Breve divagación

Dias agitados. Música extrema, intensidad en los huesos... exceso. El eterno y agresivo exceso, tan peligrosamente amado, extrañado y censurado.
Blake conjuraba "El camino de los excesos conduce al palacio de la sabiduría", frase por demás aventurada para los tiempos en que fue escrita; aún hoy sigue espantando fuertemente esta palabra.

Los rumores del posible nuevo holocausto, la guerra y la muerte de dios, son síntomas inequívocos de una falta de confianza de la humanidad en sí misma. Los líderes de prácticamente todas las culturas se atrofian en la demagogia y los poetas son incapaces de retratar su propia época; máxime cuando los mismos reconocimientos a que pueden acceder, llámese premios o publicaciones de las grandes casas editoriales, no se dan precisamente por la calidad de los trabajos, sino por las relaciones públicas. Las letras, al igual que casi todo lo que nos rodea (política, arte, religión, etc.) está contaminada de corrupción.

Pero eso no era lo que deseaba expresarles, sino que los días que han antecedido al presente post, han sido para mí severamente agitados... tenía que decirlo, gritarlo... tenía que sentirme vivo.

Gracias a todos por leer y estar. Seguimos en la onda.


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