Lectores

Escribir un post con noches vacías y desnudas es infernal. Hay tantas ideas, tantas situaciones por describir anudadas, llenas de hambre y dolor por salir disparadas en la pantalla, luchando por ganar la atención del tundeteclas. Y hay tantas cosas que además a uno le cuesta trabajo expresar que una vez que se termina, el post sigue viéndose vacío, corto, insuficiente: insulso.

Escribirle a la densidad con humor pesado, negro, atolondrado por pesares y sentimientos de muerte y destrucción, eso no siempre es bueno. Uno puede desviarse fácil y caer en la gracia de los lectores, hartarlos por la carga que uno les avienta sin advertencia, con la soltura con que uno les abre el recoveco oscuro que ellos no conocerían si no se les mostrara, al menos no por un tercero, ¿es correcto que el escribiente realice marchas indefinidas con la pluma en torno a su negro corazón?

La ética habla de no callar, de abrir la puerta y darle dignidad al lector con la misma fuerza que uno quisiera que la tuvieran quienes a la vez leen quienes escriben, es decir, que el karma sea limpio, que se libere de asuntos intempestivos e impersonales, pero, ¿estamos los lectores preparados para ello?

Tarea

Parece de risa pero las circunstancias que rodean todo hecho que en apariencia tiene mucha lógica y sentido común en realidad es donde menos los hubo. En serio, analicen con cuidado: accidentes, catástrofes, películas de cine gringo de medio pelo, discursos y situaciones políticas, escándalos de cualquier nivel, lo que sea... todo lo que se resalta en los tabloides es justamente una colección de sinsentidos y hechos faltos de toda lógica, donde, insisto, debería haberla.

Se los dejo de tarea.

Luna nueva.

En las noches de luna nueva acostumbro no mirar el cielo: de forma invariable me deprimo y el insomnio es seguro visitante en mi lecho. Me atrofian las noches de luna nueva.

Así que hace tiempo decidí hallar qué hacer para solventar el asunto. Comencé a seleccionar diferentes actividades para que el no poder pegar el ojo al menos no fuera ansia y angustia devastadoras. Incluí cine, lecturas, música; incluí escribir y también, por qué no, en ocasiones, adelantar pendientes de la chamba. Ya saben, siempre habrá cosas qué hacer que no se hacen cuando deberían hacerse y que pues tienes que hacer ¿no?

Pero llevo más de veinticinco años haciendo eso: huyendo de las noches de luna nueva, agazapado en las trincheras de mi cama buscando como sobrellevar una maldición inaudita, de la que desconozco su origen y de la que no imagino siquiera cómo diablos podré escapar. He pensado no pocas veces que más que depresión es pánico, horror... una macabra relación de amor en dónde la vorágine que escapa por ese hilito de luz redonda, a manera de eclipse por debajo de la redondez oscura del astro, es en realidad una fuerza hipnótica que deshace toda la lucidez posible en mis ondas neurológicas y de la que no me queda más remedio que subyugarme.

Ardo en incertidumbre. Una ráfaga iridiscente sofoca mi cordura.

Reinvención

Oleadas de mensajes, de sentimientos encontrados, sube y baja emotivo. En ocasiones mi hora más queda se cierra y se escucha a sí misma, murmurando por lo bajito, gritando para sí, pernoctando poco... Pero otras más asciende lenta, desconfiada de los alrededores, dictando reseñas de una o dos o más vidas; cubierta con los rayos del sol cuando calienta suavecito, se agolpa intrépida y atolondra la emancipación de las ideas en circuitos cambiantes de filosofía de tocador.

Arrogante selección de axiomas. Encuentro mi cuaderno abandonado en la banqueta: tiene tu retrato guardado en su memoria y las miles de líneas trazadas sobre él acurrucan miedos y configuraciones de simetrías oscuras. Albricias a la vida. Desperté de la pesadilla homofóbica y ahora irrumpe traviesa la nostalgia avasalladora. Cálculo impreciso.

La música me cobija amable. He blindado las paredes iracundas con sonrisas y enfoque crítico directo al meollo que solicita atención inmediata, furtiva. Seré irreverente conmigo mismo y dócil frente al sistema, enmascarado afrontaré mi audacia y la senectud habré de aguardar con sendas dosis de hipocresía que así convendrá a mis intereses.

Después abrazaré por siempre a mi sombra.

GRACIAS S.M.

Hoy me reencontré conmigo como hacía mucho no lo hacía. Sonreí, lloré, me sentí pisoteado, humillado, omnipotente, desconsolado, eficiente, nostálgico, enamorado, desilusionado, fuerte, débil, tembloroso, amigo, aliado, confidente, galán, observado, triturado, apenado, acongojado, poeta, uno más, odiado, despreciado, torpe, enajenado, enojado, dubitativo, intelectual, importante, prescindible, amado, feliz, ingrato, loco, ignorante, invisible, enfermo, parlanchin, comediante, filósofo, urgido, impuntual, desobediente, lúdico, comprensivo, padre, hijo y espíritu santo.

Gracias a todo eso, me dí cuenta de que no pertenezco a este mundo, de que mi vida está trazada desde hace mucho, pero mucho tiempo atrás y que no puedo escapar de ella, que es muy tarde para mí, que no soy el que quiero ni el que deseo ni siquiera un poco, pero soy el que soy y por fin me atrevo a pararme frente al espejo y no desviar la mirada. Gracias a un gracioso y desafortunado suceso me di cuenta de que ser lo que pretendía ser no se acopla a mí, es decir, la poesía no es mi camino, por más que haya intentado meterla en mis venas durante estos cortos treinta y cinco años que llevo respirando en esta tierra, al menos no por ahora.

No se puede chiflar y comer pinole, dice mi Abuela. Me enfocaré a lo que es prioridad por ahora, trabajo y familia... al fin y al cabo, habrá tiempo para todo y nunca es tarde para enfocarse (que no centrarse) en lo que debe o no hacerse. Gracias hombre sabio, viejo lobo de mar y amigo, a pesar de todo, @eseMendiola...

Y para celebrar, he desempolvado todas las entradas de mi blog antiguo, Pláticas sobre la miseria y las he publicado aquí, en este rincón de un exilio que dejó de serlo hace poco más de medio año, pero sólo de forma física, porque en mi mente hasta hoy dejé de estarlo.

Tengo muchas ganas de llorar, pero eso mis amigos, sólo será hoy y al fin, por fin, de una vez por todas. Hoy les grito a los cuatro vientos en la cara: SOY LIBRE.

Manos frías

Penumbra que me acoge dentro de un círculo roto. Penumbra que me absorbe con las garras afuera, resguardo los suspiros, silencio de palabras. Penumbra que entorpece.

Afuera las ideas llueven y los coloridos trinos se ausentan. Afuera no hay nadie.

Reconocerse al espejo. Los dilemas se escapan. Voy a dejar de mentir: no necesito de la cordura, pero este sentimiento de arriba abajo, de frío y sereno, no es de forma alguna chido.

Alegre maníaco depresivo retrograda irreverente. Sueño con pandas corriendo tras de mí: Muy a mi pesar, las almendras se alejan más cada vez. Almendras idealizadas que añoro pero que imposibles mueren, se marchitan.

Bipolar. Augurio derrotista frente al muro material de condiciones absurdas, filosóficas, sin fondo. Cambiar la estupidez nunca resultó más contrastante.

Inicio el año con la mirada cruda y el cerebro partido en dos.

Tengo frío en las manos.