Tendría sentido amalgamar las promesas con detalles inexplicables. Tendría sentido ahuyentar el método para acercarnos a lo natural, refrescarnos con ínsulas de insaneidad, con metrallas lúdicas de cero solemnidad.
Tendría sentido ahogar los motivos para el llanto, los morbosos golpes de melancolía dentro de un aro de enfermiza locura; tendría todo el sentido del tiempo lograr una metamorfosis intelectual a nivel global de raza para enfocar nuestras necesidades con un simple y amorfo fin... tendría sentido...
Mas es lógico que todo lo que tendría sentido no necesariamente sea lo más deseado o el camino a elegir, lo más aclamado o lo más elemental. No, no es una razón suficiente que tenga algo sentido o no, más bien lo importante es cuántos consideran que eso sea lo implacable, lo inherente a las masas, a los miembros involuntarios de una raza, un pueblo o el planeta entero. Eso no tiene sentido, pero será lo que prevalezca durante el poco o mucho tiempo, depende desde donde se mire, que le reste a la humanidad de existencia.
Todos tendríamos que buscar que lo que nos hace sentido sea realizado. Es nuestra misión.
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