Escribir un post con noches vacías y desnudas es infernal. Hay tantas ideas, tantas situaciones por describir anudadas, llenas de hambre y dolor por salir disparadas en la pantalla, luchando por ganar la atención del tundeteclas. Y hay tantas cosas que además a uno le cuesta trabajo expresar que una vez que se termina, el post sigue viéndose vacío, corto, insuficiente: insulso.
Escribirle a la densidad con humor pesado, negro, atolondrado por pesares y sentimientos de muerte y destrucción, eso no siempre es bueno. Uno puede desviarse fácil y caer en la gracia de los lectores, hartarlos por la carga que uno les avienta sin advertencia, con la soltura con que uno les abre el recoveco oscuro que ellos no conocerían si no se les mostrara, al menos no por un tercero, ¿es correcto que el escribiente realice marchas indefinidas con la pluma en torno a su negro corazón?
La ética habla de no callar, de abrir la puerta y darle dignidad al lector con la misma fuerza que uno quisiera que la tuvieran quienes a la vez leen quienes escriben, es decir, que el karma sea limpio, que se libere de asuntos intempestivos e impersonales, pero, ¿estamos los lectores preparados para ello?
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