Diciembre es un mes por demás lleno de motivos para que, lejos de sentirnos contentos, humanos, plenos, la miseria se alce hasta alturas inimaginadas, pisoteando a cual más, dejando de lado el espíritu de reconciliación e incluso generando las más grandes pugnas entre muchos círculos que anteriormente eran cercanos.
Y puede ser que esto se genere precisamente a raíz de tanta maldita publicidad al respecto; tanta mala leche, tantas cosas inútiles que nos venden por cualquier medio con el pretexto de que compres y regales, un alud de mensajes que van directo a la mente y que van generando un sentimiento de impotencia en cada una de las personas que no podrán comprar todo lo que deseen y que además, durante toda la temporada los anuncios le estarán echando en cara su triste situación.
El aguinaldo no alcanza ni tampoco la caja de ahorros ni las tandas ni nada; simplemente es casi imposible sobrevivir a tanta publicidad para gastar y comprar y regalar; no hay dinero que alcance; no hay alegría que se cumpla; no hay felicidad plena en la familia, los traumas en los chiquillos inician desde ahora y entonces surgen nuevas generaciones de delincuentes dispuestos a conseguir lo que su inútil padre no les puede dar...
Diciembre es un mes que la publicidad ha dejado amargo, insalubre; Diciembre es el mes que, me atrevo a decir, la mayor cantidad de miserables detestan, es el mes en que más dinero circula por las calles, el mes donde posiblemente más muertes se registren por cualquier tipo de situaciones, incluyendo las más fantásticas e inverosímiles, el mes donde casi podría asegurar, existe el mayor número de desintegraciones familiares, el mes de mayor tráfico vehicular en el año, pero también, hay que decirlo, es el mes de la virgen de Guadalupe y donde se situó, por alguna fiesta pagana adoptada por los cristianos, la natividad de Cristo (con todo y papá Noel). ¡Celebremos pues!
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