Desvaríos

Conocí la miseria al cumplir ocho años. Lo relaté en uno de los primeros post de este basurero, pero creo necesario puntualizar o más bien resaltar que la miseria fue precisamente la que me cambió la vida, la que fungió como cupido hacia ella, la que me volvió listo y por la que deje de ser niño para ser miserable, una mezcla insulsa de freak y geek... extraño pues.

Mi familia cercana, es decir, con quien crecí y conviví antes, durante y después de mi transmutación, ahora sólo intercambia una o dos palabras cada que a mí se me pega la gana permitírselos, aunque debo confesar que ellos tampoco me buscan tanto, es algo recíproco, algo de repulsión mezclada con desprecio y suspicacia sobre sus intenciones; creo que en el fondo no perdonaron nunca que la falta de padre generara una especie de sobreprotección de los altos mandos hacia mí, algo que obviamente a esa edad no se solicita, pero que existía, y que por ende, dejaba fuera de la jugada a muchos que deseaban esa atención, pero no, yo la tenía acaparada en su totalidad y pues, ni hablar.

Esto lo escribo porque veo a los jovencitos de hoy -adolescentes, pues- y son tan diferentes de cuando mis tiempos... o tal vez yo era demasiado inerte en mi tiempo y eso provocó que me perdiera de esa etapa de mi vida: la mayor parte de ese tiempo la viví borracho o drogado o algo por el estilo, desconectado y solo, solo.

Ahora que la vida es distinta me pregunto: ¿el ritmo lo impone la vida o lo impone las circunstancias de ella misma? Yo no sé ustedes, pero el primero en declararle la guerra a las situaciones es la situación misma; a ver, intentaré ser más claro: si uno vive en un castillo, seguramente su vida será diferente a vivir en un rancho y esa situación será distinta a vivir en un barrio de clase media y a la vez, ésta será distinta a vivir en un pueblo chico y así sucesivamente.

¡Que complicada puede ser la sociología!

Pero bueno, ya para cerrar este desvarío y no aburrirlos, les cuento que mi amigo Vellocet ha escrito que la corporativa es una puta, tal vez nuestra esclavitud esté disfrazada, pero ahora tenemos derechos y ahora podemos votar y también podemos desvirtuar las situaciones cuando se nos acaban los argumentos... probablemente todos estamos enfermos y necesitamos de una revolución verdadera para intercalar nuestra imaginación con nuestros sentimientos y nuestras necesidades... la civilización se hizo para eso, para el consumo, para el desarrollo, para esclavizar sin riesgo de ofender, para eso, creo yo.


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