De cuando hallé la muerte.

Una mañana me encontré de frente a la inquisición. La mantuve a la mayor distancia posible, la menosprecie mientras las fuerzas me lo permitieron, mientras el eco de mi valentía se mantuvo firme e inviolable. Por momentos descuidé la retaguardia, atolondrado buscaba sitios para guarecerme, para ocultarme de semejante figura.

Una mañana muchos días después dejó de perseguirme; lleno de júbilo imaginé que la había vencido, que había logrado inmunidad, un cierto fuero que me permitiría olvidarme de ella por mucho tiempo, una realidad nueva se presentaba y contento conmigo mismo accedí a enfrentarla. Y he aquí que encontré la muerte. Había caído en la trampa.

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