Sol de invierno.
Entrego este poema inaudito
a tus piernas, insolentemente bellas,
a la voluptuosa voz que no tienes,
a tus llantos, a tu calva testa.
Pronuncio desconcertado este turbio decreto
a las ruinas en que encuentro tu silencio,
al trueno y al caballo con que a veces sueñas,
al volumen de la música que subir no puedes,
a los árboles que no has trepado todavía.
Vida lluvia sueño
ternura calamidad esperanza.
Tenue tormenta de agua y arena:
¿en qué parte de la eternidad reposabas
antes de ser venerable presencia en la tierra?
La tarde expira lenta
florece la luna,
(madre inmaculada)
en el centro del manto estelar.
Y yo canto solitario estas plegarias,
durmiente bella, ostra sin intención,
detractora del hambre, sola edad sin llamas,
mujer enigma vida cielo punto final.
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