Igual a un copo prohibido de nieve asimilé la epidermis de ella, su brillantez, su durabilidad, su resistencia, su fragilidad, todo, todo en ella así lo indicaba, irresistible por decir lo menos.
También indicaba otras cosas: soledad, inapetencia, pérdida del rumbo, liviandad, absoluta necesidad de aceptación, de amigos, de calor. E indicaba que la belleza siempre está más aislada, más lejana, cercana a lo mundano tanto como el alma pura está cerca de los ángeles, del espíritu libre. Uno es materia. El Otro simplemente es.
Me acerqué con un temor que se me escurría a grandes cantidades, sudando, nervioso: encontré una mirada enorme, una brillantez excelsa, magistral: dos gemas invaluables enmarcadas de enormes arañas y azotadores precisos, perfectamente encajados en un rostro ligeramente alargado y terso, bondadoso, inocente e imperfecto: una doncella real.
Sucede que pasados los segundos el nervio, el terror, el audaz antifaz que se propaga sin que uno lo premedite, fueron desapareciendo, dejando muestras varias de bochorno y falta de palabras. Sucede que la charla iba desapareciendo, muriendo a cada sílaba pronunciada y a cada instante acrecentaba su presencia el silencio, ese maldito malnacido que tiene una increíble capacidad de aparecer cuando menos indicado es... sucede que su rostro fue adquiriendo magnitud, su irresistible condición en la piel generaba una incontrolable necesidad de tocarla, de acariciarla, de redimir con astucia su pronto dominio sobre mi humanidad... sucede que huí derrotado, sintiéndome miserablemente abatido, incapaz de hablarle de frente, incapaz de conquistar su favor, su pasión, mirando con osadía su partida, su alegre dispersión de palabras con otras personas, otros planos que probablemente le agradarían más que los míos. Huí cobardemente del campo de batalla, huí con hielo en la sangre, con una paroxismo en la mente, una locura naciente que me carcomía a cada instante en que la recordaba; huí con la derrota a cuestas, sabiendo que pude hacer más, pero que no me permitiría derrochar un instante de cólera en su favor.
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