar del sueño las doncellas y entrar con frente amplia al ruedo, a la noche, a la parte simbólica de la carroña.
Ahora que menciono esto, es probable que la bondad que se oculta bajo la manga se sienta agredida y me abandone; es probable que la poca astucia con que cuenta mi intelecto se sienta beneficiada y de pronto emprenda, al fin, la honrosa huída de ser tan despreciable.
Es probable que las mañanas vuelvan a verse así, blancas y sin sol. Pero primero habría que alcanzar el tiempo.
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