Un muerto

Un compañero en la oficina es un muerto. Entonces cuando sobrevienen días como el de hoy, no sabemos si festejarle, si reverenciar su presencia con un luto ornamental en las vestimentas, o si de plano ignorar la festividad. Sin embargo, esta embarazosa situación se convierte en cómica cuando le instalamos una ofrenda en su mismo lugar de trabajo, pues no sabe como reaccionar ni mucho menos decidirse entre aprovecharla y alimentarse de allí descaramente o fingir indiferencia y hacerlo por lo bajo.

Entre las ventajas que he hallado es que siempre tiene, dentro de su aspecto lúgubre, una leve tonalidad gris que genera un bienestar y una tranquilidad como pocas: de qué puede o podría ocuparse un muerto que vive (por decirlo de una forma) entre los mortales y que además lo convierte por fuerza en un ser totalmente ajeno a los ajetreos de una vida común o al menos de la manera en que la conocemos... es una historia que tiene muy poco de macabra y mucho de comicidad desde mi punto de vista.

Es interesante relacionarse con un ser de estas características, puesto que el cúmulo de experiencias, conocimientos e incluso su capacidad de abstracción son verdaderas bendiciones para un mortal común; se aprende, se valora y sobre todo se accede a planos de infinita valía. Hoy valoro, por ejemplo, lo afortunado que soy por tenerlo de compañero.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario