Volver, algo que la inasible tolerancia al tedio lo permite sólo en los momentos más dísimiles. Es la permanencia quien obliga a suspirar por un tiempo ya ido, acaso sea una sed motivadora de placeres sadomasoquistas.
Tal vez la fugacidad de los instantes, de las palabras, o incluso la variedad de las desilusiones, sean las razones culpables de todo el desierto que nos habita.
Si la permanencia fuera la vida, ¿dónde quedaría el vacío necesario, la digna introspección, la añoranza de uno mismo? ¿Dónde habríamos de arrumbar la necesidad de venganza, de hastío, de compañía?
Volver, regresar cuando no te has ido, desandar un camino que nunca se anduvo, beber de un oasis, nacer cuando aún no has muerto. Volver al sitio indicado, siendo que éste jamás existió. Mirar el sol cuando ciego te has quedado.
No permitas caer la mísera compasión sobre tus espaldas.
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