Esconder la mirada absorta entre las manos,
duplicar el neblinaje del alma
con aciagos dedos:
dedos esculpidos con la bondad de un rezo
en el momento justo en que muere la tarde:
Mas no siempre la maravilla oculta fue así;
no siempre detuvimos las sonrisas espontáneas
o los halagos inconclusos, rotos todos a besos;
no siempre el fuego cubrió los horizontes
ni la mañana se sintió gélida y espeluznante:
Las aves citadinas cantaron alguna vez
y los pueblos recitaron fervores de amor;
Acuso al androide que llevo dentro,
al aniquilador de torbellinos pasionales,
al murmurante soliloquio que aprisiona mis sentidos,
al terror que ya no encuentro a cada paso;
esconder el tiempo debajo de la cama,
olvidarlo
quemarlo
torturarlo
destrozarlo
perdonarlo
arlo
rlo
lo
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