Cabalmente

Cabalmente enmudecido, reconozco que abandoné el teclado para manifestar de otras formas a los demonios que me habitan. Acudí febrilmente a los palacios más antiguos de la colonia a derruir lo poco que aún quedaba de mis mejores recuerdos, de las risas a cuentagotas que prodigué alguna vez; acaso el infernal testarudo que me habita sólo estaba distraído en su ínfima percepción del mundo.

Atorado en el sistema, sitiado en la marabunta añeja que abruma cada murmullo, cada perplejidad que me asalta,recuerdo los encierros, el intenso tropel arrollándome sin miramientos...

Cabalmente ahogado, recorro las cortinas y doy la bienvenida al sol, a las llamas lejanas que alimentan mi sed de calor.

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