La tarde del jueves 20 de Octubre del 2005 fue sin lugar a dudas, un momento de los más importantes en mi vida: fue la tarde en que Estigia nació y fue presentada "oficialmente" en la sociedad, el nacimiento de un proyecto que llevábamos mucho tiempo organizando, un leve instante de reflexión, de júbilo por otorgarle vida a un sueño, el primer paso de todo un maratón (ójala), pero también la tarde donde encontramos lo implacable que puede ser el sistema, una manera fácil de lanzarse al ruedo sin capote.
Una sala medio concurrida, con gente medio interesada, con el aparato oficial del propio sitio ajustando y vigilando lo que intentara o pudiera salirse de control; incertidumbre y miedo, sentimientos encontrados por el papel y el lugar en que uno está parado, dolor por no ver más gente de la esperada, resignación porque las cosas son así y así seguirán mucho tiempo. Impotencia por no poder hacer más de lo poco que ya se está haciendo.
Y mientras tanto, Stan y Wilma despachándose con cuchara grande, aprovechando precisamente el sitio privilegiado que la naturaleza les ha otorgado; y mientras tanto un par de políticos estúpidos desdeñando el país, mostrando de que está hecha nuestra realidad; y mientras tanto la parálisis intelectual que vivimos creciendo inconmensurable; y mientras tanto Estigia naciendo, dando su primer respiro, entregando pelea a la tal vez guerra perdida más sonada de la historia.
Yo no creo que esta presentación sea un motivo de festejo; yo no creo que podamos pelear durante mucho tiempo por este sueño enfermizo que suplica un poco más de vida; yo sólo creo que no hay peor lucha que la que no se hace, creo que la realidad suele superar la ficción y en nuestros sueños habita una ligera noción de éxito en la que plantamos todos nuestros esfuerzos.
Sé que la relación causa-efecto no siempre se cumple a titulo beneficiente; sé que la relación "bien con bien se paga" depende directamente de la noción que cada uno tiene del "bien"; a veces la depre se presenta y me pasó tiempo incontable repitiéndome oraciones para evitar despegarme demasiado del suelo que piso; siento que no hay más que inútiles esfuerzos por lograr interés en los desinteresados: que estamos en un túnel inmenso avanzando, a paso lento, avanzando, y sé que falta mucho para ver siquiera el puntito al final donde penetra la luz, anunciando el fin de la tormenta...
El camino es rugoso. El camino tal y como lo dimos a conocer, será insufrible, tempestuoso, pero haremos la pelea. Si alguien quiere comprar los volúmenes de presentación de Estigia, Mi hijo, el lobo de Janitzio Villamar y Aires de todo lar, de Rosa María Esquivel, escríbanme, llámenme o pídanlos en su libreria favorita y aunque seguramente no los tendrán, por lo menos les harán saber de la existencia de nuestros volúmenes.
Si alguien del interior de México, en los estados, nos desea ayudar a distribuirlos, a vender uno o dos entre sus gentes, igualmente, intentémoslo, pongámonos en contacto: es sólo cuestión de que hagamos frente común.
Creo que me desvíe un poco. Lo que quería decirles es que a pesar de que tuvimos un retraso al inicio, de que los nervios nos comieron el discurso de arranque a todos y terminamos en media hora, de que nos dejaron pasar al recinto faltando dos minutos para iniciar, de que lograr estacionarse es toda una sucesión de milagros, todo salío bien. Muchas gracias a los asistentes y a todos los que de una u otra forma estuvieron allí. Seguiremos leyendonos aquí, en estas miserables páginas.
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