La verdadera ventaja de no ser quien dicen que eres, o la clásica interpretación "a lo lejos" de tu persona, radica, claro está, en la condición de lejana extrañeza y baja apreciación de lo real.
Es como ir a un estadio de cualquier deporte y mirar desde la grada más alta: siempre se tendrá una impresión deformada de los sucesos que realmente acontecen.
En alguna ocasión, el momento de confianza nunca antes tenida, generó una irracionalidad completa en mi interlocutor: ¿¡¡cómo podía ser que hubiéramos estado tanto tiempo cerca sin de verdad conocernos!!? Una expresión que no supe interpretar, porque al fin y al cabo, ¿a quién diantres le importa quién soy o cómo soy o de dónde provengo?
Sin embargo, prefiero la acostumbrada muletilla, el sarcasmo escondido bajo el hábito de los poco interesados, el sumiso hablar con la cabeza gacha y la mirada siempre desviada para que no capten mi atención. Es una autodefensa, lo sé, pero al fin y al cabo, impide cierta inversión de tiempo innecesaria y que terminara en el caño...
Bah! ¿Qué clase de día fue hoy que mis ideas no tocan piso?
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