Aquelarre. Una bruta divagación.

La irreversible, incipiente facultad de autodestrucción, de envejecimiento prematuro, de falsa autoridad, de amar lo inalcanzable para no perder el piso. La relación uno a uno convertida en taladrante uno a menosuno; la permanente histeria, la sofocada lentitud y añoranza de atención. Características identificables, revestidas dentro de un universo simétrico, paralelo; con la cabeza desquiciada y los nervios fríos es imposible no ser placentero, es inviable, es inconcebible.

No sé expresar los acontecimientos actuales. Sanguinarios sin más, así de simple, así de crudo. Cada día que pase los demás podrán llamarme hijo de perra con argumentos lógicos vistos desde dentro... yo no sé si eso tenga que ver con que yo estoy situado en la azotea y no dentro del aquelarre.

Obviamente, la segunda llamada aún no llega, pero lo hará, ya verán que sucederá.



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