Rosario

Un rosario sobre la piedra. Amarillo, soleado amargo, cubierto de extrañas partituras emblemáticas, imperdonables.

Un rosario sobre los brazos abiertos de un árbol; un epitafio mecánico que siniestramente acude a batirse entre espadas de inmadurez e ignorancia de la multitud; sangrado antes que sagrado, ambivalente y parcial en demasía, atroz amenaza que se cumple: una hostil mascarada en el círculo del magistrado.

Es la cruz en las espaldas, la piedra en los hombros, el juguete del ángel o del demonio. Es la rueca, la locomoción incierta. Es la verde pradera de pirules, de abetos, de álamos.

Una llama en la tierra, amalgama de horror envuelto en un aparato de TV.

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